La situación agobia y aplasta…como revertir y salir adelante, cuando las decisiones o ausencia de ellas no dependen de nosotros.
La escuela es un lugar de preferencia y en ella debemos apoyarnos, a pesar de todo y todos, sigue siendo la oportunidad para los niños y jóvenes que la habitan. En una sociedad resquebrajada y sin esperanza, donde día a día escuchamos y vemos situaciones de abandono y pobreza, a cada paso, en cada lugar, personas que hasta ayer se procuraban su sustento hoy no cuentan con ello. Se mezcla todo, las necesidades y ausencias, los deseos y broncas, los compromisos y urgencias…entre todo eso la escuela como institución. Una escuela constituida con fortalezas y debilidades, donde cada niño y joven asiste con más o menos convencimiento de estar allí. Con docentes que día a día sostienen y se sostienen en una sociedad rota, con las mismas necesidades y urgencias que las familias de sus alumnos. No olvidemos que son personas, que se prepararon y formaron para acompañar la educación de los chicos. No es fácil en contextos desoladores imaginar progreso, pero es allí, justamente allí donde se constituye urgente y tan necesario. Revertir la situación no es nada fácil, que cada niño aprenda a leer, comprender lo que lee y a escribir es prioritario.
Imaginemos un aula, donde se propone la actividad a partir de un cuento, la historia sonorizada y el paisaje pintado de colores vivos, en una ronda entusiasta y respetuosa. Todos en el piso, alrededor del docente dispuestos a escuchar la historia.
El relato comienza y así también las preguntas e interrupciones lógicas de los chicos, con deseos de saber y comprender que está sucediendo. Cada uno con su historia de vida, sus vivencias y creencias. Con sus costumbres familiares, con familias presentes y no tanto, habiendo desayunado en casa o esperándolo en la escuela. El escenario no es fácil, a pesar de ello, se sigue adelante y se remonta paso a paso la tarea.
Propongo comprender, propongo desarrollar la empatía y respeto por cada alumno y cada docente, por los momentos buenos y no tanto de las familias. Pensar en el otro como ejercicio, con comprensión sincera sin hostigamientos ni anticipaciones.
Propongo un sinceramiento real y sencillo, sin soberbia pregunto aquello que desconozco, me interiorizo y apropio, escucho y miro a los ojos, contemplo y analizo antes de actuar. Propongo atención y disponibilidad, entrega comprometida.
En este escenario todos los actores de la obra son importantes y necesarios, cada uno con su libreto y relato nutre al otro, lo resignifica y lo hace brillar. Los matices que acompañan y cadencias la hacen única. Dicen que cada función no es igual a la anterior ni a la que vendrá, pero lo que sí está claro, es que deseamos estar allí, cada día para cambiar la historia de tantos y tantos que caminan con nosotros, que a pesar de todo, tienen la certeza que es posible.
Es fundamental la legislación y desarrollo de políticas públicas que acompañen y garanticen cuestiones de índole elemental para una sociedad y la Educación es una de ellas.
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