Anabella Díaz «La escritura obliga a pensar: no se puede escribir con claridad sobre algo que no se entendió. Córdoba

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1. Como alfabetizadora: ¿qué es la alfabetización y cuáles son sus niveles?
Alfabetizar no es solamente lo que sucede en primer o segundo grado. Es enseñar a usar la lengua escrita para hacer cosas: comunicarse, informarse, aprender, pensar. Y es un proceso que no termina en primer grado: empieza antes de la escuela y sigue durante toda la escolaridad, porque cada texto nuevo, cada disciplina, exige aprender a leer y a escribir de otra manera.

Para ordenar la idea de niveles me sirve mucho la clasificación de Gordon Wells, que distingue cuatro:

Ejecutivo: dominar el código, es decir, poder pasar de lo escrito a lo oral y viceversa. Decodificar.
Funcional: usar la lectura y la escritura para resolver situaciones de la vida cotidiana: un cartel, un formulario, un mensaje.
Instrumental: usarlas para acceder a información y aprender, que es lo que la escuela pide desde el segundo ciclo en adelante.
Epistémico: usarlas para pensar, para transformar lo que uno sabe. Es cuando escribir un texto te obliga a ordenar una idea que no tenías ordenada. Lo que me preocupa hoy es que muchísima gente, y muchos chicos, se mueven con soltura en el nivel funcional (leen y escriben mensajes todo el día) y eso da la ilusión de una alfabetización completa. Pero el salto al nivel instrumental y al epistémico no se da solo: hay que enseñarlo, y hay que darle tiempo.

2. En la alfabetización, ¿qué papel juega la conciencia fonológica?
Un papel central, y conviene decirlo sin rodeos porque durante años fue casi mala palabra en algunos ámbitos. La conciencia fonológica es la capacidad de darse cuenta de que las palabras están hechas de sonidos y de poder manipularlos: reconocer que “mesa” y “mate” empiezan igual, separar sílabas, identificar el sonido que falta. Sin esa conciencia, el principio alfabético (que cada grafema representa un fonema) no tiene dónde apoyarse. El español, además, nos da una ventaja: es una lengua bastante transparente, con una relación entre grafemas y fonemas mucho más regular que la del inglés o la del francés. Si se enseña de manera explícita y sistemática, la mayoría de los chicos aprende a decodificar en un tiempo razonable.

Ahora, que sea necesaria no quiere decir que sea suficiente. Y tampoco quiere decir volver a la planilla de “ma-me-mi-mo-mu” sin sentido. Se trabaja muy bien con lo que la tradición oral ya nos dio: rimas, adivinanzas, trabalenguas, canciones, juegos de palabras. María Elena Walsh, por ejemplo, es una aliada formidable para eso. Al mismo tiempo, los chicos tienen que estar rodeados de textos completos, escuchar leer en voz alta y escribir desde el principio. No es una cosa o la otra: es las dos cosas, a la vez y con método.

El dato duro lo justifica: según el informe oficial de Aprender 2024, el 3,3% de los chicos de tercer grado solo puede leer palabras con apoyo de imágenes y otro 8,3% apenas logra localizar información muy destacada en textos simples. Es decir, más de uno de cada diez termina el primer ciclo con la lectura apenas iniciada. Ahí hay un problema de base que no se resuelve con buenas intenciones.

3. ¿Qué importancia tienen el contexto social y cultural en la alfabetización?
Muchísima. Un chico que creció con libros en la casa, que escuchó cuentos antes de dormir, que vio a los adultos de su entorno leer y escribir, llega a la escuela con cientos de horas de contacto con lo escrito. Otro llega con casi ninguna. Los dos se sientan en el mismo banco el primer día de clases, pero no parten del mismo lugar.
Los números lo muestran con crudeza. En Aprender 2024, el 62% de los chicos de tercer grado de escuelas privadas alcanza los niveles de lectura más altos; en las estatales, el 39%. Y en las escuelas de nivel socioeconómico más bajo, casi la mitad de los alumnos (44%) queda en los niveles más bajos de desempeño, el triple que en las de nivel alto. Pero quiero ser clara con algo: el contexto explica, no justifica. No puede ser el argumento para bajar las expectativas ni para enseñar menos a quien tiene menos. Al contrario: para muchos chicos la escuela es el único lugar donde alguien les va a leer un libro en voz alta o les va a pedir que escriban un texto completo. Si la escuela no lo hace, no lo hace nadie. Por eso, cuanto más desfavorable el contexto, más enseñanza, más tiempo de lectura y más exigencia, no menos.

