En los últimos años, cual moda impuesta y mas alla de la importancia de que en las escuelas se incluya a los «pueblos originarios» en el calendario oficial del 9 de Julio, vemos (y sufrimos como pueblo Nación Indígena e increíblemente en la Provincia de La Pampa, ni hablar de las otras) el brutal desconocimiento de parte de los docentes responsables de los actos en el que «se incluyen a los originarios» con algún que otro «bailecito coya» (que nada tiene que ver con los ranqueles) o adornando con figuras marginales sacadas de Pinterest a alumnos cuyas «seños» caracterizan de manera bizarra con camiseta de arpillera, guardas pampas de goma eva pegadas con La Gotita y una vincha rematada con plumas de cartulina color flúor, ubicándolos bien calladitos al costadito de los «señores coloniales» ¿arriba del escenario?…si, pero onda…»que los indios se vean mucho, pero de ser posible, por una cuestión de estetica eh, nada personal…que se noten poco, «vistes»?…».
¿Cuál es la verdadera razón de tal sinrazón?
EL TOTAL DESCONOCIMIENTO DE GRAN PARTE DE LA POBLACIÓN Y DEL CUERPO DOCENTE DE LA VERDADERA HISTORIA, DE LOS CONTEXTOS POLÍTICOS Y DE CUALES, DE COMO Y DE QUE MANERA LOS RANKELES FUERON ATRAVESADOS POR LA MISMA…(peor aún, si solo basta un «click» para que el internet y la IA te tire toda la data al asador con salmuera incluída, léase: el ChatGPT te haga todo el trabajo para que lo leas y/o lo imprimas y por ende lo enseñes…pero, es más fácil hacer lo facil, no leer, no estudiar, no comprender la historia y de ser posible que el acto pase rápido, que «la Dire nos felicite por los indiecitos», irnos urgente a comprar la porción de locro del Club y sentarnos frente a la caja boba mientras Netflix nos bombardea con la última serie o llegar urgente a casa para hacer los bolsos con las últimas pilchas que compré en TEMU para envidia de mis «amiguis» y viajar el finde a reventar la mitad del aguinaldo con les «chiquis».
¿La patria?…¿Y la patria…?
-¿La patria? y bueno…bien che!..no jodas, ya cumplí con la patria, cante el himno en el acto y.¿que más? ah, compré la nueva bandera de Argentina que es más brillante, para el partido que viene ¿vistes?…no me mires así, je!
-Te hablo con respecto al cuadro alegórico del acto, ¿y los indios? ¿para que los hiciste subir al escenario si no los hiciste actuar?, pobres chicos, ni hablaron, ¿para que los pusiste, estaban de adorno?
-…y bueno…para incluir, no se, bue ma’ si!…si los indios ni sabían que pasó ese 9 de Julio ¡jajaja!…bueno, te dejo «loqui» que ya terminó mi día, bye, muá…muá!.
Lo peor de todo, es que ni sintetizando se puede tomar la verdadera dimensión de algo tan común en nuestros días y estamos seguros que más de un/a docente se reirá al verse tristemente representado en este estado en el que el supino desconocimiento rige y conforma al agente pedagógico actual ¡patético y lamentable!
¿Fué tan así que los indios ranqueles no tenían la menor idea de lo que ocurría en esos días…?
Primero, hay que recordar que en 1816 convergieron dos hechos fundamentales para la historia nacional: la Declaración de la Independencia y la organización final del plan de guerra de José de San Martín (que sería el garante de esa independencia y la llevaría más allá de las Provincias Unidas).
