Comienzo este texto con una idea que no es mìa ni nueva, le pertenece a Kolvenbach (2007) a propósito de la cura personalis y de cuánto es necesario mirar a San Ignacio para comprender que en una universidad como la nuestra está llamada dentro de los planes de carrera al profesorado a trabajar desde el sentido humano y a partir de éste considerar algunos aspectos. Si bien, el profesor universitario está dentro de una organización la cual no se conforma con cumplir las tres funciones del mismo modo que una universidad experimental o autónoma, requiere conocer a otros para crecer.
La naturaleza de una universidad católica-jesuita invita a la comunidad docente y estudiantil a abrirse al otro y a entregar no sólo saberes sino a responder de modo responsable a realidades del país desde nuestras capacidades, actitudes y conocimientos. Si bien esta idea se reitera de modo constante en los discursos de autoridades y dentro de nuestras conversaciones, ¿cuánto se ha considerado la ayuda? No somos sujetos aislados ni tampoco pensar en esa pretensión serviría para comprender que las decisiones profesionales de un profesor ucabista están imbricadas en el accionar con el otro, en lugar del individualismo. En orden a esto la premisa: “Para crecer y desarrollarnos necesitamos ayuda, y rehusarla es condenarse al estancamiento y la derrota. Con todo, reconocer que en el camino hacia Dios la “cura personalis” de un compañero resulta indispensable, no equivale a rendirse” (Kolvenbach, 2007, p. 11). En orden a esto es necesario acercarnos a dos ideas.
Primero, la planificación de metas profesionales más allá de ser una decisión individual, debe considerar la respuesta del sujeto a la alineación organizacional y, más importante aún, a la identificación de dos actos humanos: dar y recibir. Aquí no solo pensamos en los beneficios y las políticas institucionales al personal (conocidas en la inducción y difundidas en la web) sino en la necesidad de darse como persona al servicio de los jóvenes (clases), a los abordajes de problemáticas (producción investigativa) y a la interlocución con comunidades desde su campo de saber y vivir (experiencia). Darse implica renunciar a la presunción de saber y de obrar para que otros sean animados a mejorar constantemente. En este sentido, más que vernos en el paradigma ganar-ganar como lo identificábamos en Covey a finales de los noventa, estamos ante una sinergia humana. Y ¿cómo no estarlo si nuestra universidad apuesta por la formación integral de la persona? Por tanto, distanciarnos de esto más que un error sería una alarma.
Segundo, la corresponsabilidad de la mejora continua del personal docente (conocimientos, habilidades y destrezas) está asociada a unidades y centros de la universidad, así como a los equipos en programas de postgrado. Precisamente para el desarrollo no solo profesional sino humano se requiere de un equipo de personas que actúen desde la voluntad de servir sustentada en el amor y donde la apuesta a la verdadera solidaridad pase por el amor a lo extraño más que a lo conocido (Peña, 2024). En orden a estas ideas entonces se deriva el fortalecimiento de la persona y de la organización porque ciertamente, debemos darnos a todos, no sólo a los amigos ni compañeros.
Así pues y, a tono con la voluntad de servir, aparecen propuestas pensadas en todos a partir de planes de acción. Pero, ¿qué es lo que caracteriza un plan para el personal de una universidad jesuita? Al respecto consideremos dos premisas (íntimamente unidas al plan profesional y de desarrollo personal):
1.Quien recibe la cura personalis necesita y es responsable del obrar y quien da se encarga de preguntar y obtener información para poder ayudar. En esta dinámica y, viendo en la organización ucabista, las unidades responsables de la formación consultan y deben encargarse de conocer a la comunidad docente. No sólo se trata de ofrecer cursos y talleres sino de saber cuál es el alcance y cuánto se contribuye a las aspiraciones personales y profesionales. Más específicamente, se plantea desde un diálogo directo donde es posible confiar porque los guías están dispuestos a respetar y ver las posibilidades de cada persona para actuar (Kolvenbach 2007).
2. El fortalecimiento de liderazgos ignacianos en la formación docente aparece como el primer objetivo, según el Plan estratégico de la AUSJAL 2019-2025. Pero, ¿en qué se traduce ello? Hemos encontrado la respuesta en AUSJAL (2018): De muchas maneras podemos dar forma y significar, en comunidad, el proceso del liderazgo ignaciano. La invitación será siempre que cada quien, en sus propias palabras, dé vida al proceso que acontece en la intimidad de su corazón y en su encuentro con las demás personas y la naturaleza desde la experiencia de la bella bondad del amor que exige la justicia. (p. 14)
La traducción del liderazgo ignaciano la hemos visto desde las cinco C: Compasivos esto significa sensibilizarnos ante el contexto que nos circunda, Conscientes a partir de lo que nos provoca el contexto, Comprometidos lo cual implica la inserción en contextos (sociales y ambientales) y la generación de conocimientos, Competentes a partir de la búsqueda de la excelencia del trabajo profesional y Contemplativos en la acción significa aprender y apostar
por la mejora continua.
Especialmente ser competentes es una de las “C” donde se llama a cada persona a reconocerse como aprendices durante toda la vida y a apostar por la renovación no sólo intelectual sino al trabajo por las competencias que aún están por desarrollarse y por desarrollarse. A tono con lo contemplado en el Proyecto Formativo Institucional (2013) se identifica la formación continua y permanente como clave en el apalancamiento del personal a partir de talleres, cursos y estudios avanzados y de actualización. De modo que se trata de un llamado constante al perfeccionamiento desde la sinceridad de lo que necesitamos.
Referencias
AUSJAL. (2019). Plan estratégico de la AUSJAl 2019-2025. https://www.ausjal.org/wp-content/uploads/2021/04/Plan-Estrategico-AUSJAL-2019-2025-Espanol.pdf
AUSJAL. (2018). Liderazgo ignaciano. Nuestro modo de proceder. https://www.ausjal.org/wp-content/uploads/2021/03/Liderazgo-Ignaciano_2019.pdf
Peña, C. (2024). A 10 años de «La paradoja» de James Hunter.
Sontang, S. (2006). La enfermedad y sus metáforas. El sida y sus metáforas. Taurus.
UCAB. (2013). Proyecto Formativo Institucional. https://comunicacion.ucab.edu.ve/wp-content/uploads/sites/5/2023/04/Proyecto-Formativo-Institucional.pdf
Sé el primero en comentar