1. ¿Es la educación secundaria el principal problema por el cual los alumnos se hacen crónicos en las Universidades, tienen deficiente nivel académico o terminan abandonando?
La educación secundaria es, sin dudas, un factor importante en las trayectorias de los estudiantes, pero no es el único. Es cierto que las dificultades de nivelación académica existen, pero también influyen mucho las condiciones socioeconómicas, laborales, emocionales y familiares. Por eso, desde la Facultad buscamos acompañar a nuestros alumnos en todos esos aspectos, no solo en lo académico, porque sabemos que detrás de cada estudiante hay una historia de vida que merece ser cuidada.
Como mencioné antes, reconocemos que en el sistema educativo hay una deficiencia en la calidad de la formación que se va acentuando con los años. Esto hace que muchos jóvenes lleguen a la universidad con menos herramientas para afrontar los desafíos propios de este nivel. Aunque logran avanzar en su recorrido, tarde o temprano —cuando ya son más maduros y críticos— se enfrentan a la pregunta de cómo se desempeñarán en la sociedad con esas carencias. Y es ahí cuando algunos sienten inseguridad, aparecen los retrasos en la finalización de la carrera o incluso el abandono.
Justamente en esos momentos es cuando tenemos que estar muy presentes como institución: acompañando de cerca, no solo desde lo académico, sino también desde lo humano y lo espiritual. Porque muchas veces lo que sostiene a un estudiante en la universidad no es únicamente un programa de estudios bien diseñado, sino la certeza de que no está solo en el camino.
2. ¿Qué factores claves influyen, directa o indirectamente, sobre la calidad de las Universidades?
La calidad de una universidad depende de varios factores: la formación y actualización de sus docentes, los recursos materiales y tecnológicos, la capacidad de generar investigación e innovación, el acompañamiento a los estudiantes y, sobre todo, el compromiso ético y social que guíe su misión. La universidad no es solo un edificio o un plan de estudios: es una comunidad viva que se construye todos los días.
3. ¿Cuáles son las principales tareas que realiza una secretaria Académica de una Facultad como es su caso?
Mi tarea es acompañar y coordinar todo lo que hace al desarrollo académico de nuestras 23 carreras, que se organizan en siete áreas: Filosofía, Letras, Historia, Ciencias de la Educación, Educación Física, Psicología, Psicopedagogía y Periodismo.
Esto abarca muchas responsabilidades: el seguimiento de cada carrera, la organización de horarios y mesas de examen, la articulación constante con docentes y estudiantes, la implementación de normativas y también el acompañamiento en procesos de acreditación y mejora continua. Pero más allá de lo administrativo, estoy convencida de que el rol implica algo más profundo: escuchar, mediar, estar cerca y generar condiciones para que la vida académica fluya de la mejor manera posible.
En lo personal, mi impronta tiene que ver con centrarme siempre en las personas. Creo que cada estudiante y cada docente trae consigo un objetivo personal, un sueño, y mi tarea es ayudar a tender puentes para que puedan alcanzarlo y, desde allí, aportar lo mejor de sí a una sociedad que necesita su mejor versión.
En la gestión, muchas veces nos vemos absorbidos por lo urgente, resolviendo lo coyuntural y con poco margen para proyectar a futuro. Sin embargo, hay algo que nunca debe perderse: la escucha. Tomarse el tiempo para reflexionar junto al otro, atender sus inquietudes y buscar soluciones posibles. Porque al final del día, lo que sostiene a la universidad no son solo los procesos y las normas, sino las personas que la habitan y la construyen día a día.
3. ¿Si tuvieras que elegir una línea de trabajo en la que se basa toda tu gestión, cuál sería?
Si tuviera que elegir una línea de trabajo que atraviesa toda mi gestión, sin dudas diría que está inspirada en el llamado del Papa Francisco al PACTO EDUCATIVO GLOBAL.
Creo firmemente que la universidad no puede limitarse a transmitir conocimientos, sino que debe ser un espacio donde formemos personas capaces de transformar el mundo, con sensibilidad, compromiso y esperanza.
En ese camino, las siete claves que propone el Papa son una brújula muy clara: Poner a la persona en el centro: reconocer la dignidad de cada estudiante y docente, y acompañar su proceso único.
Escuchar la voz de los jóvenes: porque ellos no son solo destinatarios, sino protagonistas activos de la vida universitaria. Fomentar la participación de la mujer: garantizando igualdad de oportunidades y potenciando su liderazgo en todos los ámbitos.
Responsabilizar a la familia en la educación: entendiendo que la formación integral se construye en comunidad, nunca en soledad.
Acoger a los más vulnerables y excluidos: asegurando que nadie quede afuera por falta de recursos o condiciones de vida. Cuidar nuestra Casa Común: integrar la dimensión ecológica en la formación, porque la educación también es un acto de justicia con el planeta.
Generar nuevas economías y políticas al servicio del hombre: educando para un compromiso ético y social que supere la lógica individualista.
Desde mi rol en la Secretaría Académica, busco que cada una de estas claves esté presente, aunque sea en pequeños gestos cotidianos: en cómo acompañamos a un alumno que se siente perdido, en cómo generamos proyectos de extensión, en cómo damos lugar a la voz de los jóvenes o en cómo trabajamos con docentes para que la formación trascienda lo meramente académico. Para mí, gestionar es justamente eso:
construir una universidad que, desde lo concreto y lo humano, pueda ser parte de este gran pacto por un futuro más justo, solidario y fraterno.
Gracias María. Perfil de María Navarro. Licenciada Secretaria Académica de la Facultad de Humanidades de la Universidad Católica de La Plata.
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