1. ¿Por qué la profesión docente ha perdido prestigio social?
Mirá, yo soy maestro antes que cualquier otra cosa. Antes que legislador, antes que funcionario. Así que esta pregunta me toca de cerca, y te la voy a contestar sin vueltas: creo que el prestigio se fue perdiendo por varias razones que se fueron sumando, y ninguna por sí sola lo explica.
La primera es bastante obvia: durante décadas el salario docente se fue quedando atrás. Y en una sociedad como la nuestra, cuando una profesión paga poco, el mensaje implícito es que vale poco. Es injusto, pero pasa. Muchos pibes que podrían ser excelentes docentes eligen otra cosa porque no ven ahí un proyecto de vida.
La segunda tiene que ver con un cambio cultural enorme. Hace cincuenta años el maestro era, en muchos barrios y pueblos, la persona que más sabía. Hoy el conocimiento está en el bolsillo de cualquiera. Eso no hace al docente menos necesario, al contrario, pero sí le cambió el lugar, y la sociedad todavía no terminó de entender cuál es ese nuevo lugar.
La tercera, y acá me hago cargo como parte del sistema, es que durante mucho tiempo no construimos una verdadera carrera profesional. Lo viví de cerca cuando estuve al frente de Carrera Docente en la Ciudad: un docente podía estar treinta años haciendo un trabajo extraordinario o uno mediocre y, en la práctica, avanzaba casi igual. Cuando no se reconoce el esfuerzo, el que se esfuerza se cansa. Y la cuarta, que me parece que hay que decirla, es que la conflictividad permanente también desgastó la imagen. Las familias que se quedan con los chicos en casa una y otra vez terminan asociando escuela con problema. No digo que los reclamos no sean legítimos, muchas veces lo son, pero hay que encontrar otras formas.
¿Cómo se recupera? Con buena formación inicial, con exigencia, con salarios acodes y con una carrera que premie a los que enseñan bien y a los que se siguen formando. El prestigio no se decreta: se construye cuando la sociedad ve que los chicos aprenden. Y para eso el docente tiene que estar en el centro.
2. ¿Cuáles son los cambios principales de la reforma de la escuela secundaria que está en marcha en CABA? ¿Qué se diferencia de los planes de estudio anteriores?
La reforma se llama Secundaria Aprende y es parte del plan Buenos Aires Aprende. Arrancó en 2025 con 33 escuelas pioneras, estatales y privadas, que se sumaron de manera voluntaria, y este año se incorporaron 90 escuelas más. Es una transformación gradual, y está bien que sea así: en educación los cambios de un día para el otro no funcionan.
Lo primero que conviene aclarar, porque genera mucha confusión: no se cambió el diseño curricular. Los contenidos siguen siendo los de la Nueva Escuela Secundaria, que está vigente desde 2015. Tampoco se tocó el Estatuto del Docente. Lo que cambia es el formato de la escuela, la forma en que se organiza la enseñanza y el trabajo de los profesores. La reforma se apoya en cuatro ideas: integración de los aprendizajes, desarrollo de capacidades, avance continuo y autonomía de los estudiantes. Bajado a tierra, ¿qué significa? Algunas cosas concretas:
Primero, se terminan las previas. Los chicos siguen avanzando con su grupo, pero en cada materia van progresando por niveles, y no avanzan si no aprendieron. Es un cambio muy grande respecto del modelo de siempre, donde un pibe podía pasar de año arrastrando materias que nunca terminaba de rendir, y muchas veces ahí empezaba el abandono.
Segundo, el profesor por cargo. Antes de la reforma, en las escuelas pioneras apenas un 9% de los docentes trabajaba a tiempo completo en la escuela. El famoso “docente taxi”, que corre de una escuela a otra y no conoce a sus alumnos por el nombre. Ahora la idea es que los profes concentren sus horas en una misma institución y tengan horas institucionales para planificar con colegas, reunirse y recibir a los chicos.
Tercero, más trabajo integrado entre materias, con proyectos y talleres, y un foco muy fuerte en el bienestar socioemocional de los estudiantes, que hoy es una de las grandes preocupaciones de las escuelas.
Te soy honesto: no es una reforma sin discusión. Hay docentes y gremios que tienen dudas, sobre todo por el reordenamiento de los planteles y las condiciones de trabajo, y esas dudas hay que escucharlas. Desde la Comisión de Educación de la Legislatura seguimos de cerca la implementación justamente para eso. Pero creo que el rumbo es el correcto: una secundaria pensada para que los chicos aprendan, no solo para que aprueben.
