Pequeña aldea, gran renombre. La historia de los lugares que habitamos nos explica como apropiarnos o comprender las relaciones de un singular colectivo, todos vivimos en comunidad desde el neolítico, no es algo menor detallar, investigarlas.
La historia local es el devenir particular de un grupo humano con una relativa interdependencia; la intención de este propósito no es otro que hacer historia pública puesto que todo es historia como decía el Historiador Félix Luna.
La patria es la infancia y es importante propagar la memoria. Hombres y mujeres somos protagonistas de la Historia, construimos la realidad social en la que vivimos a través de nuestras acciones, decisiones y vinculaciones.
La Historia asimila la realidad social pasada, cómo han vivido las sociedades a través del tiempo. Es una disciplina en permanente construcción, es un diálogo con el pasado, con el otro, en otra época, con otra cultura desde la actualidad.
La Historia es el chusmerío de la humanidad con nivel científico. Enseñar Historia es un medio para ubicarnos en nuestro presente y permitirnos construir su futuro personal y social. El concepto “historia actual” o “historia del mundo actual” aunque parezca contradictorio no lo es. Representa un intento legítimo de alargar y reivindicar la aplicación del método histórico, de sus instrumentos y recursos, al análisis de los más recientes acontecimientos del modo que se aplica a los hechos más lejanos.
La riqueza del momento histórico más reciente es clasificada, analizada e interpretada a la luz de las diversas disciplinas que ayudan hoy al historiador e integran el andamio del método histórico etnografía, sociología, geografía, economía, derecho, filosofía e incluso la técnica periodística.
A lo largo del siglo XX y XXI la construcción del conocimiento sobre lo histórico-social presenta momentos de inflexión, crisis y desarrollo, así somos los humanos. En este contexto, las formas de producción de conocimiento particularmente en la Historia, buscan explicar, interpretar, comprender el carácter de las sociedades contemporáneas.
Por otra parte, la historia busca respuestas a nuestros planteos en este caso: ¿Cuál es la historia de esos pueblos que circunda la formación de la provincia de Buenos Aires? ¿Por qué irse a vivir a esas tierras que hasta el momento eran un “desierto”? ¿Qué fue que a muchas personas venidas de otros lados los hizo recalar ahí?
La historia del poblamiento del Sudoeste de la provincia de Buenos Aires está marcada en esta periodización de la historia de argentina: Etapa constituyente: (1852 – 1862). Batalla de Caseros, Pacto de San Nicolás hasta la llegada de Mitre al poder iniciando las presidencias históricas Liberales 1862-1880. Mitre, Sarmiento, Avellaneda. Campaña al desierto. Ley de Inmigración 817. Guerra de la Triple Alianza.
República liberal (1880-1916). Generación del 1880. Primera y Segunda Presidencia de Roca. Juárez Celman. Revolución del 1890. Nacimiento del Radicalismo. 100 años de la Revolución de Mayo e Independencia Argentina. Ley Sáenz Peña. La participación neutral de Argentina en la Primera Guerra Mundial.
En el suroeste de la provincia de Buenos Aires se levanta Arroyo Corto, ayer la Torinsea. El primer registro escrito que se tiene acerca de la existencia de esta zona geográfica es de junio de 1806, época de las invasiones inglesas. Fue en la crónica del explorador chileno Luis de la Cruz, quien buscaba una ruta comercial más directa entre Concepción en Chile y Buenos Aires.
La historia nos muestra que esta zona era poblada por indios, una zona poblada de paisajes en el sistema de Ventania, unas sierras tan viejas como las del sistema de Tandillia y al final la llegada de los italianos.
En los principios del Siglo XIX y mucho antes esta zona está poblada por tribus nómades como querandíes de los cuales se sabe poco, fueron corridos hacia el norte de la Provincia de Buenos Aires y el actual Entre Ríos, mapuches, los pampas y los tehuelches que recorrían sus llanuras cazando y pescando. Por eso, usar la palabra desierto encierra una gran hipocresía, era más bien un modo de justificar la conquista desde el punto de vista humanitario, con el simple trámite de negar la existencia de sus pobladores y solo una necesidad del hombre blanco enmarcado en la filosofía del positivismo para conquistar un territorio vacío.