Mientras tanto, aquí en las pampas (cerquita nomás de Telén y para ser más exactos, en sus tolderías de Marivil) tal contexto no le era ajeno al Cacique ranquel Carripilun, Jefe informado si los había por ese entonces y rodeado de un séquito de informantes con muy buena llegada a los parroquianos revolucionarios de Buenos Aires, Córdoba y Mendoza, éstos necesitaban si o si de los Rankülches para frenar el drenaje de espías realistas (indios y cristianos) que atravesaban la cordillera para contrabandear, obtener datos, influenciar en algunas parcialidades para que debiliten las tropas y los recursos provinciales con malones y sobre todo incursionar cada vez que se pudiera sobre las estancias de frontera (como en todo tiempo, existía la inevitable política y los bandidos partidarios de uno y otro bando), Carripilun ya había pactado extraoficialmente con los principales patriotas en vigilar y castigar tal pillaje que se tornaba común al promediar 1814 con las definiciones armadas en Chile entre el ejército independentista local y las huestes realistas, ya para 1816 los vencidos en la masacre de Rancagua (los Hermanos Carrera y aquellas tribus acólitas de perfil independentista) ya habían cruzado para estas tierras ante la «guerra a muerte» que se avecinaba y como era natural, el territorio Rankel sufría el nuevo mote de «zona de refugio» de Jefes y de mucho gentio trasandino que seguía cruzando y que no era fácil de reacomodar en materia de aguadas y de pasturas, recreándose no pocos conflictos con Caciques propios y ancestrales de estos lares, tal es el caso de algunas familias que provenientes de Rancagua en su paso por San Luis, se desviaron para el sur y se establecieron cerca de los toldos de Carrepan o de la gente de Pablo Levnopán, la de Toriano u otros voroganos que se adentraron a las antiguas tierras de los Calelianes y de los descendientes del viejo Toroñán, asentándose compulsivamente en ellas (todos bajo el Cacicato de Carripilun) el cual recibía las continuas quejas de sus Caciquillos menores y debía conformar con obsequios y ciertos detalles a fin de reacomodar el tablero de forma diaria y aplacar a duras penas las lanzas de sus hombres que ya a esa altura se afilaban por todos los rincones ante la llegada de mas contingentes que, ocupaban aguadas y ahora con más confianza se «apoderaban» de ciertos derechos ajenos amenazando por ejemplo el gran negocio que significaba la sal para los rankülches (no hay que olvidarse que Salinas Grandes era de enorme importancia económica para los Rankeles que para ese entonces, bajo el mando de Carripilun, regenteaban sus principales súbditos: Payllatur, Antiman, Calu, Victoriano, Quinteleu, Payllain, Guaquinil, Quilán (Quelián), Milba, Catreu, Millapue, Coronado (abuelo de quién será uno de los principales caciques del Siglo XIX, Ramón Cabral «EL Platero») y el sagaz Currilipay, como también de la comercialización alternada de la misma con otras provincias independientemente del negocio con Buenos Aires, todo este comercio se constituia en el reconocimiento de Carripilun como «Jefe supremo de todas las pampas» (por ancestral herencia familiar maternal de sus parientes los Calelianes y antaño de los pampas de Mayupilquiyá) y por consiguiente también de Salinas Grandes, (que amén de su reconocido dominio sobre las mismas, tenía la legalidad del Gobierno en base al tratado firmado el 11 de Octubre de 1811 entre Antonio Chiclana en nombre del Triunvirato y su enviado el Cacique Epumer junto a su hijo Evinguanao y otros comisionados).
En medio de tal situación en la que en Chile los realistas se reforzaban amenazando con terminar el sueño de una tierra soberana y destruir lo logrado, las Provincias Unidas se juntaron para decidir realmente que hacer y así es como se llega al 9 de julio de 1816 en que los representantes firmaron la Declaración de la Independencia de las Provincias Unidas en Sudamérica y la afirmación de la voluntad de «investirse del alto carácter de una nación libre e independiente del rey Fernando VII, sus sucesores y metrópoli» y «de toda otra dominación extranjera». De este modo, después del proceso político iniciado con la Revolución de Mayo de 1810, se asumió por primera vez una manifiesta voluntad de emancipación.
