¿Por qué los Modelos de Naciones Unidas?

Loading

            Hace ya varios años que elijo acompañar estudiantes secundarios a las distintas ediciones de modelos de simulación de la Organización de las Naciones Unidas. Horas de estudio, de preparación, de acompañar, de escuchar, de disponer, de pensar, de calcular, de planificar. Hay algo de poner el cuerpo a prueba a lo largo de largas jornadas que tiene algo de prueba o desafío. La verdad es que hacer épica de eso es algo problemático porque supone poner la “vocación” docente en primera plana en detrimento de otros valores, como salario, condiciones, reconocimiento, trayectoria, previsibilidad, etc. Pero algo hay en los modelos ONU que hacen que ocupen un lugar especial en la vida de una escuela. Un juego que, donde sea que se practique, activa procesos intensos que merecen una reflexión.

            Primera cuestión: es un juego que desafía las instituciones. Los modelos ONU rompen el ciclo lectivo. A la previsibilidad del sistema le oponen fechas inauditas, a la regularidad de la administración del conocimiento en diseños curriculares le oponen la lógica taller y el juego de rol, a la nota (numérica o siglas) y la acreditación le oponen la experimentación. Muchos docentes ven al modelo ONU como algo ajeno, que distorsiona, que saca tiempo y energía, que no es reconocido. A las familias satura con pedidos extraños y horarios de transporte imposibles o agotadores, a los directivos desordena horarios y aulas, y a los inspectores irrumpe con pedidos, notificaciones y trabajo burocrático extra. Inclusive comprendiendo sus virtudes, parece que el límite llega rápido, que el aula reclama retorno, que el ciclo lectivo no se detiene y terminado el paréntesis de esa experiencia inmersiva, debemos volver al aula a poner notas y hacer exámenes.

            Al finalizar el juego aparece no pocas veces, dicho y no dicho, entre los alumnos la siguiente expresión: “¿Y ahora cómo volvemos a las aulas?”. ¿Por qué esa pregunta? ¿Qué movilizó y catalizó esa duda? Interrogante sin duda oscuro, conjuga un mar de gratificaciones y frustraciones sobre la escuela tal y como la viven nuestros alumnos hoy. “¿Cómo volvemos al colegio?”, es decir, como volvemos a lo normal, a lo establecido, a lo que nunca terminamos de entender para qué sirve.

            Recorrer las aulas es sumergirse en una vorágine que tiene algo de “malestar en la cultura”. Los alumnos no las terminan de entender. Los profesores a veces nos encontramos explicando cuestiones básicas de la convivencia social, casi como de instrucción sociológica que resulta chocante de hacer. La lista de cosas que continuamente llamamos la atención sería larga y excede este espacio, ademas que sería una colección surreal que muchos al leerla pensarán: “¡no puede ser que los docentes pasen por esto todos los días!”. Hoy parece que la institución escolar debe continuamente que justificar su rol social. A veces pensamos que en épocas pasadas su misión estaba más clara o que al menos estaba implícita en la cultura. Hoy hay que salir a explicar lo esencial. Y ahí aparece el modelo ONU. Una experiencia dinámica, donde los estudiantes deben poner el cuerpo y su todo su ser para relacionarse, debatir, ganar y perder que les da en pocos días enseñanzas altamente nutritivas. En las jornadas del juego conviven, piensan, se alegran, se entristecen, ganan, pierden, crecen. De a poco van entendiendo, por motus propio, todo lo que los docentes fatigosamente promovemos todos los días.

            ¿Cómo nos preparamos para el modelo? Nos reunimos algunos días para comentar cómo estamos y cómo están preparándose para las distintas actividades, qué clase de estudios están repasando o qué están escribiendo. Es muy inspirador verlos ayudarse entre sí, querer aprender, querer desempeñar un rol, mantener una actitud decidida ante los desafíos. Algunos indecisos, dado que es su primer modelo, pero poco a poco se fueron soltando. Otros, los más grandes, conocen el juego y ayudan a todos (y al profe también, hay que decir) a entender cómo maniobrar o a qué clase de cuestiones atender. Todo esto hace que el conjunto sea una suerte de ampliación o complemento del aula, pero más aun, un momento de encuentro entre estudiantes que de otro modo no se hubiesen conocido. También tiene algo de pase de antorcha, de los alumnos más grandes a los más chicos, muy especial, y que devuelve una dimensión de ritual que estamos necesitando todos, de la “perdida de los rituales” al decir de Byung-Chul Han, del valor de recuperarlos y la importancia de cuidar de aquellos que trabajosamente se recuperan.

            Pero entonces ¿qué no les gusta de la escuela? ¿Los pizarrones, los bancos, las horas, las notas, los recreos, las tizas, las materias, los profesores? Algunas utopías surgen de esas meditaciones. A la pregunta de cuál es la escuela que más les gustaría algunos responden sin dudar: “una en la que podamos elegir las materias”. Es decir, una escuela que les permita desarrollarse exactamente como quieren crecer. ¿No les gusta estudiar? Cualquier profesor que haya acompañado a estudiantes en este tipo de juegos sabe que eso no es cierto. Los alumnos han dedicado horas a lo largo de semanas en temas de complejidades que solo algunos vemos en las facultades. ¿No les gusta la institucionalidad de la escuela? Tampoco, dado que internalizaron con mucha alegría el respeto a las formas diplomáticas y jerarquías varias. ¿No les gustan los horarios y cronogramas? No hace falta decir que en los recesos entre sesiones encontraban los minutos para volver a los recintos pensando en algún derecho a comentario o descargo. Los alumnos no repudian la distribución de conocimiento en forma de cátedras o asignaturas, solo que eso debe vivirse en movimiento, no solo en abstracto.