Pero todo tiene su historia. Los criollos, tanto presidente, elites, historiadores de la época y militares argentinos llamaban “desierto” al territorio indígena de la llanura pampeana y la Patagonia. Sin embargo, tenía tierras fértiles, cuyas pasturas eran capaces de alimentar gran cantidad de ganado cimarrón y explotar grandes territorios para los
terratenientes de ese entonces y hacer que ese ganado tuviera dueño. El desierto, como desierto desde el punto de vista de la geografía física es arena, en nuestras pampas no tenemos poblaciones originarias sedentaria como los Incas, Diaguitas, etc. En él consolidaban sus fuerzas los Mapuche venidos de Chile, Pehuenche, Ranqueles, Voroganos y Tehuelche septentrionales demostrando su creciente poderío en malones cada vez mejor organizados que hasta llegaron a conformar una Confederación con Calfucurá y la dinastía de los Curá. Sin embargo, la unidad indígena era constantemente minada por los tratados y alianzas que se establecían con los blancos, quienes buscando debilitar sus fuerzas fomentaban los enfrentamientos entre las distintas comunidades.
“Las campañas al desierto” tuvieron tres grandes momentos en la Historia de Argentina, la primera en 1823 con Martín Rodríguez que llegó hasta el Rio Salado en la Provincia de Buenos Aires. Luego en 1833 con Juan Manuel de Rosas y la definitiva en 1879 iniciada en la Presidencia de Nicolás Avellaneda hacia el sur y más tarde se inició al norte de Argentina.
En 1833-1879 hubo fuertes combates por el territorio de la Provincia de Buenos Aires que marcó el sur y oeste de la Provincia de Buenos Aires y más al sur como la actual provincia de La Pampa hasta llegar al norte de Santa Cruz. Dichos combates fueron: el combate de Tapalqué, de 1839, y del combate de Pigüé.
En 1857 el Gobierno de Buenos Aires había logrado acuerdos con algunos caciques de extracción tehuelche que sufrían los embates de Calfucurá, por otra parte, el Ministro Gral. Zapiola dispuso reorganizar la Guardia Nacional y dividir las fuerzas de la campaña en 17 regimientos, asimismo conformo el denominado Ejército de Operaciones del Sud y con eso dio inicio a la ofensiva contra Calfucurá.
La batalla de Pi-hué fue un enfrentamiento entre el Ejército de Operaciones del Sud y las fuerzas del cacique Calfucurá, que tuvo lugar el 15 y 16 de febrero de 1858. El combate se libró en el Partido de Saavedra, a 7,5 km de Pigüé actual, sobre el camino Pigüé-Ducos. El Ejército quedó a las órdenes del Cnel. Nicolás Granada y se dividía en
dos columnas: la “La División del Azul” al mando del Cnel. Emilio Conesa y la 2a. la 3 del Cnel. Wenceslao Paunero que debía constituir su base de operaciones en Bahía Blanca. El 16 de febrero a las 5h el Cnel. Granada movió a su ejército bordeando el arroyo en tres columnas paralelas: la división Paunero cercana al arroyo, la de Conesa a la derecha y al centro el Cnel. Luis María Arguero. Unos 400 aborígenes cruzaron el arroyo y atacaron la columna de Paunero, el cacique Mauque-Fu atacó el ala izquierda.
Para Estanislao Zeballos “la llamada la batalla de Pi-hue fue un triunfo completo para el enemigo, porque después de fatigar estérilmente a Granada, descubrió su impotencia, y Calfucurá se internó en Chilihue, retirando sus inmensos rebaños, familias y cautivos.
