“Si quieres probar el carácter de un hombre, dale poder”. Abraham Lincoln
De acuerdo a nuestra indagación en muchas consultas bibliográficas y portales virtuales sugieren que el denominado “síndrome del Pequeño Poder”, o en inglés, small power, no es un diagnóstico clínico oficial reconocido en manuales como el DSM-5, pero es una etiqueta comúnmente utilizada en la psicología social y laboral para describir un patrón de comportamiento perjudicial muy específico.
En la práctica cotidiana es un término coloquial para describir el abuso de autoridad limitada o menor (mandos intermedios, supervisores, directores de escuela en su ejemplo), que usan su pequeña cuota de poder de forma autoritaria para compensar inseguridades.
Ahora, ¿por qué, nosotros, dos docentes cooperativos, en ejercicio de nuestra condición de maestros de grado en una escuela de la ciudad capital de Formosa hablamos de este síntoma?
Porque todo nos sugiere que el clima negativo, según nos indica nuestras experiencias, provendría del llamado *“Síndrome del Pequeño Poder” del cual carecemos naturalmente de certeza por no ser psicólogos, pero todo nos indicarían que podría estar afectando mayoritariamente a muchos directores y Vice-directores de primaria.
Es común en reuniones de docentes en algún momento compartir reflexiones y opiniones sobre el cambio de conducta de tal o cual director o vice-director de tal o cual escuela y se llega a conclusiones coincidentes sobre esta actitud negativa.
Una clara alerta es la pérdida o falta de empatía: La persona pierde la perspectiva y la empatía hacia sus antiguos pares o subordinados, viéndolos como inferiores o como meros instrumentos de su autoridad.
Sin dudas, la transición de ser un colega respetado a ser la máxima autoridad institucional es uno de los cambios de rol más complejos en la carrera docente, y a menudo, el sistema educativo no los prepara para ello.
Muchas directoras y vicedirectoras, tras años de ser excelentes maestras, se encuentran desorientadas con el poder. No saben cómo ejercer la autoridad sin caer en el autoritarismo. Es lo que en psicología social se llama ‘síndrome del pequeño poder'».
Estas malas gestiones del poder podrían escalar a situaciones graves de menoscabo al docente delante de sus alumnos y denuncias policiales sin respetar la vía administrativa que marca el Estatuto del docente formoseño, desviando la energía de lo que realmente importa: enseñar y aprender. Pero, más allá de todas las opiniones y reflexiones constituye un asunto serio y pensamos que debe visualizarse y debatir en búsqueda de mejoría del clima laboral docente en bien de la educación.
Fortalecer una sana conducción institucional.
Recordamos, entonces que con el propósito de mejorar el clima institucional, fortalecer el liderazgo escolar y elevar la calidad del vínculo pedagógico en las escuelas, presentamos ante el Ministerio de Educación de la provincia de Formosa un innovador proyecto de Curso–Taller de “Conducción Política Humanista de las Instituciones Educativas”, dirigido a directivos y Vice-directivos, pues urge fortalecer una sana conducción institucional en bien de la educación formoseña.
*https://universal.org.mx/que-es-el-sindrome-del-pequeno-poder/#:~:text=Para%20los%20psic%C3%B3logos%20esto%20es,una%20jerarqu%C3%ADa%20superior%20sobre%20otras.
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