Es injusto, profe. España

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“Es injusto, profe”. «¿Por qué yo no voy a la excursión?». «¿Por qué cuando levanto la mano a mí no me atienden?». «¿Por qué yo saco menos nota si hicimos el trabajo juntos?». No imaginan la de veces que, en mis años de docencia en enseñanzas medias, he escuchado frases como estas en boca de algún estudiante; imagino que al resto del profesorado le pasará parecido.

El alumnado, desde que es muy pequeño, tiene un concepto muy particular y férreo sobre lo justo o lo injusto, ideas en torno a las cuales nosotros, los adultos, no solemos demostrar entendimiento, ya que nuestra óptica ante los problemas que se les plantean a estas edades es muy diferentes. Pero, ¿qué es lo que suelen ver justo o injusto? ¿Se puede hablar de justicia en la escuela? ¿Se puede y se debe trabajar ese asunto en las aulas? ¿De qué manera lo afrontamos?
En realidad, los términos en los cuales se mueve el alumnado cuando habla de la justicia son similares a los del mundo adulto.

Así, los alumnos y las alumnas suelen recurrir a la justicia siempre en términos peyorativos: algo les parece injusto cuando perciben desde su rol un desequilibrio, un trato desigual, por ejemplo, a la hora de poner notas o de aplicar medidas sancionadoras. Es en ese momento cuando lo manifiestan o, simplemente, se frustran.

Considero, en ese sentido, que el papel del profesorado a la hora de intentar garantizar de forma ecuánime la igualdad de oportunidades o la igualdad de acceso, es clave, ya que somos espejos, modelos de conducta para ellos y ellas, patrones de comportamiento en los cuales podrán basar gran parte de sus actuaciones en su futuro, cuando se tengan que enfrentar a esos conceptos en el mundo adulto. “Es injusto, profe”. «¿Por qué yo no voy a la excursión?». «¿Por qué cuando levanto la mano a mí no me atienden?». «¿Por qué yo saco menos nota si hicimos el trabajo juntos?». No imaginan la de veces que, en mis años de docencia en enseñanzas medias, he escuchado frases como estas en boca de algún estudiante; imagino que al resto del profesorado le pasará parecido.

El alumnado, desde que es muy pequeño, tiene un concepto muy particular y férreo sobre lo justo o lo injusto, ideas en torno a las cuales nosotros, los adultos, no solemos demostrar entendimiento, ya que nuestra óptica ante los problemas que se les plantean a estas edades es muy diferentes. Pero, ¿qué es lo que suelen ver justo o injusto? ¿Se puede hablar de justicia en la escuela? ¿Se puede y se debe trabajar ese asunto en las aulas? ¿De qué manera lo afrontamos?
En realidad, los términos en los cuales se mueve el alumnado cuando habla de la justicia son similares a los del mundo adulto.

Así, los alumnos y las alumnas suelen recurrir a la justicia siempre en términos peyorativos: algo les parece injusto cuando perciben desde su rol un desequilibrio, un trato desigual, por ejemplo, a la hora de poner notas o de aplicar medidas sancionadoras. Es en ese momento cuando lo manifiestan o, simplemente, se frustran.

Considero, en ese sentido, que el papel del profesorado a la hora de intentar garantizar de forma ecuánime la igualdad de oportunidades o la igualdad de acceso, es clave, ya que somos espejos, modelos de conducta para ellos y ellas, patrones de comportamiento en los cuales podrán basar gran parte de sus actuaciones en su futuro, cuando se tengan que enfrentar a esos conceptos en el mundo adulto. Las asambleas, tertulias, debates, los intercambios de opiniones y pareceres, el derecho a réplica, las dinámicas dialógicas, la manifestación de discrepancia, etc.; si fomentamos todo eso en nuestras clases no estaremos perdiendo nuestra autoridad como docentes, sino que estaremos contribuyendo a construir una nueva forma de entender la educación en la que “la cognición no está encaminada a lograr representaciones `apropiadas´ de un mundo externo sino que se inscribe en un proceso colectivo de producción de cultura” (Sagástegui, 2004, p. 33).

Es más: el fomento de clase de una acción activa, cooperativa y participativa en el que nadie se sienta menos por ninguna condición, solidifica nuestro rol como autoridad moral para las personas jóvenes a los que atendemos en un centro, además de que puede generar el avivamiento de nuevos liderazgos positivos en el aula, basados en la comprensión, la empatía y el respeto.

No es tan fácil

Pero no, no todo es tan fácil. Aunque nos esmeremos, seguiremos escuchando eso de “profe, es injusto”. Es su mundo, su imaginario cultural, su construcción social sobre cómo se entienden las relaciones humanas a estas edades lo que los llevan a emitir estos juicios ante muchas de las decisiones que tomamos desde la óptica del adulto, del docente.

Sin embargo, el panorama no debe llevarnos a abandonar y a cambiar hacia modelos basados en el autoritarismo, solo por el hecho de que no estemos de acuerdo con su entendimiento de la justicia o con el concepto que tiene el profesorado de este.

Cojamos aire, respiremos profundo y entendamos que cuando éramos pequeños también vivimos en un mundo de presiones parecidas a las de ellos. Hagamos, así, siempre de ese “es injusto, profe”, una oportunidad para dialogar, una oportunidad para trabajar por unas relaciones humanas basadas no en la idea de injusticia sino en la búsqueda de la empatía.

Recursos

Sagástegui, D. (2004). Una apuesta por la cultura: el aprendizaje situado. Revista Sinéctica, número 24. Recuperado de https://sinectica.iteso.mx/index.php/SINECTICA/article/view/282

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Acerca de Albano de Alonso 12 Articles
Licenciado en Filología Hispánica y en Periodismo por la Universidad de La Laguna. Máster Universitario Euro-Latinoamericano en Educación Intercultural por la UNED. Ejerzo como profesor de Lengua Castellana y Literatura desde 2006 y dirijo en la actualidad el IES San Benito (Canarias, España). En 2018 emprendí junto a mis estudiantes de Secundaria el proyecto interdisciplinar e intercultural El Español como Puente, reconocido con la Cruz al Mérito Civil un año después.

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