3. ¿La educación que sobrevivirá a la inteligencia artificial?
Me encanta esta pregunta porque es la que nos tenemos que estar haciendo todos. Y te diría que la educación que va a sobrevivir es, paradójicamente, la más humana. La inteligencia artificial ya hace muy bien un montón de cosas que la escuela tradicional premiaba: repetir información, resumir, resolver ejercicios mecánicos. Si la escuela sigue evaluando eso, va a quedar vieja muy rápido. Un chico con un celular te hace el trabajo práctico en dos minutos.
Entonces, ¿qué sobrevive? Lo que la máquina no puede hacer por vos. Pensar con criterio propio. Hacerse buenas preguntas. Distinguir una información confiable de una que no lo es. Argumentar, escuchar al otro, trabajar en equipo, crear algo nuevo. Y algo que para mí es central: leer y escribir bien. Porque para usar bien una herramienta como la IA, primero tenés que saber qué pedirle y darte cuenta cuando te está diciendo cualquier cosa.
Y sobrevive el vínculo. Ninguna tecnología reemplaza a un buen docente que mira a un chico, se da cuenta de que algo le pasa y lo acompaña. Eso es irremplazable. Ojo, no estoy diciendo que haya que darle la espalda a la tecnología. Todo lo contrario.
En la Legislatura venimos trabajando proyectos sobre inteligencia artificial en las escuelas, porque los chicos ya la usan y la escuela no puede mirar para otro lado. Hay que enseñar a usarla con sentido pedagógico, con ética y con límites claros. La IA tiene que ser una herramienta para aprender más, no un atajo para dejar de pensar.
4. ¿Qué importancia tiene la autoestima en el desarrollo de la inteligencia emocional y el aprendizaje escolar?
Muchísima. Cualquiera que haya estado frente a un aula lo sabe: un chico que cree que no puede, en general no puede. Y no porque le falte capacidad, sino porque ya se rindió antes de empezar.
La autoestima es la base sobre la que se construye todo lo demás. Un estudiante que confía en sí mismo se anima a preguntar, se anima a equivocarse, se anima a intentar de nuevo. Y aprender es exactamente eso: equivocarse, corregir y volver a intentar. Si un pibe vive el error como una humillación, va a hacer todo lo posible por esconderlo, y lo que escondés no lo aprendés.
Con la inteligencia emocional pasa algo parecido. Reconocer lo que sentís, manejar la frustración, ponerte en el lugar del otro: todo eso es mucho más difícil si no tenés una base de seguridad en vos mismo.
Ahora, quiero ser claro en algo, porque a veces se malinterpreta: autoestima no es decirle a todo el mundo que todo está bien. La autoestima sólida no nace del elogio vacío, nace de los logros reales. Cuando un chico que no podía leer bien empieza a leer, cuando entiende un problema de matemática que le costaba, eso le da una confianza que ningún “qué bien que lo hiciste” regalado le va a dar. Por eso la exigencia y el cuidado no son opuestos: van juntos. Y acá el rol del docente es enorme. Muchos de nosotros tenemos un maestro o una maestra que en algún momento creyó en nosotros cuando ni nosotros creíamos. Eso te puede cambiar la vida. Por eso insisto tanto en que el bienestar socioemocional tiene que estar en el centro de la escuela, no como un tema aparte, sino como parte
de la forma de enseñar.
5. ¿Existe la burocracia laboral docente? Si es así, ¿qué medidas tomaría usted o qué medidas se han tomado en CABA?
Sí, existe, y cualquier docente te lo va a confirmar en dos segundos. Planillas, informes, pero con el proceso de digitalización y trabajo en línea que lleva adelante el Ministerio mejoró muchísimo. Por ejemplo, la DDJJ anual se realiza en formato digital mucho más ágil.
¿Qué se está haciendo y qué haría yo? Te nombro algunas cosas. Una muy concreta es la que trae Secundaria Aprende con el profesor por cargo: cuando un docente concentra sus horas en una sola escuela, se le simplifica muchísimo la vida. No tiene que correr entre tres o cuatro instituciones, con tres o cuatro equipos directivos distintos y tres o cuatro juegos de papeles. Y además tiene horas institucionales pagas para planificar y trabajar con sus colegas, que antes hacía en su casa y gratis.
