Imperialismo en Asia

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IMPERIALISMO EN ASIA.

El imperialismo sobre el continente asiático ha adoptado tres formas: en primer lugar, la dominación total, como por ejemplo el caso de Indochina e India, un segundo caso, donde la resistencia permitió una dominación o cesión de solo algunos espacios como es el caso de China, y por último el caso paradigmático que es el de Japón, donde la Revolución Meiji,utiliza el intento dominación como punto de despegue.

CASO DE INDIA

A lo largo de la costa del país, las potencias imperialistas, con Gran Bretaña como protagonista, lograron establecer factorías, es decir, establecimientos comerciales. Entre ellas, la Compañía Británica de las Indias Orientales que se consolidó como la más poderosa a lo largo del período.

La Compañía supo aprovechar la crisis política interna del país, caracterizada por la diversidad étnica y la presencia de múltiples príncipes locales. En 1870, dio un paso más allá, dejando atrás su control meramente económico y sustituyendo al gobierno local por un gobernador que juró lealtad a la reina Victoria, quien pasó a ser proclamada emperatriz de la India. Desde ese momento, la India quedó bajo el control directo de Londres.

El dominio británico fue apoyado por el ejército local, conocido como los cipayos, soldados de origen indio al servicio de los británicos. Estos cipayos, motivados por salarios elevados y buenas condiciones de trabajo, facilitaron la expansión británica hacia el interior de la India, lo que a su vez profundizó las divisiones sociales dentro del país. Este proceso benefició a la clase más rica, que comerciaba directamente y sin intermediarios con Gran Bretaña.

Inglaterra tenía un objetivo aún más ambicioso: mantener su dominio para preservar las rutas comerciales que le permitirían en el futuro expandirse hacia Asia. Para ello, creó estados tapones alrededor de la India, desplazando el centro comercial, que antes se encontraba en Europa, hacia el océano Índico.

CASO DE CHINA

Si bien el caso de la China presenta algunas similitudes con el de India, estas se limitan al inicio de la penetración imperialista y no al resultado final. Desde el siglo XVIII, las potencias europeas ejercieron un predominio comercial en las costas de China. Sin embargo, para este país, el comercio con el extranjero era considerado una vergüenza y un insulto a su autosuficiencia y nacionalismo. Por ello, las importaciones se restringíeron a un único puerto habilitado: el de Cantón. En el ámbito político, el Imperio Chino, gobernado por la dinastía Manchú, mantenía una unidad política sólida, aunque a comienzos del siglo XIX se vio obligado a hacer concesiones comerciales y militares, especialmente en las zonas portuarias.

Durante el siglo XIX, los británicos, ya establecidos en la India, lograron introducir el comercio de opio, cuya plantación se encontraba en la región de Bengala. Aunque tanto el consumo como la producción de esta planta estaban prohibidos en China desde 1729, existía una tolerancia tácita entre la dinastía y el contrabando. Sin embargo, la situación se desbordó debido al creciente comercio entre Gran Bretaña y los contrabandistas chinos.

Esta situación, junto con la resistencia de China a la reconfiguración capitalista que intentaban imponer las potencias occidentales y las demandas de libertad comercial, derivó en los enfrentamientos conocidos como las Guerras del Opio.

La primera guerra (1839-1842) resultó en la apertura de cinco nuevos puertos, una indemnización por el opio confiscado y la cesión de Hong Kong, territorio que permaneció bajo control británico hasta 1997.

En la Segunda Guerra del Opio (1856-1860), con la colaboración de Francia, las potencias occidentales lograron la apertura de más puertos y la libre navegación por los ríos internos de China. Ambos conflictos impulsaron el comercio de esclavos en la región, utilizados como mano de obra barata para el trabajo agrícola.

Aunque China logró mantener su autonomía política, al final tuvo que realizar concesiones territoriales y económicas que la integraron al reparto imperialista de Asia.

CASO DE JAPÓN.

