El colegio no es un taller

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Enrique Pichon-Rivière fue un psiquiatra y psicoanalista argentino, que se destacó por investigar sobre psicología social en nuestro país. Pionero en desarrollar conceptos, teorías y herramientas para entender cómo funcionan las personas dentro de grupos y cómo los vínculos influyen en los mismos. Crea la noción de “Grupo Operativo” a partir de sus experiencias de trabajos grupales y luego conceptualiza para darle fundamento a esta técnica, los modos de operar de ese grupo. La idea es que quienes participan de un Grupo Operativo puedan aprender y resolver dificultades que aparecen dentro del proceso de ese contexto grupal. A su vez, se puede intervenir sobre una situación determinada que así lo amerite.

Por otro lado, pero dentro de ésta misma línea, tenemos también como herramientas, los talleres. Que si bien no cumplen específicamente el rol de un Grupo Operativo, si se lo destinara a tal fin, se podría. Un taller esta comprendido sobre el trabajo de la participación en grupo de una situación y/o una temática específica donde se realiza una actividad o participación concreta entre varios actores. Se pueden compartir experiencias, tareas en común y los agentes del contexto participar de manera activa.

Ahora bien, el colegio como institución educativa, se enmarca dentro de un dispositivo que si bien, puede reunir mucho de lo mencionado precedentemente, se diferencia de lo expuesto por un rasgo fundamental: la demanda. En los dispositivos anteriores, la demanda es por parte del sujeto. Mientras que asistir al colegio, es un Derecho de las infancias, por lo cual (si bien sería deseoso que todos los niños quieran por sí mismos participar de la institución educativa), ese niño o niña debe obligatoriamente asistir igual. Entonces la demanda ya no pasa a estar del lado del estudiante, sino de una red cultural que bajo las orbitas de políticas públicas deberían garantizar el reconocimiento de ese Derecho, la escucha a los niños/as y velar porque todos asistan.

Ahora bien, ¿qué pasa en las aulas?, porque más allá de la currícula educativa el dispositivo áulico actual presenta rasgos específicos, que no pueden no reconocerse. El intento de promover igualdad y no discriminación, trabajar sobre la convivencia y respeto, en una época en donde la violencia esta tan a flor de piel, (no nos olvidemos que comenzamos las clases con muchos colegios custodiados por policías “cacheando” menores que amenazaban con posibles tiroteos). A su vez, vulnerabilidades que afloran y crecen, se hace inevitable en algunas ocasiones no generar espacios de reflexión, concientización y participación.

Este dispositivo, el escolar que debería garantizar el acceso a la educación, promoviendo y garantizando ese Derecho, el de enseñanza-aprendizaje, se ve interpelado por el contexto extra áulico que obliga al docente y/o directivos que tienen su clase preparada a destinar, las más de las veces, unos minutos antes armar espacios de reflexión, haciéndoles entender que son sujetos de Derecho, trabajando con los vínculos alrededor de una tarea que quizá en la primara planificación no estaba programada. El docente hoy, tiene que tener bajo su manga el comodín de poder abrigar infancias, preparar adultos, más allá del propósito inicial del dispositivo de educación. El docente debe servirse como diría Foucault de la “caja de herramientas”. Es decir, más allá de su currícula, atender a las problemáticas que se le presentan, sin perder el rol dentro del dispositivo del cual es parte, innovando diferentes perspectivas para analizar críticamente el discurso que emplea y las normas que atraviesan tal institución.

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Acerca de Eugenia Marra 11 Articles
Estudiante Avanzada de Psicología de la Universidad Nacional de La Plata. LSA Lengua de Señas Argentina.

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