Mirando el rol del coordinador-maestro en filosofía para niñ@s Primera parte

A partir del Programa Filosofía para Niños, queremos en esta oportunidad proponer una mirada crítica sobre el rol del coordinador-maestro en las sesiones o clases. Filosofía para Niños y Niñas es un proyecto educativo creado por Matthew Lipman a fines de los años ’60, conocido internacionalmente como Philosophy for Children, que intenta acercar la filosofía a las aulas, buscando promover que niños y niñas desarrollen su capacidad crítica, su creatividad y su compromiso ético. El propósito general del programa consiste en aprender a pensar con un pensamiento de mayor grado de complejidad en forma cooperativa o colaborativa, transformando las aulas en comunidades de indagación filosófica a través del ejercicio del diálogo y la reflexión.

En una sesión de FpN, el docente pierde su función tradicional de poseedor de conocimiento, y se asemeja más a un  mediador o un animador. Deja de ser la fuente del saber, deja de impartir conocimientos para comenzar a formar parte de una comunidad de investigación y cuestionamiento filosóficos. Siguiendo a Paulo Freire, el docente coordinador de FpN no deposita en sus alumnos contenidos para que los memoricen mecánicamente; no desempeña una “educación bancaria” sino, por el contrario, una pedagogía crítica, problematizadora y, por lo tanto, liberadora y fundada en el diálogo.

El coordinador-docente no está ahí para tranquilizar a los otros ni a sí mismo. Él está ahí para provocar esa inquietud que es inherente al pensamiento. Se caracteriza, entre otras cosas,  por un gran respeto a las personas con las que trabaja y a sus procesos de desarrollo tanto cognitivo como emocional. Alguna vez alguien dijo que el coordinador  tiene que ser pedagógicamente fuerte y filosóficamente débil; idea que parece plausible  ya que sobre él recae la responsabilidad de llevar adelante un diálogo donde no haya burlas o menosprecio sobre las ideas que se ponen en discusión, se respeten los turnos para hablar, se apoye a los que menos participan para que vayan tomando confianza sobre sus ideas y comiencen a intervenir con mayor decisión. La cualidad de humildad implica una tarea sumamente difícil que consiste en suspender el juicio, dejar de lado las propias certezas e ideologías, para que otros crezcan, parece ser lo más complejo de este rol en la comunidad de indagación.

No debemos olvidar que los temas de discusión, en la comunidad de diálogo filosófico, no tienen características de conocimiento acabado. Son temas de discusión que  llevan  a que cada integrante  pueda modificar con la ayuda de los otros sus propias ideas; o, por el contrario, elaborar argumentos más sólidos que las confirmen y fortalezcan. Se advierte una oposición entre la clase magistral en la que se imparte un producto y la discusión en la que el producto se establece, el lugar y la primacía de la pregunta y la valoración del proceso por sobre el resultado, nos remiten a un posicionamiento diferente del docente en las sesiones de FpN.

Pueden surgir temas controversiales y en tal caso el coordinador debe favorecer para que en el diálogo se pongan en juego los mejores argumentos de las dos o más posiciones que están siendo discutidas,  independientemente de lo que el coordinador como individuo piense acerca de los problemas o cuestiones que se estén tratando. Desde esta postura como docentes se propone un no a las certezas y un sí a los cuestionamientos y a las preguntas en un clima áulico de respeto por las posturas individuales defendidas con buenas razones; y un esmerado cuidado de las normas establecidas por la comunidad de indagación  como así también por aquellas que son necesarias para que todos puedan pensar y expresarse con libertad y en igualdad de condiciones.

Como sostienen Splitter y Sharp la comunidad funciona a contrapelo de muchas metáforas tradicionales para describir el rol docente. El docente funciona como modelo del niño en cuanto al comportamiento que manifiesta y a la apreciación de la discusión. Es claro que si el docente no aprecia la discusión, no la valora, difícilmente podrá lograr que sus alumnos lo hagan. Un docente que no filosofa no logra hacer que sus alumnos lo hagan. Se requiere un docente responsable y comprometido en su rol, dispuesto a cuestionar y a cuestionarse; capaz de contagiar su entusiasmo y pasión por la filosofía a sus alumnos. De no ser así, la propuesta fracasa.

Siguiendo a Lipman y a Sharp, adherimos al rol del coordinador como árbitro en lo procedimental y agente provocador en lo conceptual. En La filosofía en el aula Lipman utiliza la metáfora del árbitro para referirse al rol del coordinador el FpN. El rol del docente se asemeja al de un árbitro en el sentido de que el docente debe guiar la discusión, señalando los errores en el juego; identificando en los procedimientos las faltas, el no cumplimiento de las reglas establecidas. Hace una analogía entre el juego y la discusión filosófica; es por ello que señalará los errores en la argumentación, las inferencias incorrectas y, trascendiendo las funciones del árbitro, estimulará a los alumnos en la búsqueda de de la mejor manera de razonar, valorando el sentido del pensar correctamente. Asumirá, por otro  lado, en el aspecto conceptual, un papel complementario velando por el cuestionamiento y la problematización de los temas planteados. Como sostienen Sharp y Splitter estará atento para intervenir cuando la comunidad corra el riesgo de caer en la complacencia, perdiendo de vista la posibilidad de caer en el error.

Lo planteado supone una serie de saberes que habiliten al docente-coordinador desde su comportamiento como modelo y desde su rol de agente provocador. Estos saberes serán los que hagan posible la propuesta y el seguimiento de un tema filosófico, aún cuando el coordinador no sea un experto en la materia, por un lado; y, por otro, desde los procedimientos que ponga en juego para que el diálogo sea verdaderamente filosófico, diferenciándose de la mera charla o intercambio de ideas habituales en la escuela.

Mariana Laura Caputo. Adriana Passalia

 

Adriana Passalia
Acerca de Adriana Passalia 11 Articles
Adriana Passalia es Profesora en Filosofía y Pedagogía por el Instituto Superior de Profesorado Sagrado Corazón, Licenciada en Calidad de la Gestión de la Educación, por la Universidad del Salvador, Especialista en Metodología de la Investigación Científica por la Universidad Nacional de Lanús. Y, en la actualidad, Maestranda en Metodología de la Investigación Científica, por la misma universidad.

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