            Algo hay en ese tipo de juego que es convocante. Los estudiantes deben: adoptar una posición o rol (¿mascarada, alter-ego?), adoptar lenguaje y modales de cuerpo diplomático, reglas de sociabilidad y comportamiento. Parte del juego implica por uso y costumbre el uso de vestimenta formal. Deben estudiar y trabajar, prepararse en grupo. Practicar oratoria. Deben evaluarse mutuamente, no en aras de una nota numérica sino de la participación en un juego mayor. A veces estudian más para el modelo que para la escuela en sí ¡inclusive llegan a poner en peligro sus notas! Y todo eso en el marco de un grupo de pares, cada uno convocado por esos mismos motivos. El resultado final es un marco humano variopinto y dinámico. Un estudiante vestido formal, con lenguaje formal que ansia trabajar ¿no es acaso el “estudiante ejemplar” del imaginario institucional? ¿Algún padre o madre, viendo a su hijo o hija leer y escribir discursos hasta altas horas de la noche habrá dicho: “¿por qué no se pone a jugar con la Play?”

            Los alumnos quieren estar ahí. Es ahí donde eligen estar, donde saben que van a crecer y a dar lo mejor de sí. La elección del campo disciplinar, que algunos solo realizan al llegar a los estudios superiores, solo escasamente está presente en la escuela secundaria. Los Modelos ONU irrumpen en la adolescencia con una lógica de preferencias intelectuales que se asocian mas bien con la juventud o la adultez. Debe constatarse esta experiencia en la educación media con el fin de destrabar imaginarios negativos sobre el adolescente en etapa escolar. También es un modo de reactivar el debate sobre la formación docente y el reconocimiento de la carrera y labor docente, en este caso, la labor extramuros de la institución escolar. Llámese educación informal, experimental, extraprogramática, salida educativa, etc. Las categorías pedagógicas pueden dilatarse y ello solo es expresión de lo multifacético de la experiencia, y por lo tanto de su potencial académico, social y humano.

            Pero ante todo es la reaparición de un elemento que tal vez los profesores de la “edad de oro” del sistema educativo argentino sabían, que es la fe. ¿Por qué no hablar de “fe” en la escuela? ¿no es el profesor quien trabaja “por la fe”? Este razonamiento liminar surge cuando un profesor ve un alumno disfrutar del estudio y del crecimiento. Al finalizar la experiencia y retornar al aula, este pensamiento se desdibuja, se enfría, y volvemos a la constatación de la necesidad de las reglas, de la formación docente, de los exámenes, de los cuatrimestres. El profesor que entra en el mundo de estos juegos extraprogramaticos se sumerge en un razonamiento pendular, dentro y fuera del aula pero, misteriosamente, nunca fuera del valor de la educación. El misterio de este tipo de experiencia radica en ese momento en donde el goce por el aprendizaje del estudiante va en paralelo con la realización de quien guió hacia ese punto (justamente, pedagogo). Es como si se corriese un velo o una niebla, y al agotado profesor pudiese ver, finalmente, cuál es el significado de esta oscura labor. Los modelos ONU me recuerdan el valor de la enseñanza y el aprendizaje, me devuelven la fe en la institución escolar, por lo que permite y potencia, y me reconecta con lo más esencial de por qué elegí el profesorado y elijo la docencia en general. Valor tanto objetivo como subjetivo, es decir, tanto rol e importancia del conocimiento como valor del encuentro y el vínculo.

            Las decisiones que tomamos, en este caso qué queremos estudiar en la escuela, nos guían a los puntos de reunión con el otro que nos complementa y enriquece. El Modelo ONU es exitoso porque es un punto de reunión elegido por los alumnos. Elección que revaloriza la escuela desde todas sus funciones, tanto la promoción del conocimiento en sí como la idea de que el conocimiento promovido es un bien social. Allí, al encontrar al otro se encuentran a sí mismos. Como profesores tenemos el deber de dar ese punto de encuentro que acaso en una sociedad que destruye lentamente el prestigio de sus instituciones educativas y científicas posiblemente sea el mejor ejemplo de, al decir de Federico Lorenz en Elogio de la docencia (2019), cómo estudiar y trabajar en grupo puede ser un acto de resistencia.

La nota fue realizada para la Revista Educativa El Arcón de Clio por: Andrés Dragowski Profesor y Licenciado en Historia. Magister en Enseñanza de la Historia

Foto del avatar
Acerca de Clio Comunidad 1713 Articles
La revista educativa Arcón de Clio ofrece esta sección a la comunidad para dar a difusión todo lo referente a la educación desde proyecto de autoridades nacionales, provinciales, municipales, organizaciones internacionales, Ongs, ect. Lo hacemos para seguir generando un compromiso con la educación. Esta sesión va dedicada especialmente a esas personas que día a día suman educación, que s ecomprometen con el futuro del país. La educación es una tarea que no se hace en soledad por lo tanto los invitamos a dar divulgación. La via de contacto es el correo de la revista.

Sé el primero en comentar

Deja un comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.


*