Cómo enseñar a aprender. Capítulo 2: Docentes interpelados

Este texto es un fragmento del capítulo «Docentes interpelados» del libro Cómo enseñar a aprender, que ha sido publicado en el sitio del PENT FLACSO por cortesía de Editorial La Crujía y los autores Corina Rogovsky y Francisco Chamorro. Para leerlo completo, ingresar aquí.

La colaboración y el trabajo en red como estrategias
La colaboración y el trabajo en grupo en las aulas no es un tema nuevo en las agendas educativas, muchos docentes in- tegran instancias de trabajo grupal y promueven experiencias definidas de este modo. Sin embargo, nos parece importante poder compartir qué entendemos por colaboración en las aulas, qué queremos promover cuando hablamos de aulas colaborativas y qué habilidades cognitivas se ponen en juego cuando hablamos de colaboración.

Asimismo, nos parece importante centrar el foco en las instancias colaborativas que subyacen a las aplicaciones digitales y que se integran en las clases, ya que es posible encontrar:

  • Aplicaciones que promueven la colaboración a partir de propuestas pensadas para la escritura colaborativa, o la producción colaborativa en diferentes formatos.
  • Aplicaciones que dinamizan las comunicaciones al interior de los equipos de trabajo y propician el intercam- bio de ideas o acompañan procesos de toma de decisiones en grupos.
  • Aplicaciones que invitan a retroalimentar las producciones de otros, generando un ida y vuelta que enriquece el proceso de trabajo.

Estas tres modalidades implican instancias de colaboración con diferentes grados de involucramiento en el proceso, ya sea momentos de trabajo compartido, donde todos intervienen en un mismo producto; instancias donde se van generando acuerdos de manera paralela a la producción grupal, pero que impactan en el devenir de la misma; o retroa- limentaciones colectivas que se integran posteriormente al producto grupal. Es importante poner en palabras aquellos momentos que hacen al trabajo colaborativo y también a las diferentes modalidades de colaboración, como las que acabamos de describir.

Para este tipo de modalidades existen aplicaciones y herramientas digitales que acompañan y propician estos procesos. Contamos con documentos colaborativos o aplicaciones de diseño que permiten la participación de grupos de usuarios al mismo tiempo, con herramientas de chat para acompañar la escritura o el diseño colaborativo. Asimismo, existen también herramientas para comentar y alimentar los trabajos en grupo, de manera de organizar el proceso y enriquecer las producciones.

Ahora bien, cuando hacemos mención a la idea de aulas colaborativas, nos referimos a un tipo de aulas donde los estudiantes aporten sus conocimientos y habilidades para resolver juntos situaciones problemáticas, pero para ello, como contrapartida, deberíamos formularnos algunos interrogantes en tanto docentes, que interpelen el tipo de propuestas que queremos promover y nos inviten a pensar en cómo deberían ser las estrategias que diseñemos en nuestras aulas para que el trabajo colaborativo sea posible. Nos parece importante poner en palabras que, por el simple hecho de proponer un trabajo en grupos, el proceso implica colaboración genuina. Para que esto ocurra, será importante incluir propuestas que integren instancias de interacción en las que los estudiantes sean capaces de:

Generar intercambios.
Realizar aportes.
Escuchar receptivamente a sus pares, y poder considerar lo que es valioso para el cumplimiento del objetivo común.
Negociar sentidos al interior del grupo, hacer valer la opinión propia y aceptar la del grupo.
Construir entre todos, resolver en equipo.

Al respecto, David Perkins (2010), en su libro El aprendizaje pleno, plantea la relevancia de «aprender del equipo» aludiendo al valor de promover el trabajo entre compañeros. Un concepto que aporta este mismo autor es de estructuras de participación, el cual permite diseñar propuestas que consideran los modos de organización de actividades a través de roles y responsabilidades. En este sentido, Perkins analiza diferentes estructuras de participación que contribuyen al enriquecimiento del trabajo en las aulas. El autor identifica el trabajo en lo que denomina como a) Talleres de aprendizaje: donde la dinámica de taller, permite a los estudiantes visualizar las producciones de manera conjunta y conversar acerca de las mismas, pensar conjuntamente sobre los procesos de construcción y de las motivaciones que los llevaron a producirlas. Otra de las maneras de participación colaborativa es a partir de b) la Resolución de problemas en pareja: donde organizados de a pares, los estudiantes asumen diferentes roles con la finalidad de ayudarse mutuamente a pensar acerca del proceso de resolución de problemas. Por último, Perkins propone c) el trabajo en Comunidades de práctica: grupos en los cuales se construyen saberes compartiendo aprendizajes referidos a las propias prácticas, aquí los saberes provienen del hacer mismo, un hacer que se traduce en prácticas com- partidas (Rogovsky, 2015).

