Un casual encuentro con Borges, gracias a su madre

Me costó algún tiempo darme cuenta que lo poco que sabía, pues de la mayor parte me he olvidado, acerca lo que llamaremos caprichosamente HISTORIA, provenía sin dudas de las historietas (del Llanero Solitario a Hora (Cero), el Tesoro de la Juventud, la colección de libros Robin Hood, el cine norteamericano y europeo y la televisión hasta llegar a lo más complejo en el proceso del aprendizaje, la novela de ficción.
No es que desdeñe a los historiadores; en mis estudios de grado en la facultad me crucé intensamente con ellos en etapas de “amor y odio” seguramente para bien o para mal.
Como diría Mafalda (historieta de Quino) dejaron su pulgar en el cemento fresco Lucien Febvre, Henri Pirenne, Eric Hobsbawm o nuestro local Halperin Donhgi, sólo por nombrar a los que más fácilmente me vienen a la memoria. Pero en realidad, con el tiempo creo percibir, sin poner en tela de juicio sus aportes académicos, que sólo me enseñaron formatos que me permitían ordenar y valorizar “la historia” dándole un sentido que me acercaría a la lógica de las “ciencias duras” y así al conocimiento científico de ella, sí es que esto existiera. Cursaba yo el sexto año del Bachillerato en el Colegio Nacional de La Universidad de La Plata embelesado por dos profesores, uno de historia con su tema favorito, que pasó a ser inmediatamente el mío en aquellos tiempos, la guerra civil española, relatada y analizada desde un estricto materialismo histórico que no dejaba duda alguna según los “mandatos de Broué y Témime” con La revolución y la guerra de España. El otro, de literatura, que me desafiaba con El Cazador Oculto (El guardián entre el centeno) de J D Salinger o con el recién publicado ese año (1972) La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y de su abuela desalmada de Gabriel García Márquez y que cuando le preguntaba qué había que entender, me respondía que nada, sólo disfrutar… y me dejaba todas las dudas.

Durante más de diez años la infalibilidad de la fórmula de la primera opción para abordar el conocimiento histórico fue mi prioridad, la segunda quedó relegada exclusivamente al placer y en ese momento la no muy valorada maginación, aunque invariablemente en mis clases se colaba alguna novela como referencia obligada a los distintos momentos históricos.
Durante ese período un día descubrí con espanto que hablaba y opinaba de Jorge Luis Borges pero que nunca lo había leído con alguna atención y además, con mi proverbial salteo de páginas o leer partes al azar si no me gustaban las primeras tres, me certificaban que al menos en ese tema, por ser generosos, yo era un charlatán.
Todo esto formaba parte de algo inconfesable que prolijamente ocultaba y que resultó ser un excelente atributo para la lectura reivindicado por el propio Borges con su teoría del placer.
Claro, me refugiaba en decir que no me gustaba, circunstancia que a priori no es reprochable de no existir los antecedentes antes mencionados y contraponerlo en cuanto a mis preferencias a Julio Cortázar a cuya literatura había accedido de adolescente, a mis 15 o 16 años, en un encuentro azaroso en la pequeña pero bien nutrida biblioteca de mis padres en horas de siesta y silencios que la ciudad aún conservaba, mezclados con el 45 de Félix Luna o Boquitas Pintadas de Manuel Puig que se habían convertido en lectura obligada de la clase media en ascenso, uno por Perón y el otro por sus sugeridas audacias sexuales.
Lo cierto es que me planteé como tarea leer completo (es decir sin saltear hojas) El jardín de senderos que se bifurcan y Funes el memorioso con la frialdad y el desgano equivalentes al de estudiar para una prueba de química
en el secundario. Previsiblemente no recuerdo los textos, pero sí mí conclusión: no me gustaron y di por cerrado el tema. Por otro lado a mí no me divertían las ironías del autor en su accionar público con lo cual tampoco existía empatía alguna que me acercará al personaje en cuestión.
La vida me llevó a dejar la docencia en el campo de la historia a comienzos de los 90 y al liberarme de la obligación de tratar de explicarla o contarla” para pasar a servirme de ella para ganarme más remunerativamente mi vida, entendí que tenía permiso absoluto para sumergirme en la novela y el cuento con el atributo que en mi nueva profesión la imaginación era muy importante y que éstos me proveerían un abundante estímulo.

En 1989 se cayó el muro en Berlín y también en mi cabeza el materialismo histórico cómo único método de análisis, también  la  historia  cuantitativa y  vaya a saber cuántos “formatos” más y volvió el acontecimiento con sus singularidades y protagonistas, el relato oral, la teoría del azar, los grises, las aproximaciones, las dudas y la ausencia definitiva de las certezas. Se suponía entonces que con más años y aplicando la famosa teoría de que el tango y el jamón crudo que cuando SOS chico no te gustan pero te esperan, debería haber tenido un nuevo encuentro con el ya para ese entonces fallecido Borges.
Pero no, lo más cercano fueron la aparición en la TV por cable de unas viejas entrevistas que repitió la señal Encuentro del canal 7 en un diálogo con Antonio Carrizo y otra de la misma señal perteneciente a la televisión española y la utilización de uno de sus dichos en la confección de un documento político para un cliente, “Hay que tener cuidado al elegir a los enemigos porque uno termina pareciéndose a ellos”.
Lo había usado como imagen para una decisión que el político de profesión (cliente) debía tomar en cuanto a una alianza electoral. Nunca le dije de quien era la frase amparándome en su ignorancia sobre Borges en particular y sobre la literatura en general. Eso me permitía “jugar a plagiar al escritor”. Pero lo cierto es que le gustó mucho y creyó que la misma le había inducido la elección que terminó muy favorable a sus intereses. En realidad yo no quería sugerir ninguna opción con la misma, sólo que mirara sus alternativas desde “otro lado”.

