El enojo infantil. Santa Fe

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Comprender el enojo infantil: Lo que los adultos necesitamos saber según la etapa del desarrollo  y  cómo ayudarlos  a manejarlo.

Un niño de tres años se tira al piso en el supermercado. Uno de ocho contesta de mala gana y se encierra dando un portazo. Un adolescente responde con ironía y se aísla en su habitación. A primera vista, parecen situaciones muy distintas sin más relación que el malestar del momento, pero en realidad responden a un mismo hilo conductor: la manera en que el enojo se va expresando  a medida que crecen.                                                                                                                          El enojo no desaparece con los años; simplemente cambia el modo de manifestarlo. Para acompañarlos sin caer en la desesperación, el primer paso es entender qué ocurre dentro de sus cerebros y cómo madura su sistema nervioso.

Neurodesarrollo: ¿Por qué no reaccionan como adultos?

El neurodesarrollo es el proceso continuo de formación y maduración del sistema nervioso central que abarca desde la gestación hasta la adultez. Es la base que permite adquirir habilidades motoras, cognitivas, emocionales y sociales. Por esta razón, pretender que un niño controle sus impulsos como un adulto es pedirle algo para lo que su biología aún no está preparada.

 Además, hay factores del día a día que influyen :

  • Necesidades básicas: El hambre, la falta de sueño y el cansancio disminuyen la tolerancia a la frustración e incrementan la irritabilidad.
  • El desarrollo del lenguaje: Cuanto más pequeño es un niño, más probable es que exprese con el cuerpo (mordiendo, tirándose al piso) aquello que aún no puede decir con palabras.
  • La búsqueda de autonomía: A medida que crecen, el enojo se transforma. En la adolescencia, por ejemplo, surgen nuevas necesidades de privacidad y pertenencia que cambian por completo la forma de vincularse con los adultos.

¿Qué pasa en el cerebro durante un berrinche?

Cuando un niño se desborda, no nos está manipulando ni lo hace porque es malo  como suele escucharse. Existen razones biológicas que  lo justifican:

  1. El desborde de la amígdala: Ante la frustración o situaciones desagradables para el niño, la amígdala —el centro de alerta del cerebro— se activa y bloquea temporalmente a la corteza prefrontal, la zona encargada del razonamiento y la lógica.
  2. Inmadurez biológica: La corteza prefrontal no completa su maduración hasta alrededor de los 25 años. Durante un berrinche o enojo  intenso, el niño no puede pensar ni negociar. Hay mucha impulsividad.
  3. Respuesta de supervivencia: El llanto o las reacciones bruscas son respuestas automáticas del sistema nervioso, no es manipulación ni un mal comportamiento.

Cómo responder: Del fuego a la calma

 En pleno enojo, un chico no está en condiciones de ponerse a escuchar con tranquilidad, darle una explicación de diez minutos en pleno desborde resulta desgastante. En el momento de mayor desborde, lo que mejor podemos hacer es dar contención y transmitir calma. Las explicaciones quedan para cuando todo esté tranquilo.                                                                       Acompañar no significa cargar toda la ira del niño ni permitir cualquier conducta. Significa sostener una postura firme pero empática: “Entiendo que estés enojado, pero no voy a permitir que me pegues» Y sobre todo nunca tomarlo como personal, repetirse esa frase:« no me hace cosas, hace cosas» yo simplemente estoy para educar con amor pero con firmeza.

Consejos del consultorio de pediatría- Claves  para la calma

  • El adulto se tranquiliza primero: Los niños no pueden calmarse solos Para volver a la serenidad, necesitan ver y sentir la tranquilidad del adulto
  • Separar lo que siente de lo que hace. Es esperable que sienta bronca, pero la violencia o la agresión nunca deben ser aceptables. Acompañar  lo que siente pero marcar   un límite firme a la conducta
  • Evitar razonar en el pico del enojo: intentar estar lo más tranquilos posibles, en un tono de voz bajo y contener físicamente (si la acepta). Las explicaciones y reflexiones se guardan para cuando la tormenta haya pasado.
  • Ponerle nombre a la emoción: Ayudar al niño a nombrar lo que siente («Estás con bronca porque querías seguir jugando») ayuda a que su cerebro organice lo que siente y aprenda a manejarse mejor a medida que crece.

¿Cuándo deja de ser una etapa esperable del desarrollo?

Es vital recordar que validar una emoción no implica permitir cualquier comportamiento. Si bien el enojo es una respuesta natural del desarrollo, existen momentos donde la intensidad o la frecuencia dejan de ser esperables y requieren una mirada más profunda.

Debemos encender las alarmas cuando las reacciones se vuelven desproporcionadas, persistentes, en una etapa en la que ya no es habitual o interfieren significativamente con la dinámica familiar, escolar o social.

Señales de alerta a considerar:

  • Conductas agresivas continuas: Golpes, mordiscos, empujones, destrucción intencional de objetos o amenazas frecuentes.
  • Mucha dificultad para volver a la calma: Episodios que duran más de 20 a 30 minutos de forma sistemática y donde el niño no logra recuperar la calma ni siquiera con la contención del adulto.
  • Autolesiones: Conductas autodestructivas como golpearse a sí mismo, morderse, tirarse el pelo o manifestar intenciones de hacerse daño.
  • Berrinches recurrentes: Desbordes emocionales intensos que ocurren varias veces al día.
  • Impacto en la vida diaria:
    • En la escuela: Conflictos constantes, rechazo a seguir las reglas del aula o problemas de adaptación.
    • En lo social: Aislamiento social o rechazo por parte de sus pares debido a la brusquedad de sus respuestas.
    • En la familia: Un desgaste cotidiano donde toda la rutina del hogar gira en torno a evitar o contener los arranques de ira del menor.
  • Persistencia en el tiempo: Patrones de conducta desregulada que se sostienen por más de seis meses o una falta evidente de evolución madurativa (por ejemplo, un niño de 8 años que reacciona como uno de 3).

El valor de la consulta profesional

Ante alguna de estas señales, es recomendable realizar una consulta con un pediatra o un psicólogo infantil. Un profesional  podrá evaluar si estas manifestaciones forman parte de una etapa del desarrollo o si responden a factores subyacentes, como desafíos en el procesamiento sensorial, cuadros de ansiedad o dificultades en el aprendizaje.

Buscar orientación a tiempo no es una falla en la crianza, sino el primer paso para brindarle al niño las herramientas que necesita para crecer saludablemente.

Crecer con amor: la verdadera clave

Entender el enojo como parte del crecimiento nos cambia la mirada. No hay emociones malas: solo hay chicos aprendiendo a crecer y a descubrir su propia personalidad. Y para acompañarlos en ese camino, lo único verdaderamente indispensable es amor.

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Acerca de Dra Giselle Tornatore 6 Articles
Rosario, Santa Fe. Médica Pediatra Mat.Prov. N°14561. Especialista en Salud Social y Comunitaria Diplomada en Educación para la Salud Miembro de un proyecto para Jardines Maternales e Instituciones Educativas Salud.infantilhoy Trabajo actualmente en la municipalidad de Rosario, en la Secretaría de Salud Pública.

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