La disciplina no es castigo, estoy de acuerdo con la Directora de la escuela que actuó así con los alumnos. El populismo educativo nos dejó huérfanos de autoridad, las autoridades cómplices.
Se eliminó la disciplina como contenido. Lamentablemente no existe ninguna jurisdicción que haya hecho lo que hay que hacer en educación y el valor del trabajo docente.
La Directora es ¿Violenta? El alumno estaba tirándole el banco encima y no era la primera vez. Realmente lamentables los medios legitimando la pérdida de autoridad de un docente, hay que estar, hartos de estos ejemplos de alumnos que piensan que por ganar unos pocos pesos tenemos que aguantar todo.
Los docentes estamos atados de manos, y además nadie se hace cargo de la disciplina y violencia que nos pasa en el aula. Solos, estamos solos en el aula.
La autoridad no es para los arrogantes, los que no reconocen sus obligaciones, la autoridad es arte del contrato social que tenemos todos los seres humanos que queremos vivir en una sociedad democrática, que nos respetemos entre todos. En el proceso de enseñanza-aprendizaje que ejercemos en el aula está aprender a convivir con la autoridad porque esta se convierte en un elemento de la educación. Los chicos son así porque los padres lo permiten. Ya desde jardín se ve la locura de los padres que apañan las conductas mal educadas y por ende mal aprendidas de sus hijos. Hay que educar sobre el respeto a la autoridad .
La autoridad docente no se puede separar de otros conceptos y jaquea hoy en día la profesión de los docentes. Autoridad viene del latín auctoritas y significa calidad de autor.
La ausencia de valores que se viven en las familias y la sociedad ayudado por la decadencia que ha tenido la figura de la familia tal como la conocíamos y que nos cuesta encaminarnos a ese nuevo concepto genera la falta de reconocimiento de la figura del docente porque se ha desvirtuado el concepto del respeto, se ha hecho un concepto relativo, de que todo da lo mismo; hay un tango en Argentina que se llama Cambalche en donde dice “todo es igual nada es mejor, lo mismo un burro que un gran profesor,” y pedimos muchas veces como solución un mayor reconocimiento social y un reforzamiento de su autoridad. Autoridad es dignidad, y es dignidad está en la parte laboral; nuestro trabajo es digno que multiplica dignidad. Hay alumnos que parecen desconocer las reglas elementales de convivencia porque no saben que es, no lo traen desde el hogar.
La docencia es un oficio que requiere reconocimiento y respeto, para eso los docentes necesitamos entre otras cosas autoridad. Uno de los requisitos para tener autoridad es que tenemos saber nuestro trabajo, el saber es fundamental. Recordar que el respeto, el reconocimiento no se puede imponer ni obligar, eso genera autoritarismo y es ilegal porque nadie está obligado a obedecer. Los especialistas coinciden: pocas cosas debilitan más la autoridad docente que las críticas o descalificaciones de los padres. Dr. Emilio Tenti Fanfani dice: “En el origen de los sistemas educativos modernos, la autoridad del maestro se afirmaba también como una especie de “efecto de institución”.
La autoridad del maestro, condición necesaria para el aprendizaje, no existe como cualidad innata, se construye.
En la escuela y en educación siempre discutimos sobre la autoridad, el mundo discute sobre autoridad debemos también tener en cuenta que antes por el solo hecho de ser adulto era el único elemento para considerarse con autoridad, el mundo cambio porque tenemos más derechos pero no supimos aprender las obligaciones, nos quedamos rengos.
Algunos educadores con nuevas teorías, en donde muchas veces trastocan las funciones de ser docente piensan que la autoridad es incompatible con la educación, por eso se cree en el dejar hacer, en esa libertad mal aprendida que crea libertinaje al hacerse los docentes “amigos” de sus alumnos y a mí me gustan las cosas claras padres es padre no amigo y docente es docente y no amigo, no me gusta lo difuso, podemos guiar, ayudar, etc. pero no somos amigos y luego caigo sobres mis pensamientos y me llama poderosamente la atención comprobar cómo ante ciertas circunstancias la autoridad es reclamada e incluso exigida, en fin el síntoma de “las papas que queman” y es ahí cuando empezamos a desparramar culpas y no asumimos nuestros errores.
Evidentemente la agenda es destruir lo poco que queda en pie, la escuela.
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