Si no nos apoyamos nos caemos. Una buena educación no debe ser un bien escaso, monopolizado por minorías privilegiadas de un país.
Un nuevo reto educativo que debemos tener los docentes, los padres, el estado y toda la sociedad es educar en la equidad. Nuestra sociedad está produciendo una educación profundamente desigual. Las causas de esta situación son históricas y actuales.
Siempre hablamos de educación igualitaria, hoy este concepto es decimonónico y no produce un conocimiento democrático. Hoy hay que hablar de equidad pero debemos tener en cuenta que la equidad e igualdad son conceptos diferentes pero interrelacionados.
La preocupación por dejar superado el principio de igualdad y empezar a hablar de equidad es iniciar a dar respuesta a las necesidades diferenciales del alumnado, eso es lo que debe primar en una verdadera reforma educativa de cara a las circunstancias presentadas por este nuevo paradigma educativo que transitamos hoy en día; así desterraremos el concepto que somos docentes de escuelas y contenidos del XIX, en pleno siglo XXI.
En estos tiempos que tanto se habla de cómo debe ser la educación y de cómo educar, estoy convencida que la educación no debe ser igualitaria, debe ser equitativa. La igualdad educativa es educar como siempre; la igualdad se genera en los principios del siglo XIX cuando ya había madurado las ideas de la Revolución Francesa y la equidad es educar como nunca que se genera en los albores del siglo XXI.
Por otro lado, la noción de equidad educativa es explicativa, pues dirige la mira hacia los resultados educativos, no sólo al acceso, al que tradicionalmente se restringía la noción de igualdad de oportunidades, tampoco se hace mención sólo a la permanencia en las escuelas, pensemos que muchas escuelas de hoy día funcionan como depósitos de chicos. Sin embargo no debo dejar de mencionar, las conocidas asimetrías en cuanto a la calidad educativa por ejemplo: los insumos básicos, falta de material adaptado a los tiempos educativos que transitamos, de la oferta educativa, calidad de los programas, tiempo de aprendizaje, infraestructura, calidad de los docentes, etcétera.
La equidad educativa se pregunta por ejemplo: ¿Qué tipo de educación hay?, ¿Cuál es el rol de Estado?, ¿Hacia dónde se quiere avanzar?
La equidad trabaja con objetivos claros y precisos sobre estudio de campo, no sobre ideales sin perderlos de vista. La igualdad o desigualdad, es una cuestión descriptiva y no conlleva juicio de valor alguno.
Para saber si hay equidad educativa tengo que preguntarme si hay desigualdad, si mis derechos se cumplen y que hace la justicia con respecto a eso, porque si no logro respeto por ellos, no habrá una verdadera inclusión educativa, el sistema no será equitativo.
¿Cuándo estamos en presencia de inequidades educativas? Una de las peores inequidades son los millones de niños que en Argentina son pobres, que no asisten a escuela, las tasas de analfabetismo que se están registrando, ect.
La equidad es la que determina qué tan parejo es el acceso a la educación de todos los niños de un país, independientemente del lugar donde nacieron, nuestro sistema es igualitario según el artículo 16 de la Constitución Nacional, la equidad no debe ser una presunción en nuestro país. Una educación con equidad mejora la vida de los habitantes de un país y quiere “asegurar los beneficios de la libertad” como dice nuestro preámbulo constitucional.
La educación es una política de carácter pública, porque la ejerce el estado por lo tanto debe ser equitativa porque si hay una red de escuelas pobres de baja calidad educativa destinada a los pobres y un escuela para ricos, no existe equidad, no se garantiza a todos los ciudadanos el derecho básico a educarse. En vano será nuestra constitución, será toda ella letra muerta. Con equidad tendremos un sistema educativo más justo e incluyente que permita que todos dispongan de las ventajas de la educación.
La equidad sirve para aprender a tener una política educativa de estado equilibrada con calidad porque llegara a ser inclusiva.
«La verdadera educación de un hombre comienza varias generaciones atrás» Pedro Manero Sacerdote Franciscano español.
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