El oficio del historiador es una fuente de placer, una lucha
con el documento. Marc Bloch
“Si se estudia un problema con orden y método, no hay dificultad alguna en resolverlo (Hércules Poirot)” Agatha Christie
Introducción
Cuando escuchamos a los estudiantes hablar sobre nuestras clases es muy frecuente constatar que todo se basa en las explicaciones del profesor y en la resolución de los cuestionarios con un libro de texto o con los materiales que les entrega el docente. Estas acciones tan tradicionales, sintetizan todo en un relato transmitido por el docente para que los jóvenes conozcan lo acontecido. Así, tratan de describir lo acaecido, más allá de los recursos didácticos, se resume en un material (con la explicación incluida) que reúne toda la toda la información “necesaria” acerca del pasado. En la actualidad, esta postura, desde los campos teóricos, se encuentra muy superada, pero en la práctica, como señalan los alumnos, todavía está presente en muchas clases de Historia del nivel secundario. Esto es así, porque los docentes resumen su trabajo en una descripción de lo acontecido como algo acabado, cerrado.
En contraste, esta renovada mirada de la enseñanza de la Historia busca la participación activa de los estudiantes para que generen sus interrogantes, que descubrirán en la indagación y, en definitiva, hallar un sentido para sus vidas. Esta postura convoca a la guía del profesor para que los jóvenes realicen un proceso de investigación. De este modo, se percibe que tanto el docente como los alumnos poseen un rol muy activo en las clases. Este trabajo compartido permitirá descubrir un auténtico sentido para que los jóvenes puedan relacionarlos con su cultura y si vida cotidiana.
Si profundizamos esta nueva opción didáctica podremos descubrir que los docentes necesitamos generar experiencias que inviten al crecimiento personal. Esta tarea experiencial fomenta el acercamiento de las personas a los objetos de estudio y sobre esta base, permite establecer vínculos como resultados de la experiencia sensible y alcancen un saber inteligible. Los docentes debemos tener en cuenta que nosotros acercamos el conocimiento y guiamos a los estudiantes para que realicen nuevas producciones. Así, cultivarán habilidades que ayudan en la formación de cada persona.
¿De qué manera implementamos el método histórico en las aulas?
Esta meta se puede alcanzar al priorizar la labor de historiador, y al implementar estrategias didácticas innovadoras que facilitan acercar a los estudiantes al tipo de investigación que se relaciona con el método histórico.
En este sentido, se debe partir de interrogantes, elabora un plan de acción para hallar respuestas y elaborar sus argumentos. Este trabajo implica un pertinente manejo de las fuentes históricas, sobre la base de la crítica de esas mismas fuentes sumada a la crítica textual que examine el contexto, y las narrativas que construye el relato histórico. Por cierto, esto introduce un espacio para la divulgación y el debate.
Un buen camino para implementar este tipo de estrategias didácticas innovadoras, que facilita descubrir la riqueza que brindan el método histórico en relación con las técnicas utilizadas por los historiadores, podría efectuarse a partir de invitaciones a ocupar por un momento el rol de un detective con la intención de dilucidar la propia pesquisa sobre las fuentes. Esta es una idea muy comentada en la bibliografía especializada, aunque no se observa realmente su aplicación constante en las aulas. Con esta propuesta se pretende que los estudiantes partan de una incógnita que deben develar, establecer una posible solución y, además, tendrán que construir claramente un recorrido que llevará a cabo en este proceso.
Al introducir a los estudiantes en la implementación del método científico (siempre generando experiencias) se busca, por un lado, dejar atrás las enseñanzas sobre una verdad acabada o una serie de datos y valoraciones que deben aprenderse de memoria y, por otro lado, atender la coherencia interna de la ciencia, ofreciendo elementos para acercarlos al conocimiento científico. Es más significativo para los estudiantes iniciarlos en el camino de la indagación para que puedan elaborar sus propios conocimientos; que sólo recordar información a la que no le otorgarán significado. “Es más interesante que los alumnos comprendan como podemos conseguir saber lo que pasó y como lo explicamos que la propia explicación de un hecho o período concreto del pasado.” (Prats y Santacana, 1998, p. 155) Negar a los escolares conocer los procesos de elaboración del conocimiento científico responde a una enseñanza doctrinaria, rígida, tradicional que se resuelve en la reproducción de la información. Todo proceso educativo que esconde la manera en que se adquiere la información y como se produce el saber, sólo logra un cuerpo de conocimientos que puede caer en relatos superficiales, sin sustento científico que frecuentemente no tiene mayor impacto en los estudiantes porque ellos no encuentran sentido para sus vidas.
