1. ¿Puede el uso de la IA generar una sobredependencia tecnológica en las capacidades del estudiante?
Es difícil dar una respuesta definitiva, porque todavía es muy pronto para evaluar con certeza si el uso intensivo de la IA generativa puede generar una sobredependencia tecnológica en las capacidades del estudiante (e incluso de los y las profes). Es un tema que nos está preocupando a casi todas las personas que usamos IA en nuestra vida cotidiana. “¿Me voy a olvidar cómo se hace esto si dejo de hacerlo?” Esta pregunta, que surge en distintos ámbitos, nos obliga a reflexionar sobre el papel que queremos darle a esta tecnología en los procesos de aprendizaje.
El riesgo de una sobredependencia existe, pero no creo que sea inherente a la IAG, sino a cómo se la incorpora en los procesos educativos. Si las herramientas de IAG se presentan como mecanismos que «piensan por el o la estudiante», es probable que fomentemos un modelo de aprendizaje basado en la delegación y no en la construcción activa del conocimiento. La pregunta clave es: ¿cómo evitamos que el estudiantado reemplace el desarrollo de habilidades cognitivas por la simple consulta a una IA?
No podemos desconocer que la IA está transformando el acceso a la información. Hoy podemos generar respuestas en segundos, reescribir textos con un par de clics y obtener explicaciones detalladas sobre cualquier tema sin necesidad de revisar múltiples fuentes. Pero si no trabajamos sobre la metacognición, es decir, sobre la capacidad de reflexionar sobre el propio aprendizaje, el riesgo es que esta facilidad conduzca a una dependencia pasiva, donde la IAG no es un asistente para el pensamiento, sino un sustituto de él.
Ahora bien, esta preocupación no es nueva. Hace poco escuchaba a Mariana Landau decir que a lo largo de la historia, cada avance tecnológico ha generado preguntas sobre qué habilidades podrían debilitarse o volverse obsoletas. Cuando surgieron las calculadoras, muchos temían que los estudiantes olvidaran cómo hacer cálculos básicos. Creo que la diferencia hoy es la velocidad y la escala de la automatización: la IAG no solo asiste en tareas puntuales, sino que está comenzando a intervenir en procesos más complejos, como la producción de ideas o la argumentación.
Creo que la decisión a tomar hoy no es prohibir la IAG, sino enseñar a interactuar con ella desde una postura crítica. Lo que muchos estamos haciendo desde 2023, al menos. Esto implica desarrollar en los estudiantes habilidades para cuestionar las respuestas generadas, identificar sesgos, contrastar, chequear información y utilizar la IAG como un punto de partida y no como un producto final. Junto a Mariana Ferrarelli venimos trabajando el uso de la IAG como gemelos generativos, específicamente en formación docente. La IAG podría ser una herramienta que amplíe las posibilidades. Pero para que esto ocurra, necesitamos seguir investigando, experimentando y, sobre todo, preguntarnos qué queremos preservar y fortalecer en nuestra relación con el conocimiento.
Por último, una frase para usted o comentario sobre la educación que le haya impactado últimamente. Si tiene algún proyecto, lo puede mencionar.
Una idea que me ha resonado mucho últimamente la leí en un artículo reciente de Miriam Kap y Carina Lion en la revista Trayectorias Universitarias de la UNLP (2024), donde plantean la necesidad de superar el binomio oportunidad-amenaza al pensar la integración de la IA en la educación. Su lectura refuerza la idea sobre la no neutralidad de las tecnologías que portan modelos políticos, sociales, económicos y cognitivos que influyen en nuestras formas de conocer, enseñar e incluso de habitar el mundo. No se trata solo de adoptar o rechazar estas herramientas, sino de comprender las decisiones pedagógicas e institucionales que atraviesan su incorporación y de qué manera reconfiguran los procesos de enseñanza y aprendizaje.
Actualmente, mi interés en el marco de mi investigación doctoral es analizar cómo la integración de la IAG en la educación superior puede abordarse desde una perspectiva ética y crítica. Me interesa especialmente cómo estas tecnologías inciden en las dinámicas institucionales, y qué tipo de competencias y habilidades necesitamos desarrollar para que la IAG no sea solo una herramienta funcional, sino un objeto de reflexión pedagógica.
Más allá de los avances tecnológicos, creo que el gran desafío sigue siendo humanizar la enseñanza en un mundo donde la automatización es cada vez más predominante. Creo que la pregunta no es si la IAG va a transformar la educación, sino cómo nos aseguramos de que esa transformación esté alineada con los valores y propósitos que queremos para la formación de las nuevas generaciones. No se trata solo de integrar la IAG en las aulas, en las prácticas de enseñanza o en instancias de evaluación, sino de preguntarnos qué tipo de aprendizaje queremos fomentar y qué rol le damos a la inteligencia humana en este nuevo escenario. En este sentido, la formación docente y el diálogo interdisciplinario son claves para garantizar que la IA se convierta en una herramienta que amplíe posibilidades en lugar de reforzar desigualdades o automatizar prácticas sin reflexión.
Gracias Natalia. Perfil de Natalia Corvalán. Docente. Magíster en Comunicación Digital Interactiva por la Universidad Nacional de Rosario, especialista en Educación y Nuevas Tecnologías (FLACSO) y profesora licenciada en Ciencias de la Comunicación Social (UBA). Su carrera profesional está orientada al campo de la educomunicación digital. Ejerce la docencia en instituciones educativas de Nivel Secundario y Superior. Es consultora tecnopedagógica. https://independent.academia.edu/NataliaCorval%C3%A1n4
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