Narrativa docente: “Hilos invisibles: el eco de un aula a través del tiempo”. Formosa

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«Cuando un alumno vuelve para saludarte después de años, te das cuenta de que tu paso por el aula no fue en vano. ¡Qué emoción verte de nuevo!»

«Los caminos se separan, pero las grandes enseñanzas unen a las personas para siempre. Emocionado y agradecido por este reencuentro.»

Hay momentos en la vida de un docente que ningún reconocimiento institucional puede igualar. Son instantes breves, inesperados, capaces de condensar décadas de trabajo silencioso en unos pocos minutos. Eso ocurrió durante el acto conmemorativo del 9 de Julio en la escuela N° 532 “Dr. René Favaloro” de Formosa, capital.

El patio vibraba con el bullicio propio de las fechas patrias. Habían concluido los momentos formales de la ceremonia: las banderas de ceremonia, las palabras alusivas, el eco de los himnos y el incesante movimiento de alumnos, familias y docentes. Llegó esa pausa característica en la que el tiempo escolar parece suspenderse entre el chocolate compartido, los saludos y las conversaciones informales.

Fue entonces cuando un hombre, de unos cincuenta años, se abrió paso entre la multitud y caminó directamente hacia mí.

Se detuvo frente a mí, me observó con atención y formuló una pregunta que siempre moviliza el corazón de cualquier educador: — ¿Me reconoces?

Busqué en su rostro adulto alguna huella de aquel niño que alguna vez había conocido. El tiempo, sin embargo, es un artesano implacable. Con total sinceridad le respondí que no lograba reconocerlo.

Lejos de desanimarse, sonrió con esa mezcla de orgullo, picardía y nostalgia que sólo poseen quienes regresan al lugar donde comenzó una parte importante de sus vidas.

—Fui tu alumno de cuarto grado en la primaria, en San Francisco de Laishí, hace más de treinta años.

En ese instante, el patio de la escuela desapareció por un momento. Mi memoria viajó de inmediato hasta aquella pequeña localidad donde transcurrieron mis primeros años como maestro.

Comenzó entonces a relatar anécdotas de aquella época con una precisión sorprendente. Recordó situaciones cotidianas, nombres, circunstancias y, sobre todo, describió mi manera de enseñar. Habló de gestos, de palabras y de formas de conducir la clase que yo mismo había olvidado.

Mientras lo escuchaba comprendí una de las grandes asimetrías de la docencia.

Aquello que para un maestro suele ser una decisión cotidiana —una explicación, una forma de llamar la atención, una palabra de aliento o un gesto de confianza— puede convertirse para un alumno en un recuerdo que permanece vivo durante toda la vida.

Sin proponérselo, aquel exalumno me devolvía el retrato del docente que había sido en mis comienzos. Entonces ocurrió algo aún más extraordinario.

Un alumno mío del año pasado, Lisandro Martínez, todavía un niño, se acercó para saludarme. El antiguo estudiante-Gustavo Romero- sorprendido por la coincidencia, comenzó a contarle cómo eran aquellas clases de hacía más de tres décadas. Entre risas, describió exactamente la manera en que yo recuperaba la atención con mi voz de mando pedagógico del curso cuando advertía que la concentración comenzaba a dispersarse.

El pequeño Lisandro escuchó atentamente, me observó a mí, volvió a mirar al hombre y sonrió.

Con absoluta naturalidad pronunció una frase que hizo desaparecer treinta años de distancia:

—Hoy sigue siendo exactamente igual.

Aquellas palabras tuvieron la fuerza de una revelación. Durante un instante, el tiempo dejó de existir. El maestro de Laishí y el maestro del presente eran reconocidos como la misma persona por dos alumnos pertenecientes a generaciones completamente distintas.

Habían cambiado los programas, las reformas educativas, las tecnologías, los recursos didácticos y hasta el siglo. Sin embargo, había permanecido intacto aquello que ninguna reforma puede sustituir: una manera de comprender el oficio de enseñar.

La identidad pedagógica.

El encuentro terminó del único modo posible. Los tres nos fundimos en un abrazo.

Alguien, entre el público, capturó ese instante con una fotografía. Pero aquella imagen registró mucho más que tres personas abrazadas en el patio de una escuela. Congeló la prueba silenciosa de que la verdadera enseñanza continúa viviendo en la memoria de quienes alguna vez ocuparon un banco del aula.

Porque las lecciones pueden olvidarse. Los contenidos pueden cambiar. Las metodologías pueden renovarse.

Pero cuando un maestro enseña con convicción, coherencia y afecto, teje hilos invisibles que atraviesan el tiempo y unen generaciones enteras. Ese día comprendí, una vez más, que la tiza se borra del pizarrón, pero jamás del corazón de quienes aprendieron bajo su trazo.

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Acerca de Jose Yorg Ana María Ramírez Zarza 42 Articles
José Yorg: Cursó y se graduó en la carrera “Técnico en Cooperativismo” en la Universidad Nacional de Formosa- UNaF -e inmediatamente impulso la colegiación de sus colegas en una cooperativa denominada TECNICOOP, siendo en la actualidad presidente de la misma. Ha sido Consejero Educativo Departamental (Laishi), Coordinador del Programa de Educación y Desarrollo Cooperativo Escolar-ProDeCoop-Escolar-dependiente del Ministerio de Cultura y Educación de la Provincia de Formosa. Coordinador del Programa de Educación y Desarrollo Cooperativo Escolar-ProDeCoop-Universitario dependiente de la Universidad Nacional de Formosa. Coordinador de la Comisión Académica de Asuntos Cooperativos de la Facultad de Humanidades –UNaF.Cursó y se graduó en la carrera de Licenciatura en Administración en la Facultad de Administración, Economía y Negocios-FAEN- de la Universidad Nacional de Formosa-UNaF. Es miembro de la Red de Investigadores Latinoamericanos de Economía Social y Solidaria-RILESS. Prosigue en Comisión de Servicios de investigación pedagógica desde el Ministerio de Educación de la Provincia de Formosa. Res. N° 0166/23 Consejero Directivo Titular, perteneciente al Claustro de Graduados de la Facultad de Administración, Economía y Negocios-FAEN-UNaF. Res. 377/23-Periodo 1° septiembre de 2023 y el 31 de agosto de 2025. Ana María Ramírez Zarza: Es autora con el Lic. José Yorg de los Diseños Curriculares de Educación Cooperativa y Mutual, oficializados por el Ministerio de Cultura y Educación de la Provincia de Formosa.Cursó y se graduó en la carrera de Contadora Pública en la Facultad de Administración, Economía y Negocios-FAEN- de la Universidad Nacional de Formosa-UNaF.- Obteniendo una medalla de oro “Mención Especial al Mérito Académico” del Vice Gobernador de la Provincia por haberse destacado con tres títulos Universitarios. Es Perito Judicial Técnico en Cooperativismo. Matrícula N° 406 Superior Tribunal de Justicia de la Provincia de Formosa, República Argentina. Obtuvo el Pos-título: “Especialista docente de Nivel Superior en Políticas y Programas Socioeducativos”. Ministerio de Educación de la Nación Argentina.Prosigue en Comisión de Servicios de investigación pedagógica desde el Ministerio de Educación de la Provincia de Formosa. Res. N° 0166/23. Licenciatura en Gestión de Instituciones Educativas. Universidad Blas Pascal. Tesis en estado de elaboración. Se desempeña como docente a cargo de la Cátedra optativa ll Constitución, gestión contable e impositiva de las cooperativas, que se dicta en la Facultad de Administración Encomia y Negocios – FAEN – Universidad Nacional de Formosa.

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