Mientras tanto, San Martín preparaba en Cuyo al ejército que cruzaría Los Andes, éste esperaba impaciente que el congreso reunido en Tucumán proclamara la Independencia, lo necesitaba si o si y estas necesidades, como la complejidad política en ese invierno de 1816 no era ajena a las tolderías del Jefe Carripilun, el contexto era de suma tensión, a la par de la problemática de los voroganos recién llegados a las pampas se le sumaba que algunos de éstos y otros sureños trasandinos ya empezaban a maloquear y a robar de manera sangrienta en algunas estancias y poblaciones orilleras en el que las víctimas no distinguían el color de la camiseta, culpando en muchos casos tanto víctimas como victimarios a los propios rankülches, que encima de acobijarlos pagaban culpas ajenas.
La proclama de la Independencia (que en esa época se publicó aparte de español, también en quechua y aimará dejando entrever la incorporación de los pueblos en este proceso) fué informada a la gente de Telén.
Se sabe con certeza que luego de que a Córdoba llegaran tales noticias, a principios de Octubre de ese año en las tolderías de Marivil ya se tenía conocimiento de tal gesta, así lo demuestran ciertos registros e intercambios.
Carripilun, manifestó al Gobierno de Córdoba «su capacidad de movilización de lanzas para defender la nueva patria libre de cimarrones y de sumarse a las tropas que cruzarían a Chile», ofrecimiento que fué reconocido y agradecido meses mas tarde por San Martín, pero que solo se cumplió en lo convenido en la pesquisa y búsqueda por los campos de españoles fugados (urgente y alocada busqueda en colaboración con indios de Ñeycuñan y de su pariente Goyco) y en materia de caballada aportada en vísperas del cruce de los Andes (importante tropa de caballos ranquelinos llevados hasta San Carlos por su enviado el capitanejo Colotripai mas cinco personas de estrecha confianza de Carripilun para reforzar el arreo de Don Ramón Freire, ranqueles anónimos que a la orden del Brigadier Don Enriquez Martinez allá en los Cerros contiguos al Río, Lircay, harán gloria junto a paisanos chilenos, al dar el aviso a los jefes patriotas del movimiento realista en la plaza de Talca aún a costa de sus vidas, evitando asi un desastre mayor en Cancha Rayada).
A lo largo de los años siguientes, los Ranqueles serán protagonistas en el proceso que siguió a ese 9 de Julio de 1816 (así lo dejan entrever varios encuentros de delegaciones, ciertas y curiosas misivas y el tratado firmado en 1819 entre el propio Cacique Carripilun y Feliciano Chiclana en representación del Directorio del Río de La Plata en Chranantué), como de diferentes acciones de considerarse parte de un especial y demarcado territorio, con una independencia y un manejo político propio frente a lo que vendría con la posterior disgregación política de las provincias luego de ese primer estado fallido, épocas de graves consecuencias para nuestro pueblo Nación Rankül, años de violencia, sangre y muerte que a lo largo del tiempo significó un antes y un después para generaciones posteriores y de sus memorias familiares.
En honor a ello, a todo lo vivido, bien valdría de parte de la órbita escolar en general en este 9 de Julio aunque sea un mísero minuto de silencio, es preferible a la memoria el supremo silencio de alumnos, docentes y público, a un estrepitoso carnavalito-tecno puesto al máximo volumen onda «Made in bailando por un sueño» (con cotillón carioca y mucha selfie de las ansiosas «mamis» y «seños» para mover la única y verdadera razón de sus vidas: sus redes sociales) que en nada representa a nuestra cultura ranquel, mamüllche, ni al supremo y callado sacrificio de nuestros gloriosos ancestros.
Tal vez así llegue el día, en que los que hoy, tan solo siendo niños educandos, sean en el futuro aquellos adultos mayores orgullosos de pertenecer a un país diverso y de haber sido paridos en una historia absoluta y ricamente identitaria.
Empero, de seguir como estamos, ya sea como argentinos memoriosos o como individuos con raíz e historia alguna, no tenemos duda en absoluto que habremos desaparecido.
Fuente Nación Ranquel en Faceboock
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