1. ¿Para qué ir a la escuela en el siglo XXI?
En una suerte de regreso al origen de la escuela moderna, de los siglos XIX y XX, hoy la escuela no abandona su lugar del saber, pero pugna por instalarse como un lugar donde se quiera estar, mas que un lugar donde se deba estar. La crisis de asistencia que hoy se viven en algunos sectores de nuestra sociedad es una señal que en esos lugares no sucede lo que todos esperan, una suerte de desajuste de intereses que se expresa con la no concurrencia – de docentes y de estudiantes. A la escuela hay que ir porque es, hasta ahora, el lugar del encuentro, el lugar donde se aprende con otros, donde se aprende a ser y estar con otros. Donde se construye identidad y donde se aprende a decidir.
2. Fernando: ¿Por qué la profesión docente ha perdido prestigio social?
Para mi hay varios responsables de esta sensación. No se puede negar que la degradación de la profesionalización tanto en la formación como en la remuneración de los docentes es señal que para el estado dejó de ser una política pública prioritaria. Eventualmente, en momentos de alta partidización se alcanzan mejoras salariales y se pierden derechos. Pero por estar en las manos de la política partidaria es esporádica, interesada y discontinua. La profesión docente ha dejado de ser una política publica este para mí es el origen del problema. De acuerdo o no con el modelo de la escuela Normal lo que no se puede negar es que ello fue una política de Estado, de alcance Nacional y con gran continuidad. Ese modelo tenía implícito que sin un buen docente no había una buena educación. Pero creo que desde la primera escuela Normal de Paraná creada en 1870 hasta hoy podemos sostener, luego de siglos de investigación educativa, que sin un buen docente es raro, casi imposible, un buen aprendizaje escolar.
3. Según usted ¿Cómo sería un proyecto de inversión educativa Universitaria en Argentina? ¿Argentina en la actual gestión presidencial apuesta por la educación universitaria?
En Estados Unidos en los años sesenta, se hicieron la misma pregunta sobre la escuela. La política publica interrogó a un grupo de expertos liderados por James Coleman, básicamente dónde había que invertir para mejorar. Diría que hoy todavía estamos investigando y repreguntándonos. Una cosa es clara: no se puede mejorar sin inversión, no se puede impulsar un proyecto de crecimiento sostenible sin educación y la educación no puede existir sin recurso. La Universidad es clave para el desarrollo de un país – una universidad de calidad, de generación de conocimiento y usina de expertos, no como muchas de las universidades actuales que son espacios de permanencia. Un proyecto creo sostenible, debe incluir una fuerte y decidida intención de invertir de forma creciente y sostenida. Digo sostenida porque si se hacen bien las cosas, en pocos años deberíamos, al menos, triplicar la población de jóvenes que estudie y se reciba de nuestras universidades y eso, yo no lo veo ni en este gobierno ni tanto como en otros anteriores. Ahora bien, invertir debe implicar control sobre los gastos y auditorías reales y confiables. Y como digo, en este momento no veo que sea una prioridad de la política de este gobierno y si lo fuera diría que debe ser una política pública, es decir, surgir de un consenso general de todos los sectores para ser sostenible. En consecuencia, la universidad pública dejaría de asociarse al poder político de turno para ser un espacio genuinamente plural y diverso.
4. Fernando: ¿El sistema educativo argentino ha fracasado? ¿Necesitamos consensos para generar uno nuevo o la educación está atravesada también por la famosa “grieta”?
Que gran pregunta. Solo porque estoy enojado con la situación a la que llegamos digo SI, el sistema educativo actual está experimentando signos de un fracaso estrepitoso. Como en las políticas universitarias, las políticas públicas en materia educativa nacional y jurisdiccional deben ser fruto de un consenso de múltiples actores, no solo de algunos como sucede cuando los gremios se encuentran con el gobierno de turno. Eso, aunque a veces destraba conflictos, no resuelve de base los problemas. Las familias siguen siendo los ausentes permanentes en los espacios de consulta, decisión y acción. Cuando digo familias incluyo obviamente a los niños y jóvenes que habitan la escuela. Necesitamos, con urgencia diría, un nuevo modelo de educación que modele la nueva sociedad que queremos. Hoy, continúan decidiendo pocos: los más ruidosos, en lugar de todos. Y la “grieta” sigue siendo la excusa perfecta para continuar ignorando a los más importantes al momento de decidir y para sostener formas de neo-autoritarismo donde solo los opuestos definen lo público.
5. ¿Nuestro sistema educativo puede compensar las fallas de nuestro sistema económico debido a la crisis económica que atravesamos hoy?
El estudio de James Coleman al que hice referencia antes se hizo esta pregunta también y sacó conclusiones argumentadas y contrargumentadas luego, casi hasta nuestros días. El sistema educativo construye, tarde o temprano el modelo económico en algún punto no?. Pero si, yo creo que un sistema educativo que tenga como horizonte un modelo de país tiene la responsabilidad de hacer punta. Y ya fue hecho! La controversial figura de Sarmiento es un testimonio real y contemporáneo donde la decisión de alfabetizar un pueblo creó un sistema educativo con presencia en los lugares más recónditos de Argentina y nos puso en pocos años en los niveles más altos y sostenidos de población alfabetizada.
6. La IA ¿Es un enemigo o un aliado para profesores y estudiantes? ¿Por qué?
¡Qué gran tema este! La escuela siempre percibe como amenaza aquello que la corre del protagónico lugar del saber – lo fue con la computadora, la enciclopedia encarta y lo es con la IA – y lo será con lo que sigue. Para mi la IA nos VUELVE a instalar las preguntas que nos venimos haciendo, algunos, hace tiempo: ¿Qué vale la pena enseñar en la escuela? y ¿Qué vale la pena recordar y aprender? Cualquier pregunta puede ser respondida con la IA, pero lo difícil sigue siendo saber qué pregunta debo hacer a la IA. Para el docente puede ser un aliado en el ahorro del tiempo y la preparación de la clase, pero para que yo obtenga una buena clase, debo ser capaz, como docente, de determinar qué necesito enseñar a un determinado grupo de estudiantes y cómo sería la forma más adecuada, qué merece ser dejado de lado y qué interrogantes tengo que instalar para que sigan aprendiendo. Casi que volvemos a las primeras preguntas: ¡aquí la variable vuelve a ser la formación docente! Un docente que no pueda hacerse preguntas difícilmente obtenga buenos resultados de las órdenes que le imponga a la inteligencia artificial.
Gracias Fernando.
Perfil de Fernando Zullo: es especialista en educación. Es investigador y autor especializado en gestión escolar, liderazgo directivo e innovación pedagógica. Sus trabajos se centran en la mejora de las instituciones educativas, la construcción de climas escolares favorables y el desarrollo de prácticas de liderazgo situadas, reflexivas y orientadas al aprendizaje. Ha sido docente en los niveles primario, secundario y superior en la provincia de Buenos Aires por treinta años. Se ha desempeñado como inspector de enseñanza y ha ocupado otros cargos de gestión. Actualmente desarrolla una línea de investigación doctoral sobre liderazgo directivo en escuelas que mejoran, con especial atención a las condiciones institucionales, la confianza relacional y las prácticas que sostienen procesos de mejora educativa.
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