Adrián: El oráculo de Delfos decía “conócete a ti mismo” y Kant decía “atrévete a saber”. Hoy en esta cultura del todo para ayer, ¿hay un plan para saber el valor de la filosofía en la educación?
Ante todo, un gusto tener esta posibilidad de acercar algunas ideas y experiencias en relación a la filosofía. Considero muy importante que los docentes mismos seamos una comunidad que comparta miradas sobre sus propias prácticas, evitando habitar un mero quehacer en soledad.
En relación a la pregunta, acerca de si existe un plan para poner en valor el lugar de la filosofía en la educación, podría decirte que en parte sí y en parte no.
Desde hace aproximadamente una década, países como España y Chile (y en menor medida México, Panamá, Perú, Brasil) han discutido la presencia de la filosofía en las escuelas secundarias o bachilleratos, considerándola como un espacio de algún modo contrario a los intereses del mercado laboral, capitalista y productivo, además de nocivo en cuanto a principios ideológicos según los gobiernos de turno. Eso despertó grandes controversias que llevaron a protestas en las calles, viralización en redes sociales y manifestaciones en las altas esferas de la política.
Por ejemplo, en España se dio a conocer una consigna llamada #SalvemosLaFilosofía, en la que el activista Eduardo Fernández Rubiño disertó ante el Parlamento sobre la importancia de que no se elimine el espacio del saber filosófico en la enseñanza obligatoria. En Chile hubo otro llamado, #DerechoALaFilosofía, que también tuvo una repercusión similar.
Todos estos debates surgieron en paralelo a la aparición de la serie de TV Merlí, una producción catalana que trata sobre un profesor de Filosofía del bachillerato. Fue tal el suceso del envío que, incluso, adolescentes y jóvenes seguidores del programa, también tomaron conciencia y partido sobre estos cuestionamientos, expresando su deseo de que la filosofía siga teniendo presencia en las escuelas.
Podríamos decir que el caso de Argentina es distinto. Tal vez la discusión sea otra: en general, sobre todo en gobiernos constitucionales, la filosofía siempre ha tenido lugar en los diseños curriculares, pero el interrogante que
surge es por qué con tan pocas horas en relación a otras materias. En todo el recorrido escolar, ¿cuáles son las razones para que haya más espacios destinados a Matemática, Lengua o Literatura, Historia y Geografía?
Sin embargo, de un tiempo a esta parte, el programa de Filosofía con Niños y Niñas va ganando presencia en las escuelas primarias, pero generalmente en instituciones de gestión privada. Y ahí surge otra pregunta: ¿por qué no también en las públicas, más allá del caso de algunas escuelas como las pertenecientes a las universidades nacionales? Por otra parte, una ausencia notoria en los diseños curriculares de Filosofía es el abordaje de autores argentinos o latinoamericanos. Voces locales como las de Rodolfo Kusch y Enrique Dussel, o regionales como las de Leopoldo Zea y Paulo Freire, con sus correspondientes transposiciones didácticas, quitarían de lugar el eurocentrismo que tiene la materia en las escuelas.
Asimismo, creo que si la materia está presente en el último tramo de la secundaria, hay un faltante en el campo de la filosofía de la educación, muy propicio para estudiantes que culminan su trayectoria escolar.
2. ¿Los niños deberían saber filosofía?
Más que saber filosofía, es deseable que niños y niñas aprendan a filosofar. La diferencia entre filosofía y filosofar es un interesante debate que surge en torno a las perspectivas con las cuales se da a conocer la disciplina y que llega a dividir a académicos y pedagogos. Tradicionalmente, saber filosofía tiene que ver con dar cuenta de un recorrido histórico de grandes pensadores que marcaron hitos a partir de sus ideas. Por su parte, la acción y el efecto de filosofar refieren a la práctica, la problematización, el espíritu que animó a los filósofos desde sus comienzos.
