Movilidad Social y Educación

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El regreso a clases ha vuelto a poner de moda la conversación sobre temas relevantes de la educación y la expectativa de movilidad social. Desde Rosendo Grovo (Infobae, 2026; Infobae y Cartografías, 2026) hasta la revisión de los resultados del examen PISA —que llegarán nuevamente en septiembre, con la consabida información vinculada a la comprensión lectora y a las habilidades básicas escolares—, el debate se intensifica.
Los problemas de disciplina en colegios e institutos han dado literalmente la nota durante todo este año. Los educadores se vuelcan a debatir asuntos concernientes a lo escolar, mayoritariamente desde las generaciones de baby boomers y generación X, y un poco menos desde los millennials y la generación Z. Recién la semana pasada hubo un escándalo en México por el examen de admisión a la UNAM (Universidad Nacional Autónoma de México) (Betancourt, 2026), que evidenció el valor que los latinoamericanos otorgan a la educación superior. En España, el examen de la Prueba de Acceso a la Universidad (PAU) aviva polémicas y cuestionamientos en el centro del debate.
Aunque algo está roto en el sistema —por un lado, la gente (padres de familia) empuja para que sus hijos obtengan un título; por el otro, nunca hubo tantos conductores de Uber (remises) con magísteres en el mundo—, la tensión es evidente.
La inteligencia artificial (IA) ha puesto de manifiesto que los laburos, tal como los conocemos, van a cambiar: el piso de entrada es más alto y especializado. Al mismo tiempo, las formas tradicionales de ganarse la vida también han sido modificadas por las economías emergentes basadas en el emprendurismo, el uberismo y los rappitenderos. Las generaciones jóvenes no están convencidas de que su futuro sea una situación laboral de 9 a 5, con una rígida y lenta promoción organizacional vertical, salarios estancados, estrés y poca satisfacción de vida.
Según la revista científica (Sanz Labrador, 2026), ha habido un gran impacto en la disminución de puestos de trabajo, particularmente aquellos susceptibles de ser realizados por una IA. Se hace hincapié, no obstante, en que los laburos de servicios son los que menos impacto han recibido. Y se entiende: oficios que requieren que alguien limpie, prepare alimentos o sirva son difícilmente suplidos por la tecnología, al menos hasta el momento. Aunado a este análisis, hay que observar que muchas de estas actividades económicas son las que reciben peor pago, y múltiples de ellas dependen de la propina para completar un salario “sobrevivible”.

