Nación e Imaginario Político: Una reflexión teórica. Reinaldo Rojas

El problema “nación y nacionalismos” en la primera década del siglo XXI.
El tema de la nación y de los nacionalismos ha tomado una renovada importancia en esta primera década del
siglo XXI como respuesta a los desafíos uniformadores de la globalización económica capitalista que lejos de
lanzar a la nación “al basurero de la historia”, como algunos señalaban, ha encontrado una suerte de impulso
a lo largo y ancho del mundo, desde los países que conformaban la antigua Unión Soviética desintegrada
como unidad político territorial entre 1989 y 1991, hasta nuestra América Latina y del Caribe pasando por la
Europa oriental, el mundo islámico, asiático y africano.
Pero se trata de un nacionalismo diverso y hasta contradictorio, ya que en casos como el de América Latina
y el Caribe el nacionalismo lleva el signo del antiimperialismo, en sus diferentes grados y busca responder a la
necesidad de desarrollar un camino alternativo propio a la integración-absorción de los Estados Unidos y de su
Tratado de Libre Comercio (ALCA) lanzado como proyecto político y económico imperial para esta zona del
mundo en la década de los 90.1
En otros casos, el nacionalismo lleva el signo negativo y desintegrador de la exaltación de las diferencias étnica culturales de los pueblos, por lo que se acompaña del despertar de los fundamentalismos religiosos, es decir, muy alejado de las motivaciones modernas y republicanas que lo caracterizaron en el siglo XIX.
Se trata, pues, de un nuevo nacionalismo que junto a la globalización económica y su correlato ideológico del “fin de la historia”, la crisis de la modernidad y el impulso del postmodernismo han obligado a la revisión y actualización de muchos conceptos, entre los que cabe destacar este tema de la nación y del nacionalismo del siglo XXI, sobre todo cuando dos siglos de historia nos han legado una importante herencia teórica y política sobre la que hay que partir críticamente en el debate contemporáneo.
En este sentido, nuevos caminos de estudio e investigaciónse han abierto alrededor de esta problemática, de manera que hoy asistimos, además de nuevasinterpretaciones del hecho-fenómeno nación, a la calificación inclusive de muchos de esos movimientosnacionalistas como parte de la nueva nomenclatura del terrorismo internacional. En nuestro caso, quisiéramosplantear las principales coordenadas teóricas
por las que se desenvuelve el debate de lo nacional,con especial referencia al estudio de los imaginarios colectivos y su papel en la construcción permanente dela idea de nación como comunidad política moderna.
II.- La nación y el nacionalismo en el siglo XIX.
La diferencia sustancial entre la idea de la nación comocomunidad política y como comunidad de sangre, nos viene del siglo XIX. La primera como legado de la Revolucióndemocrática Francesa y la segunda como principio liberal conservador de la Alemania de la restauración.
La concepción política y la concepción étnica de laNación surgen, en consecuencia, en el tiempo histórico de la Revolución Francesa, al interior de aquella ropa convulsionada por las guerras napoleónicas y el
ascenso vertiginoso del modo de producción capitalista.
2 La primera nace con la revolución burguesa dondese conjuga con el ideal democrático revolucionario. Así lo expresa claramente el cuarto artículo de la Declaraciónde los Derechos del Hombre y del Ciudadano: “El principio de toda soberanía reside sencialmenteen la nación; ningún cuerpo ni individuo puede ejercer la autoridad que no emane de ella expresamente.” Enese sentido, para los revolucionarios franceses, la nación es una unión de voluntades, constituida sobre labase de un contrato social del cual resulta la adhesión voluntaria de sus miembros asociados en su condiciónde ciudadanos libres.
En 1882, en su conocida conferencia en la Sorbonne,Ernest Renán sintetiza la concepción republicana de la nación al responder con estas palabras a la pregunta,¿Qué es una nación? “L’existence de une nation –dice–est un plébiscite de tous les jours, comme l`existence del`individu est une affirmation perpétuelle de vie.” En esta concepción, la nación no es algo eterno, sino unaentidad política que ha tenido su nacimiento y seguramente tendrá su final. Para Renán, en el caso de lasnaciones europeas: “La confédération européenne, probablement, les remplacera.” En la historiografía marxista, que es la que más se ha dedicado a estudiar este periodo, se trata de la era de las revoluciones burguesas, cronológicamenteubicadas entre 1789 y 1871, aunque para otros puede ser extendida hasta elnuevo ciclo que se inaugura con la revolución rusa de 1917. Para un enfoque
comparativo, pueden consultarse: Cf. KOSSOK, Manfred y otros. Las revolucionesburguesas. Barcelona: Editorial Critica. 1983 y el estudio ya clásicode Eric HOBSBAWM denominado Las revoluciones burguesas. Barcelona:
Punto Omega-Guadarrama. Editorial Labor. 1978. 2 vols.
3 “La nación es un plebiscito permanente como la existencia del individuo es
una afirmación perpetua de la vida. (…) La confederación europea, probablemente,
la reemplazará”. RENAN. Qu’est-ce qu’une nation? Barcelona: Éditions
mille et une nuits. 1997. p 32 y 33.

Venezuela Educa
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Este espacio es generado por docentes venezolanos que dan a conocer sus trabajos. El espacio es un trabajo cooperativo-colaborativo en donde encontraran notas sobre Gestión Educativa, Historia venezolana como por ejemplo la Historia de la Independencia, Pedagogía y Ensayos que son avances de una investigación que no culmina por ser muy ambiciosa. Los textos son compartidos por la UCLA, Carlos Giménez Lizardo, Universidad de Carabobo, Reinaldo Rojas, Abraham Toro, Luzmila Marcano

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