El caso japonés es, sin duda, uno de los más paradigmáticos. Tras el proceso en el que prácticamente el mundo fue dividido entre las potencias coloniales, Japón logró sobreponerse y convertirse en una potencia colonizadora.

En ese momento, Japón estaba organizado bajo un régimen militar estratificado, conocido como shogunato, que guardaba similitudes con el feudalismo. Sin embargo, ante la amenaza de un inminente avance imperialista, como había ocurrido con los países vecinos, las élites locales reclamaron el restablecimiento de la dinastía imperial Meiji. Esto puso fin al shogunato, con el objetivo de llevar a cabo una reestructuración política lo suficientemente fuerte como para resistir los avances europeos.

La dinastía Meiji, no obstante, fue más allá de las expectativas iniciales y promovió un proceso de modernización que marcó el fin del aislamiento comercial de la nación. Este proceso incluyó la modernización del ejército nacional, apoyada por un discurso nacionalista que exaltaba la figura del emperador, y la apertura a la inversión de empresas privadas, aunque con cierto grado de regulación estatal.

A fines del siglo XIX, los esfuerzos de reorganización dieron sus frutos. Japón no solo evitó ser colonizado por las potencias imperialistas, sino que se colocó en una posición de expansión territorial sobre zonas cercanas que alguna vez habían pertenecido al imperio japonés o que consideraba una extensión natural. Entre los territorios anexados se encontraban Taiwán, Corea y Manchuria. El éxito de esta expansión se debió en gran parte a la modernización y profesionalización del ejército, así como al reclutamiento de población local en las áreas conquistadas. Japón también modernizó estos territorios a través de inversiones extranjeras, reguladas por el Estado.

Uno de los aspectos más emblemáticos de esta dominación fue el intento de modificar la relación tradicional de "metrópoli-colonia" hacia una forma más compleja de aculturación, conocida como la "japonización". Este proceso implicaba no solo la promoción del culto al emperador, sino también la imposición del idioma japonés y de tradiciones culturales que terminaban transformando profundamente la cultura local.

CONSECUENCIAS.

Tras el recorrido realizado por los diversos casos de dominación imperialista, queda a la vista, que las consecuencias fueron dispares. En el caso de las potencias, este proceso les permitió un mayor impulso en los procesos de industrialización y crecimiento económico, debido a la mayor disponibilidad de recursos, territorios y mercados.

Por otro lado, en las sociedades colonizadas, aunque hubo un crecimiento y la fundación de ciertas ciudades, generalmente portuarias, que recibieron inversiones en infraestructuras, como los ferrocarriles que facilitaban el crecimiento de las potencias, estos aspectos quedaron eclipsados por el impacto negativo de la desintegración y asimilación de las culturas locales.

Retomando el concepto planteado por Eric Hobsbawm, se produce un proceso de occidentalización, impulsado por élites locales, que lleva a la imposición de una cultura considerada superior, en detrimento de lo nacional y propio. En nombre del progreso económico y la integración en el mercado internacional, esto incluyó el desplazamiento de poblaciones, la discriminación, la degradación de lenguas y tradiciones locales, y la explotación indiscriminada de recursos.

Las resistencias en los territorios colonizados fueron múltiples. Sin embargo, el avance de las potencias y la imposición de muchos de los elementos mencionados llevaron a la consolidación de una división económica, que, acompañada de resentimientos profundos, conduciría a la humanidad, en pocos años, a presenciar la primera de las grandes guerras que dividiría al mundo

 

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Acerca de Belén Pucci Tait 4 Articles
Profesorado en Historia y Ciencias Sociales. Secretaria del Instituto San Cayetano de La Plata. The TEFL Academy. Introducción al Holocuasto. Licenciatura en Ciencias Sociales. Estudiando en la Universidad de Quilmes. Diplomatura Superior en Historiografía y Didáctica de la historia. Diplomatura en relaciones internacionales. UTN. Diplomatura Universitaria en Capacitación docente en Neurociencia. Diplomatura en relaciones internacionales – UTN. Era de los regionalismos: Hacia el mundo bipolar - CEDEMA

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