La sociedad que queremos y el rol de la educación. Diputada María Andrea Aguilera. Chubut

No existe modelo de sociedad sin pensar directamente en las bases en las que se erige esta sociedad. A lo largo de la historia, los humanos como seres sociales hemos encontrado diversas formas de poder satisfacer nuestras necesidades mediante la organización de su vida, las que siempre se han caracterizado por el sentido de comunidad y sociedad. Se han establecido libertades, pautas de ejercicio y límites que operan como las estructuras invisibles que sostienen a un sistema sinérgico, en el que se encuentran constantes tensiones irresueltas que hacen al funcionamiento práctico del mismo.

Nuestra sociedad, una sociedad democrática, basada en los principios de libertad, de derechos y de un sistema normativo que garantiza el pleno goce de estos en el marco de una convivencia con otros, hoy sufre ciertamente una crisis. No se trata de una novedad hablar de la crisis de la democracia moderna y podríamos abordar diversos puntos que hacen a esta, sin embargo, motiva en esta oportunidad comentar una visión sobre la educación o, quizás en los contextos actuales, la falta de educación como un avatar que obstaculiza la maduración de un sistema democrático al que todos aspiramos.

Es justamente el sistema educativo un elemento fundamental en el desarrollo de la Democracia, y no tan solo ahí sino en su crecimiento y sostenimiento en el tiempo. Resulta entonces que la escuela se transforma en un espacio inicial en el que poner a andar los valores, ideas y prácticas que sostienen a la sociedad tal como la conocemos, a saber: la libertad, los derechos, el pluralismo, el disenso y el consenso, el debate, el pensamiento critico contra el pensamiento dogmático, entre otros tantos.  Es preocupante entonces que el valor de la educación haya sido degradado durante muchos años por la ausencia de políticas públicas orientadas a su priorización, considerando su relevancia para la sociedad toda.

Cuando un niño cursa sus estudios obligatorios comienza a recorrer un camino pedagógico orientado en el que explorará el desarrollo de su identidad, vivirá experiencias modelo y se sumergirá en la búsqueda constante de significados, cuando esto sucede en la colectividad de un curso, que forma parte de una comunidad educativa, el estudiante comprende la importancia del otro como parte fundamental de su formación y de su vida misma. Esto quiere decir que elabora un pensamiento colectivo que se transforma en una herramienta fundamental en la interacción con otros en el rol de ciudadanos activos y críticos con su entorno.

Educar para la Democracia es todo lo contrario a lo que hoy como sociedad estamos asistiendo. Niños, niñas y jóvenes con discontinuidades escolares, con dificultades en el acceso a la educación, lo único que provoca es un desaprovechamiento importante de capital intelectual que hace tambalear, a largo plazo, los cimientos de nuestra sociedad. Fomentar pensamientos “desnutridos” es formar ciudadanos que sean funcionales a los intereses ideológicos de quienes ocupen un rol de poder, lo que implica de forma implícita ir en contra de los órdenes democráticos, en los que la participación ciudadana en sentido crítico es fundamental y en los que la alternancia de poder es una característica basal.  Es por ello por lo que la democracia puede ser defendida desde grandilocuentes lugares, en una épica retorica memorable, pero no es eso una necesidad de nuestros días, porque cuando abandonamos tal épica nos encontramos que la defensa democrática está en los lugares críticos y cotidianos como, por ejemplo: la Educación.

Formar para la Democracia es abordar desde la práctica cotidiana valores democráticos como la justicia, la libertad, el respeto, la tolerancia, el dialogo, la solidaridad, entre otros; se trata entonces de la formación integral del ciudadano a través de la modelización de situaciones escolares que trascienden y son permeables en la sociedad toda. La escuela es una fabrica de significados, que no todos precisamente son definiciones conceptuales, sino que en la escuela aprendemos una manera a través de la cual analizar el mundo y encontrar sentido, lo que es solo posible si contamos con las herramientas para ello. No se trata de matemática, lengua, ciencias sociales o cualquiera de las asignaturas de un programa, se trata de que cada una de ellas hay meta mensajes que hacen a la educación actitudinal de una persona que tiene derechos inherentes a ella y de la que se espera sea un agente de cambio positivo en una sociedad completamente dinámica.

Cuando la educación está en pausa, la sociedad difícilmente pueda crecer. Esto no solo condena a la movilidad social a la que cualquier comunidad aspira en términos socioeconómico, sino que también mina las posibilidades de desarrollo institucional y de sostenimiento de la democracia toda. Sin lugar a duda el proyecto de sociedad al que colectivamente aspiramos entra en un constante dialogo retorico con la educación, entendiendo esta como el lugar desde el que surgen ciudadanos responsables de llevarlo a cabo. Son los jóvenes estudiantes de hoy quienes con sus acciones contribuyen a la elaboración futura de respuestas a nuevos problemas que como sociedad contemporánea no hemos podido diseñar. Es esa contribución al tejido social la que, con la falta de educación, debilitamos profundamente.

Las consecuencias son tan profundas que no podemos ignorarlas. Reclamar por la priorización del sistema educativo en todo orden, nivel, lugar, ámbito, espacio, es una responsabilidad civil que tenemos todos los ciudadanos de la democracia. No podemos acostumbrarnos al incumplimiento constante de derechos constitucionales que, además atentan en contra del desarrollo de nuestra Democracia. Si queremos una sociedad justa, equitativa, pacífica y democrática, entonces colectivamente luchemos por la educación.

Diputada Provincial del Chubut. UCR – Juntos por el Cambio

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