Otra es la digitalización de trámites. Todavía hay mucho que avanzar, pero el objetivo tiene que ser que el docente cargue un dato una sola vez y que el sistema lo use para todo lo que necesite. Y la tercera, que para mí es la más importante, es un cambio de mirada: cada vez que se le pide algo a una escuela, hay que preguntarse para qué sirve y quién lo va a usar. Si nadie lo va a leer, no se pide. Parece sencillo, pero es una revolución.
6. ¿Hay coordinación entre los contenidos de la educación secundaria y la universitaria? ¿No cree que muchas fallas en la coordinación se deben a no saber trabajar cooperativamente entre los niveles?
Te contesto rápido la primera: no, no hay la coordinación que debería haber. Y en la segunda tenés mucha razón. Durante mi paso por la Universidad de la Ciudad me tocó ver los dos lados del mostrador, y lo que se repite es que cada nivel mira al otro con desconfianza. La universidad dice “los chicos llegan sin saber leer un texto académico”. La secundaria dice “la universidad no tiene idea de con qué chicos trabajamos”. Y los dos tienen parte de razón, pero así no se arregla nada. Mientras nos pasamos la pelota, el que queda en el medio es el estudiante. El problema no es solo de contenidos. Es de culturas institucionales distintas que casi nunca se sientan a trabajar juntas. Los profesores de secundaria y los de universidad no se conocen, no comparten información y no planifican en conjunto. Cada uno hace lo suyo en su casillero.
¿Qué se puede hacer? Hay experiencias muy buenas. Por ejemplo, que en los últimos años de la secundaria los chicos tengan contacto real con la vida universitaria: talleres, cursos cortos, materias que después se les reconozcan. O que docentes de los dos niveles armen juntos propuestas para ese momento de pasaje, que es justamente donde más chicos se pierden. Y algo que parece obvio pero no se hace: que la universidad le cuente a las escuelas qué dificultades ve en los ingresantes, y que las escuelas puedan usar esa información para mejorar. La articulación no se logra con un decreto. Se logra con gente que se sienta en la misma mesa y deja de pensar en “mi nivel” para pensar en la trayectoria completa del estudiante. Esa es la mirada que tenemos que instalar.
7. ¿Es la educación secundaria el principal problema por el cual los alumnos se hacen crónicos en las universidades, tienen deficiente nivel académico o terminan abandonando?
Es una parte muy importante del problema, pero no es la única, y me parece injusto cargarle toda la responsabilidad.
Vamos por partes. Es verdad que muchos chicos terminan la secundaria sin los aprendizajes básicos que necesitarían. Las evaluaciones nacionales lo vienen mostrando hace años, sobre todo en Matemática y en comprensión lectora. Si un estudiante llega a la universidad sin poder leer con soltura un texto complejo o sin
manejar herramientas básicas de matemática, arranca con una mochila muy pesada. Eso es real y la secundaria tiene que hacerse cargo. Por eso estamos empujando cambios como Secundaria Aprende. Pero si miramos con honestidad, el problema empieza antes. Un chico que no se alfabetizó bien en primer grado arrastra esa dificultad toda su escolaridad. Por eso insisto tanto con la alfabetización inicial: es la base de todo lo demás.
Y también hay responsabilidades de la propia universidad. El primer año es un momento crítico, y muchas veces los estudiantes se encuentran solos, sin acompañamiento, en un sistema que no conocen. Además, hay muchísimos chicos que estudian y trabajan al mismo tiempo, o que eligieron una carrera sin demasiada orientación y se dan cuenta tarde de que no era lo suyo. Nada de eso es culpa de la secundaria.
Entonces, mi respuesta es: la secundaria es una pieza clave, pero esto es una cadena. Si queremos que los chicos se reciban, y que se reciban bien, tenemos que trabajar en todos los eslabones a la vez: alfabetización temprana, una secundaria que enseñe de verdad, una mejor articulación entre niveles y universidades que acompañen. Buscar un solo culpable es cómodo, pero no resuelve el problema.
Gracias Sergio.
Perfil de Sergio Sergio Siciliano maestro, profesor y licenciado en Ciencias de la Educación. Magister en educación. Legislador de la Ciudad de Buenos Aires. Ex Subsecretario de Educación en la Provincia de Buenos Aires entre 2015 y 2019.Entre 2019 y 2023, representé a la quinta sección electoral de la provincia de Buenos Aires. Publiqué mi libro «Los cambios que cambian».
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