¡Qué discriminación!

Sin duda las vacaciones son el mejor momento para las reflexiones absurdas de esas que no te llevan a ningún lado,( o sí?..) Puede que porque has desconectado totalmente o quizás porque te tomas las cosas con un ánimo diferente. El caso es que al menos a mí, en vacaciones se me plantean los problemas más irracionales. Allá va uno de esos “misterios sin resolver” (os acordáis de la serie o ya soy muy mayor?) que me plantea los calores del verano.

No sé de qué modo se decidiría poner el nombre a las cosas pero el “nombrador oficial de palabras” hay que reconocer que, en determinadas parcelas se quedó corto o, como yo, se piró de vacaciones y ahí lo dejó.

Pongamos un ejemplo, ¿sabe alguien quién es el macho de la cebra? ¿El cebro? Porque si hay que llamarle la cebra macho, es tan largo que antes dices “cebra” y acabas con el problema pero no me parece justo. Si lo llamamos “el cebra” se me aparece la imagen del típico sujeto con el paquete de tabaco encastrado entre la camiseta y el hombro sujetando una colilla encendida entre el índice y el pulgar mientras frunce el ceño desafiante. Y si tratamos de nombrar a un grupo de cebras macho; “los cebras” ya veo yo al típico grupo con chupa de cuero a rayas y motazas con flecos de esas que hacen un ruido hueco a tubo de escape.

Y las cebras no son las únicas porque las discriminaciones van en ambas direcciones o sabe alguien quién es la hembra del rinoceronte, ¿la rinoceronta? Vamos, por dios, ¡pues anda que tú!
Y eso no es todo porque haciendo un análisis detallado de las desigualdades del reino animal en el marino nos encontramos millones. El “nombrador oficial de palabras” se pegó unas vacaciones pero de las buenas y se dejó por asignar nombre a los sardinos, las delfinas, los ballenos, las tiburonas, las atunas y hasta los merluzos… bueno, no estos sí que tienen género propio y hay para cansar sobre todo si te das una vuelta por cualquier organismo oficial.

En definitiva, que digo yo que si no tenía ganas de poner nombres, que hubiera dejado la labor en manos de otro, de un niño por ejemplo que tiene mucha más imaginación y es mucho más pragmático.

Rebeca por ejemplo siempre llamó a las cuestas con pendiente hacia arriba, rampadita, por aquello de que es rampa y subidita.
O Pau que al maquillaje en polvo lo bautizó “polvorete” de la unión de colorete y polvo.

Y es que hay ciertas cosas que mejor se las dejamos a los niños.

Os prevengo, la semana próxima me tomo vacaciones…

Mónica Bordanova
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Soy española, de Valencia. Nací con un lápiz en la mano pero la vida me llevó a estudiar derecho. Como no podía ser de otro modo, los colores tiraron más que las letras y después de algunos años de resolver pleitos decidí embarcarme en la aventura editorial. Desde 2008 trabajo por y para los niños y su educación; escribiendo, ilustrando y enseñando, ¿ hay algo mejor? Ediciones Lola Pirindola es una editorial especializada en cuentos personalizados y recursos educativos infantiles. Una de las mejores fórmulas de estimulación para los más pequeños.
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