Hace poco un compañero del grupo de reflexión y divulgación filosófica Encavernados, me invitó a participar en una clase del Profesorado de Filosofía en el Instituto Sáenz de Lomas de Zamora donde fui docente muchos años; después de mucho tiempo estuve frente a estudiantes que se prestaron a escuchar la lectura y comentario de uno de mis trabajos. El texto trataba sobre la Filosofía de la liberación y en ese encuentro surgieron una serie de preguntas que dieron origen a esta reflexión, lo comparto en agradecimiento a los estudiantes por hacerme pensar. Tiene la frescura e inmediatez de la situación y como les dije a ellos: es lo que les puedo decir ahora, en este momento, y quizás parafraseando a Platón, si nos volvemos a encontrar lleguemos a otras conclusiones.
Preguntaron si hacer filosofía responde a una necesidad o a un deseo. Los seres humanos para poder vivir necesitamos comprender la vida y la realidad en la que estamos inmersos de alguna forma, comprender qué es esto que nos rodea y quiénes somos dentro de ese todo. Y eso es necesario para poder vivir, en verdad hasta la vida cotidiana, la vida vulgar, se enmarca en una teorización de esa vida, porque sin saber quiénes somos y qué hacemos
acá, sin darle un sentido a esta realidad y a la vida no se puede vivir.
Hablamos de una filosofía, un pensamiento propio, personal y también colectivo, una actividad filosófica como tal; toda cultura necesita explicarse a sí misma, saber cuáles son los fundamentos sobre los que vive, sobre qué base se sostiene para poder desarrollarse.
La filosofía así planteada es un saber de vida como dicen los filósofos latinoamericanos, una necesidad. En algunos seres humanos surge también el deseo de dedicarse a esta forma de ejercer el pensamiento que resulta en la práxis filosófica, es algo que pertenece a todos los seres humanos. Los seres humanos somos filosóficos de por sí, “animales
metafísicos” como nos decía Kant.
Decimos que los filósofos siempre piensan su realidad, con esto queremos decir que, aunque se pretenda que hablan para todos los hombres, las preguntas que se hacen surgen de su experiencia, de lo que sucede en su lugar, en su espacio, en su tiempo, por eso decimos que el pensamiento filosófico es situado. Siempre la filosofía es, como plantea
Hegel, la forma más acabada, más racionalmente profunda de responder a la pregunta por la realidad. Nosotros decimos “la realidad” así en singular, pero no hay una sola, hay múltiples realidades complejas. Cada pueblo vive dentro de su realidad, dentro de su experiencia histórica, dentro de su geografía y sus hechos particulares, dentro de su Mundo y a eso responde. Aunque se pretenda preguntar quién es el hombre, la cuestión es, en qué hombre se está pensando; siempre se piensa dentro de la realidad y la cultura en la cual está inmerso quien piensa.
Para pensar la realidad propia no es necesario conocer otras, en principio lo básico es conocer la propia. Conocerla en todos los aspectos que la cultura de un pueblo tiene, en las diferentes dimensiones de un pueblo. No son sólo las historias políticas o lo que tiene que ver con las luchas políticas, sino el arte, las creencias, la religión, la moral, la ética, su lengua; tiene que ver con todo lo que constituye una cultura. Toda cultura está constituida por esas dimensiones y son diversas. En el principio, como decía el oráculo de Delfos, es el “conócete a ti mismo”, que no sólo se puede pensar a nivel del individuo sino a nivel colectivo. Tenemos que conocernos y, para completarlo podríamos tomar la frase de Nietzsche: “Sé tú mismo”. No solamente conocer para saber quiénes somos, sino para ser lo que somos. Es decir que además de conocernos está la cuestión de la voluntad, el pasar a la acción.
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