La promesa de una movilidad social —ese valor de vida— ha quedado opacada por una sociedad cada vez menos fluida. Particularmente en un país como la Argentina, que terminó el siglo XX con una creencia enraizada de ser un país de clases medias (Benza y Kessler, 2020; Cosse, 2014). Esa era “el aura” de la nación de la pampa. Durante años, Bourdieu (Bourdieu, 1984; King, 2000; Reckwitz, 2002) nos refería que poseemos un capital distinto (no necesariamente dinero, sino algo intangible) inherente al ambiente donde nacimos, crecimos y desarrollamos nuestras predisposiciones: no solo de clase, sino también culturales, sociales y de distinción, mediante símbolos. Es lo que se llama el habitus: nuestra predisposición a los elementos de nuestra existencia y realidad.
Al respecto, los reconocidos sociólogos Kessler y Piovani (2025) nos confrontan con una situación reveladora: los seres humanos no tienden a mezclarse demasiado en LATAM. Si naces en una clase social, tendrás una predisposición natural de “conocidos”; lo más seguro es que mueras con ese círculo tribal. En el libro Una sociología de la vida en común, de los mismos sociólogos, se habla de la homofilia y la multiplexidad. La primera se refiere a que tendemos a relacionarnos con gente similar a nosotros, que comparta niveles educativos, económicos y comunitarios afines. La segunda se vincula a que algunos de nuestros contactos pueden cumplir varias funciones a la vez. Por ejemplo, alguien puede ser compañero de escuela, pareja sentimental y, posteriormente, compañero o jefe de laburo.
Lo que plantean estos sociólogos es que realmente no nos mezclamos tanto. Aunque la escuela, durante la mayor parte del siglo XX, sirvió como agente de movilidad social, al haberse registrado una disminución del poder adquisitivo desde finales de los años 80 hasta los albores de los 2000, la capacidad de los argentinos para mezclarse se vio reducida. El poder de la cartera —la plata disponible— pesa en la realidad más que los títulos universitarios.
La pobreza y la caída de los salarios son escasamente igualitarias (justas y equitativas). En Instagram pululan historias de gente que tiene varios títulos académicos, habla idiomas, posee másteres (magísteres) y no gana lo suficiente. El fenómeno es internacional: ocurre en España, México, Canadá y otros lugares. El acceso a la educación de masas, si bien un triunfo de las luchas en Latinoamérica también evidenció el cansancio de un modelo en el que la saturación de diplomas depreció y pauperizó su valor. Lo que abunda en el mercado no genera valor; fue la escasez de profesionales en las sociedades de la segunda mitad del siglo XX lo que movilizó, en una generación, el cambio de paradigma y de pertenencia de clase.
En conclusión, la hipótesis de movilidad social por medio de la educación parece en extinción, allí donde el e-commerce y la ubereconomía prevalecen sobre el destino de los hogares de la gente que conocemos. Todavía, cuando alguien se gradúa, lo llenamos de líquidos y lo duchamos de colores: representa un símbolo de logro no solo para el individuo, sino para su entorno. Para una comunidad entera, cada diploma sigue resonando en la esperanza de un mejor futuro, en el que se invirtió dinero, apoyo, solidaridad y tiempo. Habrá que ver si, en una o dos generaciones —aproximadamente a mediados del siglo XXI—, seguimos sosteniendo las creencias y la organización social según las cuales la educación puede impactar positivamente en un individuo y, con esa movilidad social, arrastrar a su entorno a una mejor vida, con un mejor laburo y, en suma, el prestigio social que nos prometió el acceso a la educación de masas, pavimentado por Sarmiento y Roca, pasando por Yrigoyen y finalmente por Perón (Huergo, 2015), que le dio forma al sistema universitario como lo conocemos hoy. En suma, pese a las críticas, habrá que decir: ¡Aguante la universidad!

La nota fue realizada par ala revista El Arcón de Clio por Gerardo Betancourt Rubalcava. Cursó estudios en la Universidad de Toronto (U of T), la UBA (Buenos Aires), la UNAM y UNITEC. Experto en educación, derecho, trabajo social crítico en salud, deportes LGBTQ y sexualidades.

 

Bibliografía utilizada para el texto.

BENZA, G. & KESSLER, G. 2020. ¿Que fué de la movilidad social? ¿Que fué de la movilidad social? Buenos Aires, Argentina: Le Monde Diplomatique: Capital Intelectual.
BETANCOURT, G. 2026. UNAM: Examen de control. Nexos [Online]. Available: https://educacion.nexos.com.mx/unam-examen-de-control/ [Accessed 12 de agosto 2026].
BOURDIEU, P. 1984. Homo academicvs, California, U.S., Standford University Press.
COSSE, I. 2014. Mafalda: A social and political history of Latin America´s global comic, Buenos Aires, Argentina, Fondo de Cultura Económica Argentina.
HUERGO, J. 2015. La educación y la vida: Un libro para maestros de escuela y educadores populares, La Plata, Argentina, Ediciones EPC de Periodismo y Comunicación.
INFOBAE, R. G. 2026. La crisis educativa Argentina: Por qué gastamos más y aprendemos menos. In: INFOBAE (ed.). Buenos Aries, Argentina: YouTube.
INFOBAE Y CARTOGRAFÍAS, C. R. G. 2026. «Estoy preocupado de verdad por la educación en Argentina»: Rosendo Grobo. Buenos Aires, Argentina: YouTube.
KESSLER, G. & PIOVANI, J. I. 2025. Una sociología de la vida en común, Buenos Aires, Argentina, XXI Siglo Veintiuno.
KING, A. 2000. Thinking with Bourdieu against Bourdieu: A ‘practical’ critique of the habitus. Sociological theory, 18, 417-433.
RECKWITZ, A. 2002. Toward a theory of social practices: A development in culturalist theorizing. European journal of social theory, 5, 243-263.
SANZ LABRADOR, I. 2026. La formación profesional, palanca de productividad en una economía de servicios. Profesiones, 222, 26.

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