El último enfrentamiento armado que se produjo antes de la campaña al desierto de Roca en la zona de Arroyo Corto fue el Combate de Cura-Malal Chico el 20 de abril de 1877, cuyo paraje está situado a tres leguas de Pigüé, sobre el arroyo Cura-Malal. En 1878, el territorio donde se encuentra ubicado Cura Malal, fue otorgado en concesión para su explotación, al coronel Ángel Plaza Montero; el coronel Plaza Montero se dio cuenta de que no podía cumplir lo pactado y cede sus derechos a don Eduardo Casey, quien, a corto plazo, organizó con la participación de capitales británicos, y en sociedad con su hermano Santiago Casey, una empresa denominada La Curamalán a estas tierras
con el tiempo se incorporaran las tierras del Actual Arroyo Corto. Los capitales extranjeros decidieron no participar, por lo cual don Eduardo Casey, constituyó una Sociedad Anónima, con la cual logró cumplir lo pactado y hasta fundó colonias agrícolas, que corresponden a las actuales poblaciones de Sauce Corto, hoy Coronel Suárez, Pigüé y La Torinesa, actual Arroyo Corto. En la localidad todavía quedan en pie antiguas construcciones de la “La Torinesa” del año 1884, que era un antiguo almacén de ramos generales dela familia Chiappara.
Pero…repasemos más. La famosa campaña al desierto se inicia en la presidencia de Nicolás Avellaneda su ministro de Guerra Adolfo Alsina, el famoso de la Zanja de Alsina (un ingenuo sistema trinchera excavada en la pampa argentina entre 1876 y 1879). Alsina aseguró que iría “contra el Desierto y no contra los indios para destruirlos porque pensaba que si lo hacía así se vería perjudicado el artículo 15 de la CN”. Su objetivo era separar a los humanos de los animales y evitar que los indígenas se llevaran el ganado para Chile. El plan de Alsina incrementó en 56.000 km2 las tierras de explotación ganadera” había implementado la estrategia, respondiendo al pedido de colonos, estancieros y comerciantes, de separar físicamente a las tierras pobladas por los pueblos originarios cavando una zanja, para consolidar el dominio del territorio por parte del estado; con el propósito de facilitar la defensa de los pobladores de esas tierras contra los ataques de los malones.
El proyecto de Alsina no pretendía según su proyecto sumar nuevas tierras al dominio nacional, sólo esperaba que cumpliera una función defensiva y evitar los arreos de ganado que perjudicaban a las estancias.
La muerte de Alsina en 1877 dejó a cargo del Ministerio de Guerra al General Julio Argentino Roca, cuyas ideas diferían sustancialmente de las de su antecesor, era militar.
Para el nuevo Ministro el objetivo era claro: “… A mi juicio el mejor sistema de concluir con los indios, ya sea extinguiéndolos o arrojándolos al otro lado del río Negro, es el de la guerra ofensiva, que es el mismo seguido por Rosas, que casi concluyó con ellos…(carta del Gral Roca a Alsina), y su proyecto preciso: Es necesario (…) ir directamente a buscar al indio en su guarida, para someterlo o expulsarlo, oponiendo enseguida, no una zanja abierta en la tierra por la mano del hombre, sino la grande e insuperable barrera del río Negro, profundo y navegable en toda su extensión, desde el océano hasta los Andes… (Mensaje y Proyecto presentado por el Gral. Roca al Congreso de la Nación el 14 de Agosto de 1878).
Es a partir de entonces, 1880 que el proyecto de Eduardo Casey específicamente cobra realidad y, que la región empieza a ser poblada en forma definitiva. Un año más tarde, el inmigrante francés Clemente Cabanettes y Eduardo Casey contemplan y diseñan el establecimiento de una colonia agrícola en la región del Pi-Hue(lugar del encuentro),
actual Pigüé, fundándose el pueblo de Arroyo Corto en 1884. A su vez, el cercano pueblo de Saavedra fue fundado en 1888 por Cecilio López, quien en 1891 crearía el partido que tendría el mismo nombre que el pueblo que había fundado.
