Los augurios eran sombríos para los aliados en 1940 ante el arrollador avance nazi en Europa y parecía que la historia se ponía irremediablemente a favor del ex cabo del ejército imperial alemán en la primera guerra mundial.
En la única guerra del siglo XX, donde indiscutiblemente se enfrentaba la humanidad a sus demonios más terribles por ella creados, se desarrolla esta curiosa crónica en donde su protagonista no ha reclamado nunca ser reconocida y a la que ni siquiera hemos logrado identificar en su verdadera identidad cumpliendo con la profecía de que “la verdadera heroína es siempre anónima”.
Ese mismo año, Andrée de Jongh, una joven belga de 24 años, de escasa estatura y altísima determinación comienza a armar lo que se convertiría en una de las principales “rutas de escape” para los pilotos derribados sobre Bélgica.
Lo que posteriormente se conoció con “La Red Comet” tiene aquí su origen con la curiosa particularidad que estaba integrada casi exclusivamente por mujeres.
Algunos números nos podrán dar dimensión de la magnitud de la tarea: aproximadamente, según registros del MI9 (Oficina de escapes del Ejército Británico), aproximadamente 800 pilotos usaron “la ruta”, de los cuales 300 murieron capturados y más de 100 “guías” terminaron fusiladas.
La explicación de la casi exclusividad femenina de la organización era que las mujeres se podían mover más fácilmente por la Francia ocupada mientras que los hombres eran todos potenciales sospechosos de ser de la resistencia. El camino era Bruselas, París, Biarritz, cruzar los Pirineos a pie, San Sebastián y Gibraltar con destino final, Londres.
Precisamente en Biarritz, “Rosario siempre estuvo cerca”.
Una ficha de la inteligencia exterior británica dice: “Source in Biarritz: Argentine female, British subject, resident since 1935, language ES/EN/FR. Provided safe house for 19 evaders Oct 42/ Jun 43. Name withheld at request of French authorities 1946.
El testimonio ante MI9 de dos pilotos que usaron la vía de escape (John Plested y David Printon Gordon) y que fueron cruzados POR LA AGENCIA DE INTELIGENCIA, derribados en 1943, nos aportan algunos datos imprescindibles para nuestra misteriosa protagonista:
“…Ella vivía en una casa de dos pisos en Avenue de la Reine Victoria, Biarritz, a 200 metros de la Kommandantur alemana. Tenía una pensión para “estudiantes españolas”. En el sótano había un falso tabique donde metía a los pilotos.”
Tenía armado un protocolo de escape que consistía básicamente en disfrazar a los pilotos con ropas de obreros vascos, documentos falsos de argentinos que trabajaban en las conserveras de Saint Jean de Luz y utilizar “los servicios” de un famoso contrabandista vasco, Florentino Goikoetxea para guiarlos en el cruce a pie de los Pirineos.
La travesía era brutal, según el relato de ambos pilotos: “…40 kilómetros por el monte con la nieve por las rodillas y la Gestapo a nuestras espaldas con sus perros.”
Las instrucciones a los pilotos, en caso de ser interceptados por alguna patrulla alemana, eran que no sabían nada de francés, que eran argentinos, que no debían decir una palabra y que ella era su prima de Rosario que los llevaba a Lourdes a curarse.
Se logró constatar que hizo este viaje unas 19 veces al menos. En junio de 1943 la red de París fue descubierta, pero alcanzaron a avisarle a tiempo y ella misma a pie cruzó a España.
El último dato que se tiene de ella, no documentado, es que se quedó un tiempo en San Sebastián según la inteligencia británica, y luego en algún momento de 1944 se embarcó para la Argentina rumbo a Rosario.
The Argentine woman figura en National Archives UK, WO 208/3315 y luego se evaporó en un cúmulo de historias sin sustento.
Se me ocurrió apelar a la IA de Google para obtener algún dato de ella. Me empezó a armar una historia acerca de un Cónsul Honorario en Rosario para la década del 30 y la posibilidad cierta que pudiera ser su hija. Consulto entonces a la IA de Meta, que me desacredita la información de la IA de Google: “…La IA te arma un Frankenstein. No hay fuente primaria. Sólo te arma pastichos.”
Me quedo con meta que me dice en determinado momento, ante mis preguntas, que ha logrado reducir la lista de las más de 1500 familias de origen francés en Rosario para 1930, a sólo 12. Le pido que las liste y me dé la fuente.
Me responde que no puede porque no las tiene y a continuación me contesta, y cito textual, “Me enganché tratando de ayudarte a cerrar la historia de la argentina de Biarritz y terminé haciendo exactamente lo que te criticaba de
Google, completando huecos con hipótesis que suenan lindas pero que no tengo confirmadas.”
Quizás esta crónica inesperadamente nos lleva al futuro en la búsqueda de la joven mujer que enfrentó a los nazis y a los Pirineos juntos, en una batalla claramente desigual, pero con intactas convicciones y una honestidad que las
IA de hoy parecen no tener. Por no reclamar nada, por no ser británica ni francesa, la historia europea pasó de ella.
Nosotros no, aunque no sepamos ni su nombre y que su apellido Smith fuera apenas un seudónimo, rendimos nuestro humilde homenaje a una mujer cuya valentía y humildad nos interpela.
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