Que la noción de calidad educativa encierra tantos matices como aristas ideológicas existan en cada persona, está claro. España

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Que la noción de calidad educativa encierra tantos matices como aristas ideológicas existan en cada persona, está claro.

Esa tan traída idea ha encabezado eslóganes propagandísticos y campañas de políticas educativas que se defienden en función de multitud de intereses, algo habitual en los sistemas educativos, sobre todo desde que los principios neoliberales penetran en ellos en busca de beneficios de todo tipo, más allá de los propios académicos. ¿Pero qué es la educación de calidad?

En septiembre de 2015, la Asamblea General de la ONU aprobó una resolución que contenía diecisiete Objetivos globales con 169 metas, entre los cuales el cuarto de ellos está dedicado a la educación. En la Resolución A/RES/70/1 Transformar nuestro mundo: la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, la primera de sus metas contenía un compromiso firme por la transformación del sistema educativo, en la línea de erradicar el abandono escolar como una de las causas del deterioro del desarrollo mundial: “De aquí a 2030, asegurar que todas las niñas y todos los niños terminen la enseñanza primaria y secundaria, que ha de ser gratuita, equitativa y de calidad y producir resultados de aprendizaje pertinentes y efectivos” (2015, p. 19).

Pero, como hemos dicho, la definición de “calidad” que se aclara en este enfoque de las Naciones Unidas varía, a pesar de esa nítida declaración de intenciones, según las distintas perspectivas y enfoques. Por ello, en un momento social en el que las brechas sociales y estructurales se agudizan, se hace preciso acotar todavía más si cabe el término y dirigirlo de forma definitiva hacia la idea de escuela como espacio favorecedor de inercias que beneficien a todas sus personas integrantes y que les permitan alcanzar el éxito sin que factores relacionados con condiciones socioculturales supongan un elemento desfavorecedor: es necesario, pues, pasar a entender la calidad educativa “como eficacia, como respuesta a las demandas de la sociedad, como valor añadido, como participación y satisfacción de los usuarios y como equidad” (Alonso et al., 2011, p.19), y más tras los efectos devastadores de la pandemia, que han evidenciado claros desajustes en los aprendizajes que sobre todo afectan al alumnado más potencialmente vulnerable.

La lucha contra el abandono escolar, la marginación, la exclusión o la segregación escolar son elementos clave para introducir esa idea de calidad educativa, y su impacto nos atañe a todos. La concreción del cuarto Objetivo de Desarrollo Sostenible y las acciones de la Unión Europea, a través de la Estrategia Europa 2020, que contempla la escuela como un elemento capital para promover el desarrollo del conjunto de sus regiones, han tratado de impulsar una serie de medidas de envergadura para reconducir la educación hacia el bien común, la búsqueda del equilibrio y el desarrollo sostenible. Sin embargo, sin una conciencia social y ciudadana clara en estos términos y sin la implicación de los principales agentes socioeducativos, esa noción de calidad no será sino un papel mojado que se defenderá cuando haya algún tipo de interés por medio, y no en beneficio de los más desfavorecidos.

Cada vez más, un sector amplio subraya la necesidad de relacionar la calidad educativa con recuperar el enfoque humanista de la educación, que ha quedado diluido ante la tiranía del capitalismo más salvaje y la meritocracia. En ese sentido, la UNESCO, en su publicación Replantear la educación. ¿Hacia un bien común mundial?, ya señalaba que “el planteamiento humanista aborda el debate sobre la educación más allá de la función utilitaria que cumple en el desarrollo económico. Se preocupa sobre todo por la inclusión y por una educación que no excluya ni margine” (2005, p. 37). El enfoque humanista parece, así, ir ocupando un lugar destacado en las bases que vertebran las políticas educativas de las distintas regiones del planeta, pero volvemos a lo mismo: si no se materializa en la autonomía de los centros, en sus proyectos educativos, en sus acciones transversales o en la labor del profesorado en el día a día de sus aulas (con la colaboración e implicación de otros sectores), la calidad educativa se desvanecerá en medio de la propaganda, ante las realidades injustas que pueblan diariamente cualquier escuela.

Por lo tanto, los problemas emergentes del mundo moderno nos conducen a repensar de forma definitiva el tan manoseado término de calidad en educación, para que este, a su vez, se traslade a la cotidianeidad de los centros. Una nueva idea de excelencia que permita identificar claramente los efectos de la visión utilitarista de la educación, dominada por la lógica del mercado en la escuela, que tanto lastran la inclusión educativa y la igualdad de oportunidades. Se trata, en definitiva, de alejar cualquier entendimiento de la calidad educativa de la concepción “bancaria” de la educación de la que hablaba Paulo Freire. Una concepción que ha perpetuado la injusticia social en una escuela que, al fin y al cabo, proyecta y aglutina las heridas de una sociedad que necesita de proyectos o ideales de colectivización y solidaridad.
Y por qué no empezar por la educación. Por qué no empezar por la calidad educativa.

Referencias

Alonso C. et al. (2011). Diversidad cultural y eficacia de la escuela. Un repertorio de buenas prácticas en centros de educación obligatoria. Recuperado de https://sede.educacion.gob.es/publiventa/PdfServlet?pdf=VP15415.pdf&area=E

ONU (2015). Resolución A/RES/70/1: Transformar nuestro mundo: la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible. Nueva York, Estados Unidos: Recuperado de https://unctad.org/meetings/es/SessionalDocuments/ares70d1_es.pdf

UNESCO (2015). Replantear la educación. ¿Hacia un bien común mundial? París, Francia: Ediciones UNESCO. Recuperado de https://unesdoc.unesco.org/ark:/48223/pf0000232697

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Acerca de Albano de Alonso 12 Articles
Licenciado en Filología Hispánica y en Periodismo por la Universidad de La Laguna. Máster Universitario Euro-Latinoamericano en Educación Intercultural por la UNED. Ejerzo como profesor de Lengua Castellana y Literatura desde 2006 y dirijo en la actualidad el IES San Benito (Canarias, España). En 2018 emprendí junto a mis estudiantes de Secundaria el proyecto interdisciplinar e intercultural El Español como Puente, reconocido con la Cruz al Mérito Civil un año después.

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