Un extranjero en tu casa. Parte II. México

El IEMS-CDMX Semiescolarizado desde el punto de vista de alguien que viene de fuer. César Medrano Marisca, Académia de Lengua y Literatura

Dejé hacia el final de mi análisis el asunto de los estudiantes. Cuando llegué a su Pueblo mágico, la psicóloga que me entrevistó me hizo una pregunta que decía más o menos así: “¿cuál es el tipo de alumnos que usted espera encontrar en el IEMS?” Dije entonces: jóvenes motivados, deseosos por aprender y trabajar. Conscientes de la importancia que tiene la escuela para mejorar su entorno… y no sé cuántas candideces más. Lo cierto es que para un sistema así, tal cual está planteado, la mayor responsabilidad del éxito recae en la disciplina que tenga el estudiante para seguir una metodología de trabajo independiente, en la que el asesor docente brinda los apoyos o andamiaje necesario, para soportarlo en un primer momento y después, encaminarlo para ser autónomo. ¿Cuál sería el estudiante modelo para esto? Veamos el perfil de egreso de la Educación Básica y allí está… ¡en papel!

La Maestra Pizano reconoció, al inicio de su gestión, que el tejido social en el IEMS está “un poco resquebrajado”: “problemas de nutrición, violencia intrafamiliar, adicciones, alto índice de embarazos y falta de recursos económicos para acudir a la escuela.” Además “una tasa de deserción de 50 por ciento y al menos la quinta parte de sus 30 mil alumnos tienen materias reprobadas.” (Cruz Flores, Alejandro. “Tejido social en el IEMS, resquebrajado”. La Jornada, 14 de enero de 2017).

Los estudiantes de semiescolarizado tienen además otras cualidades: la mayoría ya fueron rechazados desde el ciclo básico: acabaron la secundaria sólo por voluntad estadística del sistema para sacarlos. Me consta, porque trabajo en secundaria, que la consigna es: “ponerles seis, para que se vayan”. Es decir, carecen de las más elementales herramientas que promete el Sistema Educativo Nacional. Primer filtro.

El segundo filtro lo impone la COMIPEMS a través de su examen. No sólo no pueden aspirar a las instituciones más prestigiosas que exigen promedio mínimo de siete, sino que les asignan escuela, o derecho a escuela, y son estas a las que llegan los rechazados, con el estigma social que tiene implícito.

El tercer filtro se los impone la carencia (tal vez fue el primero): al no acceder a esas escuelas, la opción de educación privada, ya no digamos de alto o medio costo, les es más lejana. Por suerte tenemos el IEMS y nuestro cuarto filtro: del sistema escolarizado los mandan al semi.

Pero allí no acaba la cosa: muchos de nuestros estudiantes son repetidores, desertores de otros sistemas, adultos con estudios truncos, migrantes, expolicias y guardias de seguridad, vendedores ambulantes (en todas sus variedades y mercancías), personas que han vuelto de donde andaban, etcétera.

Y sin embargo, hay que decir en justicia, que son sobrevivientes del Sistema Educativo Nacional y de los contextos tan adversos por los que atraviesan; y que a pesar de todo, todavía tienen esperanzas en la escuela como medio para mejorarse a sí mismos y su futuro.

Llegados a este punto de análisis, comparando lo que dice el Proyecto y lo en los hechos hacemos en esta modalidad, se podría decir que el semiescolarizado es un servicio educativo subcontratado que se ofrece en las instalaciones del IEMS y que éste certifica, pero que no se corresponde con lo que promete en lo que respecta a las prestaciones de la infraestructura, el planteamiento curricular, el trabajo docente, etcétera.

Resumiendo y proponiendo diré: sí, el IEMS semiescolarizado atiende una apremiante necesidad social, pero lo hace desde una perspectiva, a mi modo de ver, incorrecta. Primero, no es la demanda en abstracto lo que sólo debería guiar sus servicios, sino las características de la demanda; segundo, se debería ofrecer el servicio atendiendo a esas características, a través no sólo de asesorías tipo clase (si todavía insistieran en mantener un absurdo gasto, a mi modo de ver, por ineficiente), sino también con colegios permanentes de acompañamiento, es decir, espacios a los cuales los estudiantes puedan asistir para recibir apoyo más allá de sus clases; tercero, dignificar el trabajo de los docentes, reconocer su — 6 — profesionalismo dando seguridad laboral y la posibilidad de reunirse en academias; cuarto, dar el apoyo necesario a los enlaces responsables del sistema semiescolarizado, recursos y personal, pues su sobreexplotación no sólo es indignante, es riesgoso para la operación del sistema, ya que son ellos, como personas, quienes llevan la mayor responsabilidad y desgaste; quinto, retomar los contenidos y adecuarlos a una metodología con estas características, situadas, para que sean coherentes entre el trabajo en clase y el estudio independiente; y sexto, repensarnos y asignarnos recursos también, para no ser los invitados de la casa, sino miembros con derecho de esta familia.

Soy extranjero, vengo de fuera. De verdad me gusta tu pueblo, quisiera quedarme acá. Invítame.

César Medrano Mariscal, profesor de Lengua y Literatura del Sistema Semiescolar
del IEMS-CDMX (Instituto de Educación Media Superior
de la Ciudad de México)

Observatorio Pedagógico del Valle de México
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