“…A mediados del siglo XIX, varios presidentes e intelectuales argentinos soñaron con promover la inmigración para poblar el desierto. La inmigración debía llegar, de acuerdo con este proyecto, desde los países más desarrollados de Europa. La llegada de inmigrantes de zonas pobres de España e Italia comenzó a generar frustración por no mencionar que acrecentó los niveles de conflictividad social y política. Sin embargo, una vez finalizado ese proceso […] la figura del inmigrante europeo, trabajador, que enviaba a sus hijos a estudiar para el progreso del país, comenzó a ser idealizada.” (Grimson, 2012:31).
A partir de este momento la invisibilización del indígena aparece como un hecho irreversible dentro del relato de la historia oficial y en el pensamiento de los políticos e intelectuales argentinos de fines de siglo XIX y principio de siglo XX, llegando este pensamiento hasta finales de 1990. Entre 1880 y 1885 se realizaron las últimas campañas al desierto en la Patagonia, asegurando la soberanía en la región, entonces en disputa con Chile y terminando para siempre con el flagelo del malón. Presentamos la sexta nota sobre la cuestión.
Historia de la Torinesa convertida en Arroyo Corto

El tren como fuente de civilización en la concepción de la generación del ’80 nos enseña y muestra que el ramal General La Madrid- Bahía Blanca, fue inaugurado el 7 de mayo de 1884 conducido por el gobernador de la Provincia de Buenos Aires Dardo Rocha. La Estación de Ferrocarril de Arroyo Cortó es una muestra de cómo fue el pasado glorioso del ferrocarril, factor principal en el desarrollo desde lo social hasta lo económico. El 7 de mayo de 1884 promovió la inauguración del trayecto ferroviario La Gama actualmente, General La Madrid-Bahía Blanca, era vital también para trasladar a los “colimbas” de varios sectores de la Provincia de Buenos Aires hasta Bahía Blanca (Puerto Belgrano) y del arsenal de Pigüé, tramo dentro del cual se establecieron dos estaciones junto a los arroyos Pigüé y Alfalfa hoy Saavedra, desde el año 1896.
Las colonias agrícolas: Uno de los fenómenos más destacados en la historia rural argentina de la segunda mitad del siglo XIX es la consolidación del modelo agroexportador. Los gobiernos nacionales y provinciales entregarían la tierra de cada conquista de tierra que se le haya realzado al indio, y habrían de construir la infraestructura de la colonia. Para los empresarios, el negocio consistía en la valorización de la tierra recibida, que siempre era mucha más que la necesaria para poner en marcha. Los emprendimientos este sistema se inició luego de la batalla de Caseros en 1852 y el Gobierno de Urquiza estimuló la inmigración. La primera colonia agrícola argentina data cuando se estableció y cumplió los propósitos civilizadores de Bernandino Rivadavia cuando se convirtió en el Ministro de Martín Rodríguez, por Barber Beaument, en julio de 1825, en San Pedro, Provincia de Buenos Aires. Luego la ley espontánea dictada del 5 de octubre de 1854 sobres contratación de inmigrar antes. En noviembre de 1855 se dispuso el establecimiento de una colonia agrícola militar en Bahía Blanca. A partir de la sanción constitucional de 1853, bajo el sistema de la libertad de habitar el suelo argentino propagado como propaganda en el Preámbulo de Constitución Nacional, se realiza una intensa política colonizadora en la que son hechos de trascendental significación las orientaciones civilizadoras de Alberdi, Urquiza, Mitre, Sarmiento y las fundaciones de colonias por: Crespo, Casey, Clément Cabanettes, Castellanos, Olivieri, Brougnes, Lelong y otros promotores de la colonización europea de nuestro país.
Eduardo Casey va a ser unos que se suma a este proyecto “civilizador”. Eduardo Casey tuvo una visión para decidir sobre sus inversiones en las zonas del sud oeste de la Provincia de Buenos Aires desde Púan hasta Coronel Suárez hasta Tornquist. Eduardo Casey nació en Lobos en 1847, vale decir que era hijo de irlandeses. Fue inversor y fundador de varios emprendimientos e instituciones el Mercado Central de Frutos de Avellaneda y el Jockey Club de Buenos Aires.
