Educar y construir una sociedad para todos, donde la palabra circule con respeto, donde tengamos conciencia de los sentimientos del otro, sus deseos y necesidades. Donde al menos, tratar de comprender las circunstancias y acciones de los demás, sea posible, teniendo en cuenta posibilidades y contextos.
Ahora bien, si la violencia verbal, las agresiones y descalificaciones son moneda corriente, si el que piensa distinto ebe ser descalificado violentamente, si los que opinan contrariamente a un discurso son “enemigos”, si se cuestiona brutalmente hasta llegar a la agresión física. Como no va a generar y propiciar un estado de violencia social, donde cada uno se sienta con el permiso y libertad de agredir verbal y físicamente al que no piensa como uno u opina diferente. Como un niño, un adolescente que ven en las redes sociales la violencia circulante, la falta de respeto entre adultos y la descalificación constante, no van a llevar esa misma experiencia que los rodea, al aula. Con que argumentos le explicamos a un estudiante que no puede discriminar al otro, violentarlo y hasta agredirlo, si todo el entorno lo hace y está bien.
¿Cómo recuperar el respeto por el docente en el aula, por el compañero?
Es muy dolorosa la situación y preocupante. La violencia se refleja también en la escuela, como existe en las casas puertas adentro, en las calles, al ver personas pidiendo o durmiendo en las veredas, en los dirigentes cuando mienten, engañan y eligen expresar en sus discursos, palabras bonitas vacías de contenido, palabras que ofenden a otros que piensan diferente y no por ello sin razón, la ausencia de respeto, de empatía, de cordura y valoración. La violencia, la falta de humanidad y la falta de ejemplos abunda. Seguimos cortando el hilo por lo más delgado. Es tremendo y desolador, es injusto e insostenible.
Cuando irrumpe una situación de violencia en la escuela no podemos entenderlo, no logramos comprender que es lo que pasa, «tanta impotencia e injusticia”, “si estamos trabajando y encima nos atacan”. Lejos de justificar hechos de violencia, me urge pensar en el desencuentro y la angustia que acontece, en el vacío de sentido común y respeto por el otro. Recuerdo la figura del maestro, aquel a quien se le encomendaba el cuidado y educación de los hijos. Que nos pasó que nos alejamos tanto del otro, del que está al lado y sufre, del que necesita contarnos que le pasa, que siente y ni lo miramos. “Vemos todo lo que miramos pero no miramos todo lo que vemos”, de manera reflexiva y consciente, buscando respuestas o preguntándonos los porqué. Que sucede que no logramos encontrarnos para construir en equipo, caminar juntos con propuestas y objetivos claros. Como docente sé que es posible revertirlo, siempre hay una nueva oportunidad, a pesar que hoy pareciera muy lejana.
Tenemos que trabajar en ese sentido. Por una escuela sin violencia, con propuestas y ejemplos.
Donde la palabra y la expresión sean la prioridad. Donde el trabajo en las aulas no de descanso. Con el compromiso de toda la sociedad. Es un problema de todos. Tenemos que involucrarnos y accionar en ese sentido.
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