La Educación ambiental y sus contribuciones al abordaje geohistorico. Parte I

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La siguiente nota fue realizada por: Jorge Lapena 1 Sandra Gómez 2 para la Revista Educativa El Arcón de Clio 

LOS RETOS DE LA EDUCACIÒN AMBIENTAL EN LA ESCUELA

La Geohistoria se enmarca como un campo interdisciplinario compartido entre la Geografía y la Historia, cuya primera mención en el ámbito epistemológico proviene de corrientes Historicistas influyentes en el Posibilismo geográfico desarrollado a principios del siglo XX. Sin embargo, por entonces casi no existía una consideración en cuanto al peso que tenía la dimensión ambiental, a pesar de contar con antecedentes desde las primeras civilizaciones. Recién a fines del siglo pasado la emergencia ambiental motivó una mayor dedicación del subcampo, en ocasiones reemplazada por abordajes limitados a la Historia Ambiental, que parcialmente tenían un tratamiento semejante.
La problemática de su tardía institucionalización implicó ausencias en el tratamiento curricular, sobre todo en Historia y asignaturas afines, inclusive en ámbitos universitarios. Las dimensiones de análisis político, geopolítico, militar, económico, natural del paisaje y más tarde, social, cultural y otras emergentes de las definiciones político-administrativas, tanto a favor como en contra del capitalismo, inspiraron enfoques cada vez más revisionistas o integradores de la realidad. No obstante, la cuestión ambiental no se involucró tanto, al punto de encontrarse textos escolares que no exaltan esa influencia, aun cuando parte de las pestes o pandemias que asolaron el mundo medieval tienen raíz en la relación sociedad-naturaleza, y no simplemente de la propagación de un virus o enfermedad mortal (Lapena, 2023b).
La Geohistoria puede ser considerada una nueva ciencia o una rama compartida entre Geografía e Historia. Ambas comparten métodos y hacen de este análisis un objeto común, máxime si se considera que los estudios del pasado carecían de un tratamiento de la dimensión ambiental (Castro, 2013). Como antecedente debemos remitirnos a Vidal de La Blache, quien desde el Posibilismo puso en valor la influencia Historicista. El espacio natural no establecía condicionalidades determinantes, ya que las sociedades podían transformar ese medio y así lo demostraban los cambios materializados en las regiones de Francia (Lapena, 2021 y 2022).
La cuestión ambiental no era explícitamente abordada, aunque se daba cuenta de transformaciones materializadas sobre la naturaleza de las regiones. Cada una de las particularidades de aquellos paisajes ya no eran de por sí naturales, desde la apropiación de los suelos y el uso de los cursos de agua, hasta la vegetación y la fauna silvestre (Waks y Lapena, 2018). Desde el origen de las primeras civilizaciones ello viene sucediendo y, por ende, nos debe exigir un análisis geohistórico ambiental. De hecho, el auge y el ocaso de esas sociedades de la Antigüedad no siempre fueron por causas bélicas o de expansión económica, ya que la crisis ambiental ha convivido en ese marco explicativo insuficientemente desarrollado en la literatura histórica y, sobre todo, en los ámbitos escolarizados (Leff, 1986; Foladori, 2006; Lapena, 2022).
En este sentido, esta línea de investigación propone el desarrollo de una subrama, definida como Geohistoria Ambiental. Mediante ella, se intenta explicar la incidencia de la dimensión ambiental en lo relativo a los procesos y cambios geohistóricos en el territorio. A diferencia del contexto europeo analizado hace poco más de un siglo por Vidal de La Blache, el caso argentino remite a un análisis semejante a los inicios de las civilizaciones asentadas sobre las márgenes de los ríos Nilo, Éufrates, Tigris, Indo y Amarillo a instancias de la Edad Antigua. Existían áreas sobreexplotadas hasta finales del siglo XIX y otras, con un continuo eco-regional intacto, cuyos habitantes originarios o poblaciones seminómadas no reportaban modificación alguna de los ecosistemas ocupados (Lapena, 2021 y 2022).
La apropiación de los ambientes por parte de poblaciones ancestrales o de aquellas que circundaban el espacio definido como Desierto` (no incorporado territorialmente), se daban bajo una lógica congruente con el equilibrio ecosistémico (Salcedo, 2019). La misión de conquistar y desterritorializar era un propósito político desde Buenos Aires, articulado con intereses trasnacionales del mercado (Salcedo, 2019; Oszlak, 1997). Sin duda, ello trastocó varias eco-regiones y modificó un ambiente muy distinto avanzado el siglo XX (Lapena, 2022). Por ello, las herramientas teóricas-procedimentales constituyen un aporte para la comprensión.
De acuerdo a Braudel (referente del Historicismo), la Geohistoria es en sí una Geografía Humana retrospectiva, cuyo objeto de estudio compromete que los y las geógrafas al legado aportado por la Historia, pero no advierte lo inverso, es decir, que quienes se ocupan de temas históricos, lo hagan decididos a contemplar los ambientes, su estado originario o inicial (Castro, 2013). En la misma línea Vidal de La Blache refiere a la necesidad de hacer una Geografía de la Historia, mientras que contemporáneos como George Duby hablan de una Historia de la Geografía de los territorios de la Antigüedad y el Medioevo (Duby, 2021), pero ponderando siempre los cambios en la cartografía y los factores de poder de las civilizaciones colosales. De un modo u otro, recién a finales del siglo pasado, la agenda ambiental emerge como una necesidad de ser incorporado a diversos estudios sociales e históricos específicamente, según detalla Hortensia Castro (2013), una de las especialistas en este campo de investigación interdisciplinario, tan escasamente incluido en los diseños curriculares de las jurisdicciones provinciales de nuestro país.
En parte, estos estudios retroactivos sobre cuestiones ambientales no fueron decididamente tratadas como Geohistoria, sino como Historia Ambiental. No obstante, en esa rama, lo ambiental es prácticamente sinónimo de Geografía Ambiental, aunque no se lo presenta como tal (Castro, 2013). Entre los trabajos publicados, la obra “Memoria verde: historia ecológica de la Argentina” (Brailovsky y Foguelman, 1991) confirma lo antedicho y da un marco para posteriores investigaciones de Geohistoria Ambiental, aunque su transposición didáctica, no se verifica en las escuelas, pese a la implementación de la Educación Ambiental (Lapena, 2023a), desde perspectivas de enseñanza más abiertas y superadoras de los abordajes de las disciplinas escolares.