Llegó a dirigir el Banco Provincia y acumular una inmensa fortuna ligada a negocios inmobiliarios, aunque la crisis de la Bolsa de 1890 en Argentina, lo dejó en la bancarrota. Murió en 1906 atropellado por una locomotora. Existen algunos trabajos que analizaron su trayectoria en los negocios. En la izquierda se presenta el diseño de la Colina Curamalán.
Eduardo Miguez afirma que Casey “se constituyó probablemente en el más grande especulador de la década de 1880. “La Curamalán”. Las primeras colonias que delineo fue la de Arroyo corto que fue es el pueblo más antiguo que hay en el Partido de Saaavedra-Pigue(lugar del encuentro). El 15 de enero de 1884 el agrimensor Pablo Neumayer arriba a la estación Arroyo Corto estaba en marcha el ramal poner, pero ya vivían 40 familias, se delinea el territorio. Casey compra las 4 leguas que pertenecían al estado y se compromete a fundar un pueblo alrededor de la estación puesto que quería que esta colonia fuera cabecera del partido en formación. Él dijo el centro del pueblo debe estar frente a la estación “el pueblo debe tener 7 manzanas de frente, con calles de 14 mts de ancho trazar una calle general al costado de la vía. Luego de esto Neumayer se dirigió a la Estación Pigüé y los colonos rebautizaron a Arroyo Corto como la Torinesa. La Estación de Ferrocarril de Arroyo Corto se construyó en 1890.
Las joyas históricas de Arroyo Corto
El Cristo de Salamone. Francisco Salamone (1897-1959) fue un arquitecto e ingeniero ítalo-argentino. El objetivo de su obra era fomentar el crecimiento de algunas pequeñas ciudades y pueblos del interior. En forma simultanea su obra se extendió por 18 municipios, entre los que destacan Azul, Rauch, Laprida, Gonzáles Chaves, Balcarce, Coronel Príngles, Tornquist, Guaminí, Saavedra y Adolfo Alsina. Salamone no solo construyó edificios; creó íconos que simbolizan el poder del Estado y la identidad de las comunidades en las que trabajó en la década del 30 en Argentina.
El Distrito de Saavedra es promocionado por la Provincia de Buenos Aires, como uno de los lugares en la ruta de F. Salamone El Cristo del Cementerio de Arroyo Corto es un auténtico Salamone. En el año 1937 el Diputado provincial Fortunato Chiappara de la localidad de Arroyo Corto, fue asesinado en la Legislatura provincial por el Diputado Bessone de la localidad de Goyena del mismo partido por disputas políticas. Bessone fue condenado a tres años de prisión.
Los padres de Chiappara encomiendan al Ing. Arq. F. Salamone la construcción de un monumento en el cementerio para recordar este fatídico hecho.
En el año 2016 el Honorable Concejo Deliberante haciendo uso de sus facultades,
sanciona una ordenanza para el partido de Saavedra, declarando Bien de Interés Histórico y Artístico por su valor como patrimonio cultural.
La Masonería, los hermanos del misterio. Un templo Masón abandonado. La masonería siempre estuvo presente en toda la historia de nuestro país. La llegada de la masonería a la Argentina data de fines del Siglo 18, y la primera organización fue la Logia Independencia de la mano de Manuel Belgrano y Juan José Castelli. Las elites burguesas y las minorías dirigentes comienzan a desarrollarse en los poblados existentes y promueven el avance fundacional de nuevos poblados. En Arroyo Corto se conserva una Iglesia abandonada. Se considera a los Masones como una organización vinculada a una red secreta que, desde hace cientos de años, maneja los hilos del poder entre las sombras, pero con el avanzar de los años esto se fue abriendo a la sociedad.