Cuando años después con sus objetivos consolidados, le conté de quien era la frase y mi verdadera intención, riéndose me dijo: “Merece que lo lea y lo deje de citar”. La tapa avisaba: Memorias de Leonor Acevedo de Borges. Los recuerdos de la madre del más grande escritor argentino. Edición, recopilación e investigación de Martín Hadis. Lo vi en mi habitual patrullaje semanal por la librería y pasé de él. Fue un artículo periodístico sobre el libro o un comentario en la radio más una inquisitiva mirada a mi biblioteca, en donde por supuesto Borges estaba en casi todas sus variantes: en la primera edición de la Antología de la Literatura Fantástica, los cuentos policiales con Bioy o sus cursos de literatura inglesa en la UBA, que me llevaron directamente a él porque sentí por primera vez que tenía alguien que me lo presentaría: su madre.
En el primer capítulo, “Recuerdos de infancia y Juventud”, la señora me mete brutalmente en la historia argentina contando asuntos y recuerdos de su familia con la misma naturalidad que cuando yo hablo de mi Tía Marina.
Nacida en 1876, se mezclan mandatos del rey de España del siglo anterior a miembros de la extensa familia, emigrados a la fuerza de Buenos Aires, Oribe, “la tiranía”, la casa de la calle Tucum n, los patios, la Banda Oriental.  Suficiente, el investigador ha logrado no solo que la señora tenga mi atención sino que además me transportara como nadie hizo a una historia argentina, la que vivió ella, carente de toda intencionalidad consciente en sus relatos y en un tono amable de confidencias e intimidades desgranando relatos casi mágicos, en donde “la verdad histórica” pierde importancia rendida ante la voz de la algunas veces protagonista y otras la encargada de difundir la tradición oral familiar.

Comienzan a desfilar en los sucesivos capítulos, costumbres, lugares, vida social, arte, un relato de su abuela en casa de Rosas, en fin, cada página es una imagen que nos permite hacer el viaje del siglo XIX al XX interactuando con
los protagonistas políticos de la época, desde la intimidad familiar. No puedo dejar de pensar mientras avanzo con la lectura, que la historia fue siempre oral y de transmisión de recuerdos que después es “falseada por documentos” a los cuales, damos más valor si son oficiales,es decir aquellos preparados para ser leídos y que definen los contextos de los hechos, los categorizan y los valoran dentro de parámetros que van desde “en defensa propia al asesinato”.

Finalmente, con astucia, el recopilador, deja para el último capítulo susescritos más directos a su hijo. Y claro está, allí a la vieja usanza de la familiaspatricias argentinas me lo presenta.
Palermo, la casa de calle Serrano,la biblioteca del padre, el jardín,su pasión por los tigres, su amistad con Adolfo, su temor a Victoria, la ceguera,la importancia de Ginebra como un lugar al que siempre volver. Ahora sí,por exclusivo placer y curiosidad voy tras él y utilizando el misterio y el azar comienzo por Artificios (1944) “Tema del traidor y del héroe”.
Y entonces cito: “Que la historia hubiera copiado a la historia ya era suficientemente pasmoso; que la historia copie a la literatura es inconcebible…”

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Acerca de Ricardo Jaén 12 Articles
Docencia Universitaria. Profesor adjunto a cargo. Seminario de Historia Argentina. Facultad de Humanidades. UNLP. Profesor Titular. Actualidad Informativa Nacional e Internacional III. Periodismo y Comunicación Social. UNLP. Profesor Titular Argentina Siglo XX . Facultad de Ciencias Humanas. UNRC. Actividad Profesional. Consultor de Organismos Internacionales: ONU/ BID / BIRF / PNUD / UIBA Consultor de Organismos Nacionales: Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales. CARI Jefe de Asesores del Presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores de La Cámara de Diputados de La Nación. 2010/2011 Consultor en riesgo político Director Académico de La Cátedra Libre de Periodismo y Comunicación. UNLP Articulista: Clarín, Infobae, El Día de La Plata, Ambito Financiero, Letra P, La Capital de Mar del Plata. CNN en español. Escribe sobre Historia

1 Comment

  1. Excelente artículo. Felicito al Prof. Ricardo Jaén por su tan interesante, atractiva y singular visión y acercamiento a JLBorges.
    YA!salgo raudo a buscar el libro citado a mi librería
    Preferida.

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