Sobre el sentido de educar

La escuela, tal como la conocemos en la actualidad, es una institución nacida en el Siglo XIX, siendo parte del proyecto de las sociedades industrializadas y emergentes. Asimismo, ese contexto resulta heredero de una tradición que genera un hito en la historia de la humanidad: el surgimiento de la ciencia moderna en tanto campo de estudio alrededor de 300 años antes.

Podría afirmarse que, desde siempre y en cada etapa de la historia, la educación constituye un gran problema, no sólo por sus mensajes, sino también por los vínculos de poder que se tensionan en torno a ella.

La pregunta excede a quién enseña, qué se socializa, por qué y para qué se hace. Al existir intereses creados, la práctica pone en disputa a sectores que defienden principios conflictivos. El debate entre mantener el status quo o inspirar transformaciones viene de larga data, podría decirse que desde Sócrates y la Antigua Grecia, pero está cada vez más intacto.

De alguna manera, el filósofo y pedagogo Pablo Romero García (Montevideo, Uruguay, 1974), recupera todas estas inquietudes y las trasciende en su libro de ensayo Sobre el sentido de Educar (2021, Penguin Random House Grupo Editorial), una obra que reúne sus inquietudes como divulgador y docente, confirmándose así como un libre pensador que desde diversos ámbitos -espacios escolares, radio, televisión, gráfica- interpela permanentemente a su propio tiempo y lugar.

El punto de partida está dado por las ideas de cultura y educación, consideradas conjuntamente en perspectivas de derechos humanos, una verdad que parece estar más sostenida desde los discursos y buenas intenciones que desde sus efectos concretos para estar al inmediato alcance de la población. El autor advierte que si no hay acuerdo en torno a este asunto, ignorado respecto de su relevancia e impacto, será prácticamente imposible resolver deficiencias de base que se van reproduciendo exponencialmente.

La riqueza del texto -ganador del Premio 2020 a ensayos sobre Educación, organizado por la Gran Logia de la Masonería del Uruguay- está dada por la combinación entre la claridad de sus argumentaciones -a partir de una narración sencilla, amena, dinámica, a la vez profunda- y una forma de organizar los contenidos que posibilita visitar magistralmente aquellos interrogantes capaces de guiar los fundamentos centrales de cada eje de planteos: Formación Docente; Desigualdad y exclusión; Nuevos tiempos, nuevas oportunidades; El papel de la filosofía y las humanidades.

En dos décadas como profesional de la educación, Romero García advierte como principal alarma el alto índice de abandono y repitencia escolar que hay en los liceos de su país. Resignificando ideas de Bourdieu, interpreta que las diferencias económicas son un factor determinante para esta situación, pero también analiza el grado de precariedad que hay en muchos hogares uruguayos, donde los estudiantes ni siquiera disponen de un espacio para poder enfocarse en sus estudios, la lectura atenta y el diálogo con los conocimientos. Esta realidad, generalmente presente en los sectores más humildes, desencadenan una trama de decepción, abulia y poco acompañamiento para revertir la adversidad, algo que se potencia al no contar con un mensaje familiar que aliente la condición indispensable de la escolarización.

Con anclajes en circunstancias ineludiblemente políticas, el libro interpela la formación docente de los años 90, una década de corte neoliberal que agudizó aún más las diferencias de origen y se preocupó primordialmente por las formas antes que por la resignificación de un espacio (la escuela) que necesariamente se volvió factor de resistencia, ilustrada por las ideas de Foucault en cuanto a la circulación del saber en contextos mediados por el poder de los actores educativos.

En otro orden de análisis, se recupera el aporte de ilustres protagonistas en la historia de la educación de la República Oriental del Uruguay: Carlos Vaz Ferreira y Antonio Grampone, quienes dan impulso a dos modelos distintos de pensar los sistemas educativos oficiales. Por un lado, la universidad; por el otro, las escuelas. ¿Para qué deben preparar cada una de ellas? ¿Realmente son indisociables? ¿A qué grupos estará beneficiando? ¿La mirada academicista se vuelve elitista y la pedagoga atiende más a los contextos cotidianos? ¿Es legítima esta división? Quizás, esas dos líneas de continuidad, icónicas como estandartes en la creación de la UDELAR (Universidad de la República) y el IPA (Instituto de Profesores Artigas), no hayan sido diamentralmente opuestas, sino más bien complementarias, una asociación que Romero propone como conciliatoria entre ambas vertientes; tener en cuenta esa conjunción permitiría articular dimensiones para optimizar los procesos de enseñanza y aprendizaje, inclusión y desarrollo, pertenencia y transformación social, por parte de las nuevas generaciones.

