La posibilidad de la Filosofía en la escuela

Una escuela que pretenda hacer filosofía debe crear: una atmósfera fértil, una pedagogía de la pregunta y una cultura dialógica que favorezca el aprender compartido. En esta escuela cada niño o niña es un ser humano único e irrepetible, en sus capacidades, potencialidades, ritmos, sueños, dolores, alegrías, saberes y no saberes.

El proyecto de Filosofía para Niñ@s es una propuesta filosófico- pedagógica basada en el diálogo y la construcción cooperativa de significados en seno de una comunidad de investigación. Es un espacio que se propone a partir de las salas de tres y cuatro años en el Nivel Inicial hasta 6° año de la Escuela Primaria, continuando en los años de la Secundaria, con la finalidad de integrarse a los Proyectos Institucionales para la formación del pensamiento propio en niños y jóvenes.
Es muy frecuente que se cuestione que los chicos realmente puedan participar en una clase de filosofía. Esta problemática se torna aún más fuerte cuando nos referimos a niños pequeños como los que comienzan el primer año de la escuela primaria o los que tienen 4 o 5 años, y aún están en el Nivel Inicial.

En honor a la verdad, “La filosofía” no existe ni existió nunca. Es decir, no existe una única manera de definir a la filosofía. ¿Qué es la filosofía? ¿De qué se ocupa la filosofía? Son, quizá, las cuestiones filosóficas más difíciles de responder. Podemos recorrer manuales de filosofía o bucear en nuestras propias experiencias personales con la filosofía para encontrar respuestas bien disímiles o aún contradictorias.

De modo que, una respuesta a la pregunta “¿Pueden los chicos participar en clases de filosofía?” dependerá de qué entendamos por filosofía. Detrás de la cuestión de la filosofía y los niños hay un trabajo teórico y una experiencia práctica que llevan alrededor de cincuenta años en el mundo y más de veinte en nuestro país.
Lo que pretendemos demostrar es, no sólo que los chicos pueden participar en una clase de filosofía, sino, además, por qué creemos (en el sentido de estar convencidos) que es muy conveniente que lo hagan.

Asombro, curiosidad, cuestionamiento, búsqueda de sentido, reflexión, creación de conceptos, son puestos en práctica tanto por niños como por filósofos.
Ahora bien, que los niños, ocasionalmente, hagan planteos que pudiéramos denominar “filosóficos”, no significa que sean filósofos.
Hacer filosofía con los chicos es alentar, potenciar esas actitudes filosóficas espontáneas para que se desarrollen del mejor modo posible. Se trata de acompañar a los niños en el desarrollo de algo que ellos mismos generan.
Ahora bien, si los docentes no confían, no creen firmemente que los chicos puedan hacer filosofía y pensar por sí mismos, éstos no lo lograrán. Los chicos necesitan ver al docente como un estímulo para sus propios pensamientos y curiosidad, y no como alguien cuya tarea es revelar los secretos y misterios del mundo. No tenemos las respuestas, quizá, los guiemos para formular buenas preguntas.
El espacio de la filosofía estimula a los chicos para que sean capaces de defender sus conocimientos y creencias presentando razones, distinguiendo razones de aquellas que no lo son, como así también buenas de malas razones, teniendo en cuenta y evaluando las razones de los demás y reformulando si así lo consideran, sus propios puntos de vista. La lógica que atraviesa esta propuesta es la lógica de las buenas razones.

En las sesiones cada participante se aproxima desde la pregunta filosófica a un pensamiento crítico. creativo y sensible. Los chicos son propositivos, gestores y transformadores en su protagonismo al “hacer filosofía”.
Cada sesión de trabajo y cada comunidad de investigación también son únicas e irrepetibles como todos los chicos que la integran. Cada momento brinda nuevas preguntas y descubrimientos; es un proceso en espiral que avanza y retrocede, pero nunca vuelve al punto de partida. Va creciendo desde el hacer y descubrimientos que regalan los chicos.
En las salas y aulas se estimula de la capacidad de producir argumentos, constituyendo una habilidad intelectual central del abordaje filosófico. El campo de las inferencias y razonamientos es muy rico para el trabajo con los chicos. El mismo no se encara estrictamente desde un punto de vista lógico-formal, sino con la finalidad de despertar su imaginación creadora. La intencionalidad consiste en destruir el sentido literal para construir nuevos sentidos instaurados por el lenguaje.
En síntesis, en filosofía se trata de que los chicos sean capaces de: adherir con fundamentos a determinado tipo de posturas y reflexionar acerca de lo que piensan; que sean críticos para juzgar sus perspectivas y creativos para forjarlas en el marco de un pensamiento sensible y cuidadoso del otro.

Debemos permitirnos y permitir que los chicos se internen en esta maravillosa aventura: el goce de conocer, de pensar juntos y de explorar los inacabables caminos de sentido, descubierto y creado en ese medio nutriente que es el diálogo.

Adriana Passalia
Acerca de Adriana Passalia 11 Articles
Adriana Passalia es Profesora en Filosofía y Pedagogía por el Instituto Superior de Profesorado Sagrado Corazón, Licenciada en Calidad de la Gestión de la Educación, por la Universidad del Salvador, Especialista en Metodología de la Investigación Científica por la Universidad Nacional de Lanús. Y, en la actualidad, Maestranda en Metodología de la Investigación Científica, por la misma universidad.

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