4. ¿Qué leen hoy los adolescentes cuando pueden elegir? ¿TikTok e Instagram están funcionando como nuevos prescriptores de lectura?
Sí, funcionan como prescriptores, y sería necio negarlo. El fenómeno BookTok movió las ventas de muchos libros, armó comunidades de lectores (sobre todo de lectoras jóvenes) y logró algo que a los adultos nos cuesta: que leer sea algo que se comparte con pares y no solamente una obligación escolar. Cuando eligen, los adolescentes van mucho hacia la novela romántica, la fantasía, las sagas, el terror, el manga. Bienvenido sea.
Pero hay que mirar el fenómeno completo. Primero, lo que se recomienda en esas redes es un recorte bastante acotado, que se repite: los mismos títulos, los mismos géneros, y libros que se valoran por la reacción que provocan (“me hizo llorar”, “no pude parar”) más que por lo que proponen. Segundo, y esto es lo más importante, los lectores de BookTok son una minoría dentro de los usuarios de esas redes. Lo que la gran mayoría lee en TikTok o en Instagram no son libros: son posteos, subtítulos, comentarios, mensajes.
Y acá quiero discutir una idea que circula mucho: que los chicos de hoy leen más que nunca y que lo único que cambió es el soporte, que antes leían en papel y ahora en pantalla. Ahí hay una falacia. No cambió solamente el soporte: cambió el tipo de texto. Lo que mayoritariamente se lee hoy son textos atomizados, brevísimos, fragmentados, montados sobre imágenes, videos, emojis y audio, que se leen de pasada mientras se hace otra cosa y que se reemplazan por el siguiente con un movimiento del dedo. Eso es leer, sí, pero es otra práctica, que pone en juego otras operaciones y deja de entrenar otras.
Ojo, no idealizo el pasado: la lectura literaria nunca fue una práctica masiva. No hubo una edad de oro en la que todos los adolescentes leían a Cervantes. Pero el adulto promedio de hace treinta años leía el diario, una revista, un manual, textos de cierta extensión, con párrafos y argumentos que se sostenían durante varias páginas. Hoy eso ocupa una porción cada vez más chica del tiempo de lectura. Y si a leer se aprende leyendo, también es cierto que uno se vuelve el lector de lo que lee: si la dieta es de textos de tres renglones, leer un texto de veinte páginas se vuelve cada vez más difícil. Somos lo que leemos.
Un dato que ayuda a pensarlo. Según la Encuesta Nacional de Consumos Culturales, los adolescentes de 13 a 17 años son el grupo con mayor proporción de lectores: el 77% leyó al menos un libro en 2022, contra el 51% del total de la población. Suena muy bien, hasta que se lee la letra chica. El 78% de esos adolescentes lectores leyó por estudio o formación, y solo la mitad por entretenimiento, cuando en la población general el entretenimiento es el motivo de casi ocho de cada diez lectores. Además, la mitad de los adolescentes que leyeron leyó textos escolares o manuales. Es decir, buena parte de esa lectura la sostiene la escuela. Eso no es una mala noticia: es una muestra de que la escuela sigue siendo decisiva, y una razón más para no resignarla.
Y la misma encuesta lo dice con todas las letras: “la caída en la lectura de libros va de la mano del crecimiento de la lectura de nuevos formatos textuales en internet” y “la extensión de los textos y el tiempo exclusivo que exigen a los lectores son signos de la tensión que atraviesa la lectura contemporánea”. No lo digo yo: lo dice el relevamiento oficial.

5. ¿El algoritmo está reemplazando en parte al librero o al docente como recomendador o guía en la lectura?
En parte sí, en el sentido de que compite con ellos por el tiempo y por la autoridad. Pero no hace lo mismo, y conviene tenerlo claro.
El algoritmo te recomienda más de lo que ya te gustó. Está diseñado para que te quedes, no para que crezcas como lector. No te conoce a vos: conoce tu comportamiento. Un buen librero o un buen docente hace casi lo contrario: te propone algo que no sabías que te podía gustar, te acerca un libro que te va a costar, te dice “este todavía no, probá con este otro primero”. Te incomoda un poco. Y en esa incomodidad está buena parte de la formación de un lector.
Por eso no creo que el docente tenga que competir con el algoritmo en su propio terreno, haciendo videos de quince segundos. Lo que tiene que hacer es lo que el algoritmo no puede: leer con los chicos, conversar sobre lo leído, sostener una lectura larga, recomendar a una persona concreta y no a un perfil de consumo. Esa mediación humana es insustituible, y justamente por eso hoy vale más que nunca.

