Nunca está de mas recordar conceptos que alguna vez escuchamos. Salta

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Todo niño o niña es potencialmente educable y la respuesta educativa para cada caso debe respetar las diferencias individuales, brindando un espacio que permita “aliviar” y “desdramatizar” los momentos que se transitan en un proceso de enfermedad o tratamiento.Se busca, por lo tanto un giro en viejos paradigmas, ya que no hablamos de paciente sujeto a procesos por su enfermedad, sino de un ser integral que es paciente, persona y alumno, sujeto de derechos personales y educativos.
Desde la educación debemos “ampliar miradas”.
A qué me refiero con esto, a que no solamente hablemos de enfermedad o final de vida, muerte y duelos si nos toca atravesar por alguno de ellos. Como sociedad debemos estar preparados para cualquiera de estas circunstancias desde niños. Cecily Saunders, Elizabeth Kübler Ross, el español Pérez Ravier y yo mismo en mis escritos, hacemos incapié que de una manera u otra instamos a desde procesos pedagógicos de la vida hablemos de la pedagogía de la salud, de salud emocional, de los derechos de los pacientes, de la pedagogía de la finitud, de los derechos de una persona en duelo, de las leyes y legislaciones que en cada lugar acompañan estos procesos.
Es importante que esto se haga, y se haga en momentos donde las personas están sanas y vivas y no como homenajes
en leyes que surgen luego de que paciente, familia y comunidad sufrieron. Debemos educar no solamente desde la prevención, sino que debemos educar pensando en alumnos que se merecen “calidad de vida” en cada momento de su proceso de formación. Esto no quiere decir cargar el rol de los docentes, no, sino que saber que ser docente no es solamente impartir conocimientos de una asignatura, sino que es acercarse a un ser humano en formación (tenga la edad que tenga), para brindar herramientas que lo ayuden en su proceso vital.
La visión del docente sobre el niño que transita un proceso de enfermedad debe ser una mirada integral y amplia, que contempla no sólo los aspectos afectados, sino también y, por sobre todo los aspectos positivos del niño como persona. El docente, es el que, por naturaleza, acompaña en los procesos de adquisición de conocimientos para la inserción en la vida, obviamente que no es el único que participa. Por ello que los aportes de todas las áreas en las que el niño/a o adolescente se interese deben estar integradas a su formación.
Volver a hablar de las “inteligencias múltiples”, es un término a rescatar. Ya que la “habilidad” del docente hospitalario o domiciliario ayudará a “observar” e “incentivar” esas inteligencias múltiples. Es aquí donde para fortalecer los aspectos cognitivos hay que tener en cuenta los emocionales, el trabajo con las inteligencias múltiples, implica que no sólo hagamos una adecuación curricular, sino que también podemos ejercitar la motricidad fina, entre otras posibilidades.
Dentro del trabajo de los docentes hospitalarios y domiciliarios, además de brindar contenidos conceptuales, actitudinales y procedimentales, muchas veces se trabaja lo emocional.
La educación ha avanzado mucho, la pandemia, más allá de lo que para cada uno significó, abrió en el campo de la educación múltiples puertas a través del uso de la tecnología. Pero, siempre hay un pero, el trabajo en la contención emocional de los equipos docentes, la contención de los padres y familiares y el trabajo transdisciplinario no avanzó tanto.
Si bien en la Ley Nacional de Cuidados Paliativos se contempla el acompañamiento psicoemocional a la familia y al
paciente, podemos observar que hay un vacío en lo que se refiere al trabajo integrado entre equipo de salud, equipo de educación hospitalario y domiciliario, equipo de educación de escuela de origen, familia, entorno y alumno-paciente.
Obviamente que todos apuntamos a que ese paciente, que también es alumno y miembro de una familia se sane, pero, todos sabemos que algunas veces eso no sucede. Es entonces donde el trabajo para fortalecer y dar herramientas desde la educación emocional debe funcionar.
La Pedagogía de la Finitud, es una importante herramienta dentro de la educación emocional y apunta básicamente a dar elementos a los actores intervinientes para poder tener “buenos ocasos”, al decir del español Pérez Reverte.
Es la misma Elizabeth Kübler Ross que postula que se debería hablar de la muerte con los niños mucho antes que esta aparezca. El docente hospitalario y domiciliario acompaña hasta el final de los días a su alumno-pacien-te, es por tanto la importancia de tener docentes formados no sólo en pedagogía hospitalaria, sino también con elementos que le permitan acompañar en los cierres que puede implicar una enfermedad limitante para la vida.
La escucha atenta, la presencia activa, la validación de lo que el sujeto de aprendizaje transmite es fundamental, como también es fundamental “cuidar a los que cuidan”. Hablar de muerte y de duelos en ámbitos escolares ha sido y sigue siendo muy difícil, por lo que introducir la temática desde una pedagogía aporta una visión ampliada para el trabajo transdisciplinario.
Una educación con una mirada integral funciona como parte del cuidado del ser humano, apunta a la calidad de vida y por lo tanto es un respaldo al tratamiento de cualquier proceso de salud físico o mental. Es muy importante dejarlo en claro, no se puede ser “islas incomunicadas” si uno está hablando de una persona. El área docente, con el área de salud (física o mental) deben establecer vínculos de comunicación donde ambas partes se enriquezcan y apoyen, ya que al fin y al cabo estamos hablando del trato que se le brinda al mismo ser humano.
La integración de un niño al sistema escolar es parte de su desarrollo psicológico y social (la escolaridad es al alumno, lo que el trabajo es al hombre adulto).
Sobre el autor: Psicooncólogo Pediátrico,Tanatólogo. Especializado en Cuidados Paliativos.
PROFESOR JAVIER LAMAGRANDE

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Escuela Hospitalaria y Domiciliaria Nº7215 Nivel Secundario. Provincia de Salta.

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