1. CIG, FCH IGEHCS CONICET– UNCPBA, [email protected], https://orcid.org/0000-0003-4042-2139

2 CIG, FCH IGEHCS CONICET– UNCPBA, [email protected]

Continuará el 27 de junio.

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Acerca de Jorge Lapena 2 Articles
Titulos académicos: Es Profesor en Historia, Especialista en Investigación Científica y Magister en Ambiente y Desarrollo Sustentable; Profesor, Licenciado y Doctor en Geografía. Desempeño docente: Es docente universitario en las carreras de Geografía y Turismo de la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires y también en la Universidad Nacional de La Pampa. También ejerce como profesor en otras instituciones de nivel superior de la República Argentina. Investigación científica: Es investigador de dos proyectos de investigación en distintos centros dependientes de universidades nacionales y es miembro de una unidad ejecutora de CONICET. Cuenta con antecedentes en el Instituto de Geografía Nacional y otros organismos de gobierno. A su vez integra la Red de Geografía Física y a nivel internacional, la Red de la Sostenibilidad, con sede en la Universidad de Illinois, Estados Unidos. Autorías: Es autor de 5 libros referidos a problemáticas ambientales, conflictos socio-ambientales y planificación regional, además de 3 coautorías y más de 40 publicaciones en revistas, congresos y jornadas nacionales e internacionales. También tiene en su haber antecedentes en el periodismo gráfico, como por ejemplo el Diario La Nación y la Agencia de Noticias de Diarios del Interior Bonaerense. Reconocimientos: Diploma de honor en doctorado de Geografía (2013) y una distinción a la mejor investigación geográfica por parte de la Academia Nacional de Geografía (2014), además de varias distinciones ministeriales.

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