8 de septiembre: Día Internacional de la Alfabetización

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Alfabetizar no es volver a empezar: una segunda oportunidad para leer, escribir y transformar el mundo

Hay fechas que invitan a la celebración.
Y hay fechas que, además, nos invitan a preguntarnos qué estamos haciendo. El 8 de septiembre, es una de ellas.
Cuando hablamos de alfabetización en la Educación Permanente de Jóvenes y Adultos, no podemos reducirla a enseñar letras, palabras, números o cálculos.

Porque una persona joven o adulta que comienza a leer y escribir no comienza a aprender. Llega a la escuela con una historia. Con experiencias. Con saberes construidos en el trabajo, en la familia, en el barrio, en la comunidad y en las decisiones que tuvo que tomar a lo largo de su vida.

Puede no leer convencionalmente una palabra escrita y, sin embargo, saber interpretar una situación laboral, administrar un ingreso familiar, orientarse en su territorio, cuidar a otros, producir, organizar, negociar, tomar decisiones y construir estrategias para vivir. No llega vacío.

Y reconocerlo constituye uno de los puntos centrales para pensar una alfabetización verdaderamente destinada a jóvenes y adultos.

Alfabetizar desde la vida, no contra la vida. La Resolución CFE N.º 118/10 y los Lineamientos Curriculares de EPJA plantean una concepción de alfabetización que excede la adquisición de habilidades instrumentales.

La propuesta curricular recupera la vida cotidiana, el contexto sociocultural y económico, los intereses y las expectativas de los estudiantes, integrando sus saberes con los conocimientos escolares. También vincula la formación con la Lengua, la Matemática, las ciencias y las tecnologías de la información y la comunicación.

Esta concepción es fundamental.Porque significa que la escuela no debe borrar la experiencia para comenzar a enseñar.Debe partir de ella. La alfabetización es una práctica social y un proceso activo de construcción de conocimiento. Por eso, alfabetizar en EPJA no puede significar trasladar mecánicamente metodologías pensadas para niños a personas jóvenes y adultas.

Alfabetización sí. Infantilización, no.
Infantilizar no significa solamente utilizar una determinada imagen, un juego o una canción. La infantilización aparece cuando suponemos que, porque una persona joven o adulta está aprendiendo a leer y escribir, debemos hablarle, enseñarle, evaluar y proponerle actividades como si fuera un niño. También infantilizamos cuando desconocemos su experiencia, utilizamos situaciones alejadas de su realidad o establecemos expectativas de aprendizaje empobrecidas.

Un adulto que se alfabetiza no vuelve a la infancia. Construye una nueva relación con la palabra escrita desde la adultez que ya tiene.

¿Cómo alfabetizar sin infantilizar?. No hay una única estrategia. Hay, sí, una decisión pedagógica: enseñar desde situaciones significativas para quienes aprenden.

1. Partir de situaciones reales
Una receta, un mensaje de WhatsApp, un recibo, una noticia, un cartel del barrio, una boleta, un horario, una oferta laboral o una publicación en redes pueden convertirse en textos para leer, interpretar, comparar y producir.
No porque sean más “fáciles”, sino porque tienen sentido.

2. Recuperar la palabra oral
Antes de escribir, hay mucho para decir. Conversar, contar una experiencia, explicar cómo se realiza un trabajo, narrar una historia familiar, describir el barrio o discutir una problemática permite recuperar saberes y construir significados.
La oralidad es también una puerta de entrada a la alfabetización.

3. Trabajar con el nombre y su identidad
El nombre propio tiene un enorme valor en alfabetización. Pero no solamente porque permite reconocer letras.
Permite hablar de identidad, historia, pertenencia, familia, documentación, derechos y proyectos.
El nombre puede ser la puerta de entrada a una alfabetización que reconozca al sujeto.

4. Leer el mundo para aprender a leer la palabra
Una problemática del barrio, una situación laboral, una noticia, un trámite o una preocupación comunitaria pueden convertirse en situaciones de lectura, escritura, matemática, ciencias sociales y participación ciudadana.
Leer el mundo también es alfabetizar.

5. Incorporar el celular y las aplicaciones
Hoy sería difícil pensar una alfabetización completa sin considerar las prácticas digitales que atraviesan la vida cotidiana.
Los propios materiales oficiales de alfabetización para jóvenes y adultos proponen explorar nuevas tecnologías y dispositivos disponibles, como el celular.
Aprender a utilizar una aplicación puede implicar:
– reconocer íconos;
– leer instrucciones;
– escribir datos personales;
– completar formularios;
– crear o recuperar una contraseña;
– enviar un mensaje;
– utilizar un código QR;
– solicitar un turno;
– consultar información;
– compartir una ubicación;
– realizar una operación digital;
– reconocer riesgos y proteger los datos personales.
La alfabetización digital no es un contenido accesorio. Hoy los materiales existentes plantean que desenvolverse en el entorno actual requiere manejar dispositivos, utilizar aplicaciones y comprender prácticas como la banca electrónica, porque las tecnologías atraviesan la vida cotidiana, el trabajo y la ciudadanía.

6. Aprender a utilizar un cajero automático
Esta puede parecer una situación sencilla, pero pedagógicamente es extraordinariamente rica.
¿Qué necesita una persona para retirar dinero de un cajero?
Leer una pantalla. Reconocer números.
Comprender una instrucción. Identificar opciones.
Ingresar una clave. Elegir una operación. Interpretar un monto.
Tomar una decisión. Verificar el saldo.
Retirar el dinero. Guardar la tarjeta.