El templo de la logia masónica Unión y Constancia es seguramente la construcción más popular, inédita y misteriosa, se sabe muy poco de ella, no hay registros escritos de su actividad ni quedó nadie que pueda dar testimonio. Solo pertenece a la leyenda urbana que se agiganta. Funcionó desde 1901 hasta su cierre durante la década de 1930, donde abatió columnas, es decir, suspendió sus actividades, y los masones se dispersaron. El terreno fue adquirido a principios de siglo XX a Juan Bautista Ielos y que en él se construyó el templo. Es probable que los primeros integrantes de la agrupación en Arroyo Corto hayan sido los colonos italianos llegados desde Turín, Italia, en 1884. En Italia la masonería se remonta en forma permanente a la primera mitad del siglo XVIII-XIX. El Gran Oriente de Italia es uno de los grandes formadores y propagadores de estas ideas esta Gran orden es 1859 totalmente progresista y filantrópico.
Dionisio Farías, sin duda fue uno de sus integrantes puesto que su tumba resalta entre todas las que hay en el cementerio local, tiene una columna partida y un capitel tirado en el suelo, dos claros símbolos masónicos. En su lápida se lo describe como un “bondadoso filántropo y caballeresco ciudadano que dedicó su vida a practicar el bien”.
Los hermanos viajeros: Adán y Andrés Stoessel. “32.000 Kilómetros de Aventuras”. Con un flamante Chevrolet ’28 con volante a la izquierda algo inusual porque en la Argentina se circulaba entonces por la izquierda y todos los autos tenían dirección del lado derecho inician una prolongada travesía desde Arroyo Corto, este viaje está estrechamente vinculado a la ruta panamericana que nació al amparo del ferrocarril, con la idea de unir los pueblos americanos a través de la vía férrea, principal competidora de la unión vial, proyecto que se aprobó en 1925 en el Primer Congreso de Carreteras realizado en Buenos Aires, el 5 de octubre.
Este anuncio fue el disparador que motivó a los hermanos Adán y Andrés Stoessel a concretar el raid que marcó las huellas del incipiente proyecto, cuando todavía los caminos en la Argentina eran muy pocos y recién se importaban los primeros automóviles. El jefe de la expedición era Adán Stoessel de 33 años, y como encargado de ruta estaba su hermano Andrés de 23 años, quienes eran acompañados por los mecánicos Ernesto Tontini y Carlos Díaz. El auto registraba 1.300 kilos incluidos repuestos, herramientas, carpa y ropas, a lo que había que sumar el peso de los navegantes.
Algunos comentarios de la travesía“los caimanes del río Magdalena, las fiebres tropicales, desiertos, lodazales, selvas, los mosquitos implacables, los bandoleros de Trujillo, de Nicaragua y del Almorzadero, y las latas de conserva que fueron nuestro menú cotidiano durante 15 jornadas mientras construíamos una huella para continuar.”. El 6 de mayo de 1930, tras casi 25 meses de viaje, llegaron a Nueva York.
En Detroit la GM les hizo un gran recibimiento, quedando su coche en el Museo Chevrolet.
La Iglesia de Arroyo Corto. En 1927, se construyó la iglesia actual quedando la capilla que funcionara hasta entonces como Salón Parroquial. La advocación de Nuestra Señora del Carmen es la patrona de la localidad. El 24 de enero de 1959 se inauguró la virgen de Fátima y los pastorcitos. En el interior de la iglesia se encuentra una imagen de “Nuestra Señora del Carmen” en el altar, la cual fue realizada en Cádiz, sobre un tronco de árbol en el año 1972. En los jardines de la Iglesia existe un recordatorio a los Misioneros del Verbo Divino Instituto Católico internacional de Religiosos-Misioneros. En la esquina de la Torinesa según la tradición oral auspiciada por los dueños del local, se festejaba la fiesta de San Juan con la realización de grandes fogatas, que todavía hoy se siguen realizando. Todas las sociedades están apuntadas por las experiencias de sus fundadores y las prácticas que ellos han desarrollado, a lo largo del tiempo. Los diferentes grupos han ido configurando la trama de relaciones sociales, esto lo vemos desde el neolítico en donde se formaron las primeras ciudades que le confieren a cada una de ellas su fisonomía social y cultural específica, las hace únicas y la historia de los lugares que los habitamos siempre nos vuelve a preguntarnos ¿Para qué es útil de la Historia como
Ciencia?