6. En este siglo XXI, ¿cómo hacer una lectura crítica en tiempos de la inmediatez?
La primera respuesta es casi una provocación: desacelerando. La lectura crítica necesita tiempo, y la inmediatez es precisamente la falta de tiempo.
Hay un malentendido frecuente: se confunde “lectura crítica” con opinar rápido sobre lo que uno leyó. Pero no se puede criticar lo que no se entendió. Primero hay que comprender: qué dice el texto, cómo lo dice, qué deja afuera. Recién después se puede preguntar quién habla, desde dónde, para quién, con qué intereses, y contrastar con otras fuentes. Ese recorrido no se hace en el tiempo de un scroll.
En el aula esto se traduce en prácticas bastante concretas, algunas muy viejas y que siguen funcionando: releer; leer en voz alta; leer textos difíciles, porque a leer textos complejos se aprende enfrentándose a textos complejos; comparar dos versiones de un mismo hecho (algo que los profesores de Historia saben hacer muy bien con las fuentes); y, sobre todo, escribir sobre lo leído. La escritura obliga a pensar: no se puede escribir con claridad sobre algo que no se entendió.
Y hoy hay que sumar una cuestión nueva: la inteligencia artificial. Si un estudiante le pide a una IA que le resuma un texto o que le escriba el análisis, se saltea justamente el proceso en el que se aprende. El resultado puede estar bien; el aprendizaje, no ocurrió. La IA puede ser una herramienta útil para quien ya sabe leer y escribir bien; para quien está aprendiendo, puede ser un atajo que lo deja en el mismo lugar.

Gracias Anabella.

Perfil de Anabella Diaz. Anabella Díaz docente de  Argentina, profesora en Lengua y Literatura (UNC) y especialista en lectura, escritura y educación (FLACSO). Secretaria de Educación y Cultura Estanc.Vieja.

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Acerca de Daniela Leiva Seisdedos 1018 Articles
Profesora de Historia en actividad en el aula. Colegios San Cayetano y Nuestra Señora de Lourdes. Personalidad Destacada de la Educación por el Concejo Deliberante de La Plata. Directora de la Revista Educativa El Arcón de Clío. Revista realizada por docentes de Argentina, España, Colombia, México, Uruguay, Venezuela y otros países de Latinoamérica. Ganadora de VI Premios UBA (Universidad Nacional de Buenos Aires) a la difusión de Contenidos educativos en Blogs escolares. Libros publicados: Autora de los Manuales para docentes en Construcción de Ciudadanía 1, 2 y 3. Editorial Alfaomega. Escritos de Mujeres Bolivarenses “Derechos, luchas y conquistas”. Municipalidad de Bolívar – Dirección de Derechos Humanos. Seminarios educativos y Conversatorios en: FEDIAP: ¿Cómo aprenden los que enseñan? UCEMA: “El lenguaje que se escucha en el aula?, Foro Scouts de Argentina “El Trabajo Decente”. Fundación Emocionar, Misiones con La Educación a Distancia sin Distancia. Reconocimineto en España Empoderamiento Femenino y Educativo de Invery Crea España. Editores de Santillana Argentina y España. Experiencia destacada REDEM (Red Educativa Mundial). Reconocimiento en el portal EducAR al trabajo realizado en el blog Clio y sus Secretos. Distinguida por el Diario Clarín entre los 13 docentes del año 2013. Nombrado entre los 10 blogs favoritos. Editores de Santillana España. Talleres Pre Universitario sobre Pensamiento Social en el Colegio San Cayetano, La Plata. Coordinadora del Departamento de Ciencias Sociales colegio San Cayetano de La Plata. En Argentina Publicaciones en: Bolívar Hoy, Cuarto Poder de Formosa, Cinco Días, NCN, Cuarto Poder (Formosa) CadenaBA y El Palomar Diario. Diario Clarín y La Nación notas de opinión. En España publicaciones en las revistas ONLINE Magisterio, INED 21, “Intrahistoria” y “Papel de Periódico”.

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