Y, además, comprender medidas de seguridad. Una situación cotidiana puede convertirse así en una propuesta integrada de Lengua, Matemática, alfabetización digital, ciudadanía y autonomía. Por ejemplo:

Situación problemática: “Necesito retirar dinero del cajero automático”. Antes: conversar sobre qué saben, qué experiencias tienen y qué dificultades encuentran. Durante: reconocer la tarjeta, las pantallas, las opciones, los números, los montos y los mensajes. Después: reconstruir oralmente y por escrito los pasos realizados.

Matemática: calcular cuánto retirar, cuánto queda disponible, reconocer billetes y verificar el saldo. Ciudadanía digital: trabajar el cuidado de claves, datos personales, tarjetas y posibles estafas. Producción final: elaborar colectivamente una guía: “Cómo utilizar un cajero automático de manera segura”.

Esto es alfabetización. Porque no enseñamos “el cajero automático” como un contenido aislado. Utilizamos una situación real para enseñar a leer, escribir, calcular, comprender, decidir y actuar con mayor autonomía.

7. Valorar los saberes previos
Una de las estrategias más potentes puede ser también una de las más sencillas: preguntar.
¿Qué saben?
¿Cómo lo aprendieron?
¿Cómo lo hacen?
¿Qué estrategias utilizan?
¿Qué necesitan aprender? Reconocer esos saberes no significa dejar de enseñar. Significa enseñar a partir de ellos.

8. Generar situaciones de aprendizaje colaborativo

Aprender con otros permite poner en circulación conocimientos, comparar estrategias, explicar procedimientos y descubrir otras formas de resolver una situación. La experiencia de vida se convierte así en un recurso pedagógico.

9. Evaluar avances, no solamente resultados

En EPJA, especialmente en alfabetización, es fundamental mirar los procesos.
¿Qué podía hacer antes y qué puede hacer ahora?
¿Se anima a escribir?
¿Comprende mejor un texto?
¿Puede completar un formulario?
¿Puede leer un mensaje?
¿Puede realizar un trámite?
¿Puede utilizar una aplicación?
¿Puede resolver una situación cotidiana que antes requería la ayuda de otra persona?
¿Se siente capaz de aprender?

Porque la autonomía también es un aprendizaje. Alfabetizar para la autonomía. Los Lineamientos Curriculares de EPJA vinculan la formación con la praxis de los estudiantes y con capacidades que incluyen lengua, matemática, ciencias y tecnologías.

Por eso, alfabetizar hoy también significa ayudar a una persona a: Leer un mensaje, interpretar una noticia, comprender una factura, utilizar una aplicación, hacer una transferencia, solicitar un turno, consultar un saldo, completar un formulario, buscar información, reconocer una fuente confiable o proteger sus datos. No se trata de convertir a la escuela en una academia de trámites. Se trata de comprender que la autonomía se construye también en esas pequeñas decisiones cotidianas. Y que cuando una persona necesita permanentemente que otro lea, interprete, complete o haga por ella, existe todavía una barrera que la educación puede ayudar a superar.

La segunda oportunidad no es volver atrás. En mi libro “La Educación de Jóvenes y Adultos. La segunda oportunidad”, planteo que la EPJA tiene una responsabilidad que excede la terminalidad o la certificación.

Cuando una persona vuelve a estudiar, muchas veces vuelve después de una historia de interrupciones, de responsabilidades familiares, de trabajo, de dificultades económicas o de oportunidades que no estuvieron disponibles.

Pero cuando vuelve a la escuela, no vuelve desde cero. Vuelve con una trayectoria. Vuelve con saberes.

Vuelve con preguntas. Vuelve con sueños y expectativas. La tarea de la escuela es reconocer todo eso y convertirlo en punto de partida para nuevos aprendizajes.

Por eso, una segunda oportunidad no debería significar simplemente dar otra vez lo que alguna vez no pudo aprender. Debería significar ofrecer otra oportunidad para aprender de otra manera.

En este Día de la Alfabetización. Quizás la pregunta que necesitamos hacernos no sea solamente:

¿Cuántas personas alfabetizamos?

También deberíamos preguntarnos: ¿Qué tipo de experiencias de aprendizaje estamos ofreciendo?

¿Reconocemos los saberes de nuestros estudiantes? ¿Partimos de sus contextos? ¿Les ofrecemos problemas reales?

¿Los ayudamos a construir autonomía? ¿Les damos una voz?

¿Confiamos en sus posibilidades? ¿Los preparamos para participar del mundo actual?

¿Estamos alfabetizando para que puedan desenvolverse en el mundo o para que puedan comprenderlo críticamente y transformarlo?

La alfabetización no es solamente aprender a leer la palabra. Es aprender a leer el mundo. Es recuperar la voz. Es ganar autonomía. Es volver a confiar en la propia capacidad de aprender.

Es poder escribir una historia diferente. Y quizás allí esté el verdadero sentido de una segunda oportunidad: No volver atrás para empezar de nuevo, sino volver a la escuela para poder seguir adelante. Porque en EPJA alfabetizar es mucho más que enseñar a leer y escribir. Es decirle a cada joven y a cada adulto: todavía podés aprender, todavía podés construir, todavía podés elegir nuevos caminos.

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Acerca de Marcela Abete 32 Articles
Mgter. en Gobierno y Gestión de la Educ. Lic. en Educ. Diplomada en Gestión Educativa, en Enseñanza en Entornos Virtuales y en Pol. Públicas con especialidad en DDHH. Ex IE Ed. de Adultos y FP PBA. Capacitadora de la Dirección Educación de jóvenes y adultos Neuquén. Profesora universitaria IUNIR, UMSA,UTNFRMDP. Coordinadora SUETRA / FIULZ y miembro del CIED SUETRAA

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