Ahora bien, nos interesa analizar el tipo de habilidades que se promueven con este tipo de trabajo en las aulas y que en algunas oportunidades no se llega a dimensionar, o simplemente se las pasa por alto porque parecen evidentes aunque no lo sean.

Al trabajar en grupos y emprender tareas colaborativas, los estudiantes deberán:

      • desarrollar la capacidad de escucha y la empatía hacia sus colegas;
      • confrontar sus ideas y las de los compañeros al interior de un equipo;
      • argumentar;
      • establecer vinculaciones entre ideas y conceptos;
      • seguir la ilación de diferentes razonamientos;
      • defender sus posicionamientos e ideas;
      • negociar sentidos con sus compañeros;
      • extraer conclusiones a partir de los diálogos profundos del equipo.

    Todas estas habilidades se desarrollan en la interacción con otros, por eso nos parece fundamental generar las condiciones para que estos procesos tengan lugar en nuestras aulas.

    La colaboración significa dar un paso más allá de las tareas coordinadas en la división del trabajo y si bien colaborar puede incluir el hecho de cooperar, indudablemente implica algo más que eso. Colaborar implica involucrarse de manera comprometida en un continuo proceso de comunicación, en el cual el conocimiento se construye como condición de acuerdos progresivos hacia entendimientos comunes (Litwin, 2005).

    Nos resulta primordial la posibilidad de experimentar la colaboración en primera persona, es decir que para diseñar aulas colaborativas no serviría como ejemplo la figura del docente que trabaja solo, sino que sería más adecuada la figura de un docente que trabaja en red y que forma parte de redes de docentes más amplias, donde se intercambian estrategias, se exploran y descubren tendencias, se ensayan nuevos diseños y se mejora la pericia en este hacer colaborativoy en red. Para que las aulas sean colaborativas, los docentes tienen que pensarse a sí mismos, en tanto parte de redes más amplias de conocimiento.

    Francisco Chamorro
    Docencia e investigación del PENT. [email protected] Es Profesor en Ciencias de la Educación por la Universidad Católica de Santa Fe. Especialista en Educación y Nuevas Tecnologías, y diplomado en Gestión Educativa (FLACSO). Responsable de Innovación Educativa en el Colegio La Salle Buenos Aires y coordinador de proyectos transversales en la Red Educativa La Salle en Argentina y Paraguay. en el PENT-FLACSO, es tutor de la Diplomatura Superior en Educación y Nuevas Tecnologías.Coautor del libro «Cómo enseñar a aprender. Educación, Innovación y Tecnología en tiempos de crisis.»
    Corina Rogovsky
    Coordinadora de la Diplomatura Superior del PENT. [email protected] Magister en Tecnología Educativa en la U.B.A. Título de Tesis: «Las comunidades virtuales de práctica de docentes, focalizadas en temas de tecnología educativa: propuestas formativas y trayectorias docentes.» Licenciada en Ciencias de la Comunicación(U.B.A.), Especialista en Educación y Nuevas Tecnologías (FLACSO). Especialista en Tecnología Educativa (U.B.A.). Maestra de hebreo y educadora no formal.En el Pent Flacso, está a cargo de la Gestión pedagógica del diploma Superior en Educación y Nuevas Tecnologías y es docente en el mismo proyecto. Además, es docente de la Carrera de Especialización, miembro del equipo de Investigación y autora de cursos y experiencias formativas. Es miembro del Departamento de Investigación Educativa en la Organización La Salle. Es coordinadora de Tecnología Educativa en la Escuela La Salle Florida.Asesora instituciones educativas en temas de Tecnología Educativa.coautora del libro «Cómo enseñar a aprender. Educación, Innovación y Tecnología en tiempos de crisis.»

    Este texto es un fragmento del capítulo «Docentes interpelados» del libro Cómo enseñar a aprender, que ha sido publicado en el sitio del PENT FLACSO por cortesía de Editorial La Crujía y los autores Corina Rogovsky y Francisco Chamorro. Para leerlo completo, ingresar aquí.

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