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Como docente de Educación artística, lenguaje-música, pretendo recordar y establecer relación entre los pasos por la escuela junto a mis alumnos y la situación actual en términos educativos. Ese lugar de encuentro y propuestas alcanzadas por las necesidades de las familias y desencuentros. No era fácil…las urgencias siempre apremian, hay maneras y formas, hay relatos y acciones, hay deseos y decisiones. Los gobiernos pasan, desarrollan sus políticas y establecen plazos, analizan y evalúan la situación en que se encuentran y justifican sus ausencias, poniendo siempre en otros las responsabilidades de aquello que no se hizo y prometiendo cuestiones que nunca llegan, o al menos, cuando arriban ya es demasiado tarde. Si pienso en aquellos chicos, mis alumnos, que a pesar de todo y todos estaban en la escuela, con sus familias acompañando en muchos casos y otros, como podían, pero en la escuela. Era ella una oportunidad de ascenso social, de progreso y logros. Era en la escuela donde aprendían, donde a través de salidas educativas conocieron teatros, museos y universidades.
Era a través de ella que participaban de encuentros artísticos, de conciertos y Ferias de Arte. Allá íbamos de canto colectivo, coro y al ritmo de los instrumentos que dibujaban las melodías y acompañaban su ritmo. Cuanto disfrute, cuanto compromiso y respeto por la tarea. La situación no era fácil, faltaban recursos, políticas educativas claras y cambios metodológicos que dieran respuesta a las necesidades educativas de los chicos, “aprender a leer y a escribir”. Esto no es nuevo para quienes tenemos mucho camino recorrido en la escuela, entendemos cual es la manera simple de acompañar a un niño para que aprenda, para que pueda comprender la realidad y transformarla, creando un clima propicio para reflexionar y analizar cada situación que se presente y superarla o no, pero al menos intentarlo. No siempre estaban las familias, no siempre se podía, pero sí era seguro el respeto por la tarea y el esfuerzo por salir adelante. Era ahí, en la escuela, ese era el lugar de progreso, ascenso y de prestigio ….por así decirlo. El desgaste no vino solo, las políticas educativas desorientan y no persiguen un proyecto de país que acompañe y enmarque nuestros deseos y creencias. Que de sentido a la formación y capacitación y así, de esta manera recorrer el camino con “pie firme” afirmando conocimiento y construyendo presente para proyectar futuro.
Es posible un proyecto educativo y políticas públicas sin ataduras político-partidarias.
Pensar a largo plazo, en la continuidad de una propuesta y fortalecerla, en vez de destruirla, tachando y borrando para escribir una, otra y otra más. Recuperar los valores que nos sostienen como sociedad es apremiante e impostergable.
Como les decía a mis alumnos, agradeciéndoles cada clase compartida, “el esfuerzo da sus frutos, la constancia y la dedicación nos fortalece y reconforta”.
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