Cuando se filosofa, todos volvemos a la infancia, especialmente a partir de las grandes preguntas de la humanidad: ¿Quién soy?, ¿para qué vivimos?, ¿qué es el amor?, entre tantas otras más que se podrían formular. Unas de las primeras enseñanzas que aprenden niños y niñas cuando están en la escuela son las ideas de bueno-malo, mío-tuyo. En otras palabras, cristianismo y capitalismo. Entonces, la filosofía también nos puede ayudar a descubrir esos entramados que se van dando desde que tenemos las primeras nociones de conciencia.
Que niños y niñas se acostumbren al hábito de filosofar seguramente los conecte con la pureza de una etapa que, en la actualidad, está contaminada por las urgencias e imposiciones de un mundo que suele anular la experiencia del encuentro a través de la atomización de los sujetos.
3. ¿Filosofía es pensar con flexibilidad para reelaborar nuestras propias ideas, puntos de vistas y creencias?
Hablar de filosofía tiene que ver con esto que preguntás y también con muchos otros asuntos más. A veces, se torna complejo dar una definición, porque sería como poner un fin o delimitar algo tan amplio. Sin embargo, podríamos decir que una interesante manera de caracterizar a la filosofía es desnaturalizar lo obvio y estar dispuesto al asombro.
Particularmente, trato de salir de ese lugar común que identifica a la filosofía con el pensar. O sea, sí, desde ya, filosofía y pensar se vinculan, claro. Pero pensar es un verbo muy general. En definitiva, pensar, lo que se dice pensar, pensamos todos: cuando nos levantamos a la mañana, desayunamos, salimos, esperamos el micro y vamos a la escuela, estamos pensando, al menos en los pasos que debemos hacer para llegar a destino.
No obstante, y acá está el punto clave, no necesariamente ese pensar es reflexivo. Y la filosofía, a mi entender, se vincula más con la reflexión, incluso desde la etimología de esa palabra, porque “reflexión” viene de “reflejo”, algo que proyecta una luz que nos invita a volver hacia el origen de esa proyección. En eso consiste el ejercicio del filosofar.
4. Este parecer es así: ¿La filosofía no sólo se aprende, se practica?
Me hiciste acordar a Gastón Marioni, un profesor de Teatro, de acá de La Plata. Yo hice un curso de tres años de Formación Actoral con él, hace tiempo, y en más de una ocasión nos decía que el teatro no se enseñaba sino que se aprendía.
A mí me parece que hay un deseo aspiracional de emancipación en esa perspectiva. Como la conquista de un descubrimiento, la trayectoria de un camino propio e independiente.
Hablar en estos términos, lógicamente, también lleva a Paulo Freire. Venimos al mundo con una impronta propia, no necesitamos que alguien nos imponga pensamientos sino que nos invite a descubrirlos, vivirlos y transitarlos.
Al fin y al cabo, la filosofía nos puede ayudar a vivir mejor, con chances de encontrar instantes de felicidad mucho más seguido de lo que imaginamos.
Gracias Adrián.
Perfil de Adrián López Hernaiz. Docente y divulgador de Filosofía egresado en la UNLP. Estudiante de Posgrado en Ciencias Sociales por la misma institución; su tema a investigar se vincula con La Noche de los Lápices. Con Ediciones Masmédula (editorial independiente de La Plata) publicó dos libros: En 2014 escribió una obra de relatos llamada LAS PALABRAS QUE NOS TRAJO EL VIENTO (organizada en tomos: “Primavera”, “Verano”, “Otoño”, “Invierno”). Para 2016 presentó ALGO QUE SEPAMOS TODOS (textos de filosofía en dos volúmenes: “De la caverna al sol”, con contenido más humanístico; “De la lupa al telescopio”, orientado a las ciencias). Esta producción ha sido difundida en ámbitos académicos de México y Uruguay; circula por escuelas, institutos de formación docente y una materia de didáctica de una universidad nacional del país.
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