En la medida que las tareas de los docentes se acerquen a las del investigador histórico, las clases se enriquecen y superan el desinterés de los estudiantes. También colaboran en descubrir un verdadero sentido a lo nuevo que se les presenta en las clases de Historia. “Cuando los alumnos se implican en las investigaciones se hace posible que se acerquen a lo que hacen los historiadores”. (Kiston, 2015, p. 86) Además, tener como centralidad en las estrategias didáctica la utilización del método histórico ayuda al desarrollo de las habilidades del pensar históricamente, y ubica al docente en el trabajo de todas las habilidades relacionadas con la implementación del método histórico en las clases, lo que convocan a los estudiantes a realizar investigaciones históricas.
Para poner en marcha adecuadamente en las clases el método histórico, es necesario observar la escritura y las prácticas de investigación que llevan a delante los historiadores para tomarlo como modelo experto. Es decir, se necesita un análisis y reflexión sobre los procesos de investigación por parte de los docentes, y, así, descubrir el vínculo estrecho con el ámbito epistemológico, porque abarca aspectos vinculados con la naturaleza del conocimiento histórico (conocimiento en permanente construcción y reconstrucción; objetividad procedimental, dimensión temporal de los acontecimientos estudiados e interpretación crítica).
Frente a esta nueva propuesta, los docentes no debemos renunciar a crear espacios de asombro. En efecto, el asombro invita a descolocar al estudiante y sacarlo de sus preocupaciones o su indiferencia para que se disponga a querer conocer algo que ignora y que, al ser presentado adecuadamente por el docente, le despierta un interés genuino.
Resulta obvio que, cuando a los estudiantes se asombran comienzan a indagar algún objeto que les interesó, parten de una incógnita que deben descubrir. Luego establecen una posible solución, y en particular la elección de un recorrido que realizarán para esclarecerla. En este recorrido surge el trabajo con las fuentes históricas. En la medida que la elección de dicha incógnita sea libre tan solo con la supervisión del docente aumentan las posibilidades que los jóvenes se comprometan con sus aprendizajes de una manera sustancial. Para los estudiantes esta sugerencia didáctica los invita a que asuman un rol activo en la elaboración de sus propios conocimientos con la ayuda del docente. Ante esto, y dentro de las posibilidades con las que contemos, puedan desarrollar sus capacidades, entrando en contacto con nuevos materiales para analizarlos y elaborar sus conclusiones.
Como hemos mencionado, en el nivel secundario el trabajo de indagar no es frecuente y, por lo tanto, los estudiantes necesitan una guía constante por parte del docente. Cabe aclarar que es muy viable comenzar con el trabajo en equipo. Esto implica desarrollar anteriormente o simultáneamente estas habilidades específicas. De otro modo se contratará en un trabajo grupal sin mucha organización ni crecimiento. Luego de esto, especialmente, en los cursos superiores, es pertinente comenzar la presentar propuestas que atiendan los intereses de forma más persona generando investigaciones individuales.
Esta propuesta centra su desarrollo en el trabajo sobre habilidades específicas como, por ejemplo, el manejo de fuentes. Diferenciar esta labor implica que los estudiantes cultiven el procedimiento de conocer el autor de la fuente, como también contextualizar, analizar, interpretar, reflexionar. También no pueden faltar la capacidad del manejo de la temporalidad. No es suficiente que los estudiantes lean y realizan un breve análisis de la fuente para aportar información a la explicación del docente. Además, de ser posible, deben desarrollar habilidades para captar las características del texto, su dicción, la forma de exponer los hechos y otros indicios relacionados.
Por todo lo expuesto compartimos las ideas de historiador francés Marc Bloch cuando escribió: “La Historia no es como la relojería ni como la ebanistería, es decir no es estática o inmóvil. En cambio, es un esfuerzo encaminado a “conocer mejor”; y en este sentido, la Historia es una ciencia en movimiento.” Concretamente, este dinamismo de la disciplina es lo que primariamente debe transmitir el docente de Historia a sus estudiantes. (2000, p. 78)
Bibliografía
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Bloch, M. (2000). Introducción a la Historia. 10 reimpresión. Fondo de Cultura Económica
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Prats, J. (2000). Dificultades para la Enseñanza de la Historia en la Educación Secundaria: Reflexiones ante la Situación Española. Revista de teoría y didáctica de las Ciencias Sociales, (5). Universidad de los Andes.
Trepat Carbonell, C. ,Comes, P. (2006) 6ta edición. “El tiempo y el espacio en la didáctica de las Ciencias Sociales”. Barcelona. Editorial Grao.
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