Debido a los recientes hechos ocurridos al finalizar el año escolar pasado, 24 de junio de 2026, dónde tuvimos el extraño y poco común doblete sísmico, que afectaron varios estados del país y que hoy, aún no se tienen contabilizados oficialmente ni las familias que quedaron sin hogar ni mucho menos todos los miembros que perecieron bajo las estructuras colapsadas y que todavía esperan por ser rescatados para darles cristiana sepultura. Cerramos un ciclo escolar atropellados por el ente rector quien de manera arbitraria en algunas zonas obligó a los docentes a cerrar el año con “celebraciones discretas” de graduación por el luto nacional que se tenía, muchos no estaban de ánimos para celebraciones puesto que la tragedia toco a varias familias sin distinción, el gremio docente, administrativo, obreros, estudiantes, familiares, amigos, todos se vieron afectaron por la situación. Pero, para el ministerio el “show” debía continuar.
Acatando, muchos directores tuvieron que hacer el cierre, algunos respetando el luto, otros desbordando alegrías desmedida e innecesaria por la situación, todos ellos por presión de los padres, pues, cada quien lleva el luto como puede. Sin embargo, hoy se llama a activar el nuevo año escolar, sin tomar en consideración la salud mental de cada actor importante en el proceso educativo, pero, primero, para dejar claro que significa la salud mental, según la Organización Mundial de la Salud (2026), es: “… un estado de bienestar mental que permite a las personas hacer frente a los momentos de estrés de la vida, desarrollar todo su potencial, aprender y trabajar adecuadamente y contribuir a su comunidad. Tiene un valor intrínseco e instrumental y es un derecho humano fundamental”, derecho humano fundamental, se recalca, pues está establecido en la constitución como parte de la salud, sin embargo, en Venezuela, desde mucho antes del 2014 la emergencia humanitaria ha permeado notablemente los servicios básico públicos, lo que generó que no se actualicen las cifras del estado de salud en muchos venezolanos y menos los datos primordiales de la salud mental.
En ese aspecto, la salud mental, se ha visto afectada por la falta de inversión hacia la infraestructura de los hospitales, el abandono de estos servicios por esa misma desinversión y la supuesta falta de prioridad para este aspecto que a simple vista no es tangible, como el venezolano trata de no prestarle atención a la parte mental sino solo a la salud física, ha dejado de lado muchas evaluaciones de ese tipo. Hoy, repercute con más fuerza su atención puesto que han sucedido muchos hechos que afectan directamente la educación. Más grave hoy que el doblete sísmico, son las escuelas con infraestructuras deterioradas, sin servicios básicos como electricidad o agua, o hasta simplemente baños funcionales, personal que falleció o permanece bajo los escombros todavía, familiares, amigos, vecinos, que no regresaran y muchas personas sin hogar en diversos estados, perdiendo, por la misma situación dinámica económica del país, la esperanza de volverse a recuperar rápidamente o al menos en mediano plazo.
Los profesionales de la salud mental en el país, son costosos, aunque algunos establecieron apoyo para la situación del terremoto, no se dan abasto para tantos pacientes. Inclusive hasta los docentes o estudiantes que no perdieron a nadie cercano, pero que están al día con las noticias, al llegar a los colegios y verlos agrietados, caídos, derrumbados, saben que ha sido por el terremoto y eso es una huella que no se borrara fácilmente del ideario venezolano.
Aunque la demagogia y la propaganda política establecen que la atención a los niños es prioritaria en estos momentos, en las escuelas públicas no se cuenta siquiera con personal capacitado para atender a los estudiantes, no hay trabajador social, no hay psicólogo y los mismos docentes tienen que ser los orientadores, cuando ellos también tienen una carga pesada con la situación, esta situación no es actual, viene arrastrándose en el sistema desde hace muchos años en la población más vulnerables, los de menores recurso.
La ansiedad se apodera de los espacios educativos cuando no hay una respuesta concisa ante estas eventualidades, pero aun así, el ministro quiere comenzar ¡Ya las clases! Otra de las ventanas de esta realidad, es el estado de los colegios públicos: estructuras caídas donde no han pasado ni una pintura para disimular el deterioro, que no comenzó con el terremoto, pero como se dijo anteriormente lo empeoro: ¿Cómo se le explica al jóvenes que aunque eso no funcione, hay que buscar las manera de darles clases? ¿Qué aunque muchos corazones estén rotos la vida sigue y debemos laborar y prepararnos? No queda “mucha tripa ya para ese corazón”, los venezolanos y en estos casos los docentes venezolanos con la educación ya estamos agotados, la resiliencia también se está agotando y solo se reciben maltratos por parte del patrono. Aunque la meta para con los estudiantes es poder seguir en su proceso de enseñanza-aprendizaje, es muy fuerte la situación. Hasta que no se atienda la salud mental como debe ser, las estructuras estén en óptimas condiciones y también se incluya a los docentes en el plan, las actividades escolares no podrán arrancar (sin dejar de mencionar el salario ya inexistente para el gremio docente). Ahora ¿Qué opinaran los sindicatos y la sociedad civil?¿Están dispuestos los directivos a esperar una tragedia por estructuras que están a punto de colapsar, pero que aun así por un patrono inconsciente y desubicado quiere tener niños en esas áreas? ¿De quién y a quien recaerá la responsabilidad ante alguna eventualidad? Ya los docentes lo estamos evidenciando. Amanecerá y veremos.
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