En tren de abordar políticas educativas que integren a los sectores relegados, el docente hace escala en la pandemia del Covid-19, que impuso nuevas maneras de abordar la educación, en parte contribuyendo a la oportunidad de mejorar las prácticas y hacer un relevamiento pormenorizado y metódico sobre las debilidades del sistema. Sin embargo, quedaron expuestas aún más las debilidades, puesto que la conectividad virtual sigue sin estar al alcance de toda la población por igual. A tal efecto, que el mundo quedara paralizado y aislado durante tantos meses, podría ser el motivo para que las autoridades tomen cartas en el asunto y realmente creen un proyecto sostenido de enseñanza, a tono con las exigencias de un tiempo que supone interacciones didácticas on line, dado que la información no es el problema en sí mismo, sino la adquisición, apropiación y socialización de saberes, lo cual implicará capacitación permanente de docentes y creación de hábitos en estudiantes para que puedan administrar su libertad y compromiso hacia el logro de su capacidad emancipadora respecto del derecho de la educación.

Romero García está convencido de que se necesitan transformar las experiencias educativas, hoy llamadas a construir una alternativa dimensión social, más real que ideal, en que los involucrados crezcan a partir de valores como la solidaridad, el respeto y el ansias de saber, para aportar soluciones allí donde se evidencian serias problemáticas de fondo. Si el nivel secundario cumple con ese propósito, gran parte del camino estará allanado, puesto que se sentarán las bases de una pedagogía al servicio de las debilidades visiblemente latentes en la sociedad. En ese sentido, urge la creación de un Plan Nacional de Educación con objetivos a corto, mediano y largo plazo, sin verse interrumpidos por cambios en los gobiernos de turno o diversas coyunturas que obturen la propuesta.

En el texto, se resalta con énfasis el rol de la filosofía y las humanidades, tareas que son parte de la obligación ética y política del intelectual, no para discurrir estérilmente sobre asuntos alejados de la polis, sino como instancia para estimular la emancipación de ciudadanos críticos y reflexivos que estarán en mejores condiciones de expresar sus entusiasmos, preocupaciones o disidencias, a la vez de poder cuestionar el indisimulable monopolio de la tecnociencia, que aliena a los individuos al punto tal de, simbólicamente y en términos de Nussbaun, provocar un suicidio masivo.

Asumir el sentido de educar pasa por tener conciencia de las tendencias hegemónicas que inescrupulosamente ejercen su influencia en los países de la Región. El empoderamiento de las células postergadas requiere fundamentos para expandirse y encontrar identidad como fuerza colectiva. Así, soñar con una sociedad mejor dejará de ser una utopía.

Un auspicioso inicio para desandar esos otros y necesarios mundos posibles podría ser la lectura de este hermoso compendio de ideas que invitan a la acción, un trabajo elaborado con tanta sapiencia como humildad por la pluma del colega y amigo Pablo Romero García.

Acerca de Adrián López Hernaiz 20 Articles
Docente y divulgador de Filosofía egresado en la UNLP. Estudiante de Posgrado en Ciencias Sociales por la misma institución; su tema a investigar se vincula con La Noche de los Lápices. Con Ediciones Masmédula (editorial independiente de La Plata) publicó dos libros: En 2014 escribió una obra de relatos llamada LAS PALABRAS QUE NOS TRAJO EL VIENTO (organizada en tomos: “Primavera”, “Verano”, “Otoño”, “Invierno”). Para 2016 presentó ALGO QUE SEPAMOS TODOS (textos de filosofía en dos volúmenes: “De la caverna al sol”, con contenido más humanístico; “De la lupa al telescopio”, orientado a las ciencias). Esta producción ha sido difundida en ámbitos académicos de México y Uruguay; circula por escuelas, institutos de formación docente y una materia de didáctica de una universidad nacional del país. Actualmente, el autor trabaja en un libro basado en entrevistas a gente del arte, la ciencia, la cultura; así como también a activistas de derechos humanos y demás referentes que contribuyen a un mundo mejor. Su exposición está prevista para fines de 2020. Se desempeña como docente en escuelas primarias y secundarias; también en nivel universitario. Participa de Jornadas y Congresos a nivel nacional e internacional. Es columnista del programa radial “El Buscador”, que se emite por La Redonda (FM 100.3) de la ciudad de La Plata. También, colabora con textos para la revista digital educativa “El Arcón de Clio” y el portal de noticias “Miravox.info”.

3 Comments

  1. Una obra importante para pensar nuestra tarea docente, escrita por uno de los principales intelectuales de Uruguay, que espero puedan ir conociendo en Argentina y el resto de Latinoamérica. Me alegra saber de esta reseña, que aporta en ese sentido de que se vaya conociendo ahí a Romero García. Cordiales saludos desde Montevideo

  2. Una obra importante para pensar nuestra tarea docente, escrita por uno de los principales intelectuales de Uruguay, que espero puedan ir conociendo en Argentina y el resto de Latinoamérica. Me alegra saber de esta reseña, que aporta en ese sentido de que se vaya conociendo a Romero García. Cordiales saludos desde Montevideo

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