Además, las investigaciones históricas en perspectiva regional fueron adquiriendo cada vez mayor peso en el escenario historiográfico argentino. En Argentina, la introducción de conocimientos relativos al pasado regional en los planes de estudio de los diferentes niveles educativos no constituye una novedad reciente, no se hace en los libros de textos escolares como así tampoco en los currículos, no es una necesidad.
¿Cómo abrir la historia y específicamente la historia local? La historia local es hablar de nuestra naturaleza en ese territorio que se habita. Investigar y contar la historia de los pueblos, es una cuestión de identidad, de saber de dónde venimos, es saber de nuestros padres fundadores es dejar atrás parte de la globalización. Es importante la permanencia de los pueblos que no dejan morir sus raíces y así los arboles sigan dando cobijo a personas que quieran vivir en ellos, para no dejar morir su pasado En estas líneas de investigación sobre Arroyo Corto se muestra un proceso de maduración que vuelve factible inquirir por el estatus de la historia local como práctica historiográfica.
La Historia local, en la práctica disciplinar cobija varias maneras de considerar lo acontecido en comunidades ò núcleos específicos de análisis, preocupándose por cualquier actividad humana, recuperando simultáneamente el análisis.
Eduardo Casey era un romántico, creador de empresas, muchos lo consideraron un loco, sin dudas era carismático pensaba en grande. Hoy Arroyo corto es una realidad de los inmigrantes italianos que anduvieron de la mano de Eduardo Casey. Nada más habitable y recordado que un lugar donde uno es feliz, hace más de 35 años que recorro Arroyo Corto, amo su gente y sus actividades.
Es de vital importancia no dejar de lado nuestro sentido de ser, nuestra historia, nuestro sentido de pertenencia.
Oscar Wilde dijo: “El único deber que tenemos con la historia es rescribirla” y en Arroyo Corto todos los días hay una historia que reescribir porque está vivo.
Bibliografía utilizada para la investigación.
Cuadernillos de investigación. “Pigüé: cabeza de Partido”. Antecedentes, causas y consecuencias. (Segunda parte). Cuadernillo N°8. Museo y Archivo de la ciudad de Pigüé. Pigüé, 2008.
Arroyo Corto en el Recuerdo: www.lanueva.com/nota/2004-4-15-9-0-0-arroyo-corto-en-el-recuerdo.
La Batalla del Pi-hué se ha publicado originalmente en: https://revista.elarcondeclio.com.ar/batalla-del-pihue/.
Monferran, Ernesto Eugenio: “El Ejército de Operaciones del Sud y la Batalla del Pihue”. Buenos Aires, 1962
Jonadas de Historia Regional del Oeste Bonaerense, Trenque Lauquen, 25 y 26 de abril 2008. http://ns1.cuco.com.ar/eventos/2jhrob.htm
Nagy M. (2008). ¿No tan distintas? La construcción de la identidad bonaerense a través de los relatos.
Patrimonial y alternativa de desarrollo local en Pigüé”. Tesis de Magister. Universidad Nacional del Sur. http://www.repositoriodigital.uns.edu.ar
Tanco María de Luján: Trabajo monográfico realizado en cumplimiento a los requisitos de la Cátedra de Historia Argentina Contemporánea Prof. María de Luján Tanco.
V Jornadas sobre Colectividades, Identidad e Integración. Autores Cristina Vitalone. René Longoni. Virginia Calceran. Mario Flosi. Las imágenes del diseño de la Colonia Arroyo Corto pertenecen a estas Jornadas.
Zuccarini M. (2014) “Importancia del turismo histórico-cultural como actividad de revalorización. https://repositoriodigital.uns.edu.ar/handle/123456789/3048

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