3. Alfonsín y el vínculo con Estados Unidos, a través de sus encuentros con Bush y Reagan i. Entrevista Alfonsín-Bush en Olivos, 10 de diciembre de 1983 La construcción del vínculo bilateral entre Alfonsín y la Administración Reagan tiene un hito fundacional el mismo día de la asunción del mandatario argentino, que recibió durante casi una hora al vicepresidente George Bush, enviado estadounidense para la ceremonia. El haber enviado a un funcionario de tan alto rango –quien además asumiría como presidente cinco años más tarde- es un indicador de la importancia que le asignaba la Casa Blanca a las relaciones con América Latina y el Caribe en general, y con Argentina en particular.
En ocasión de su viaje a Buenos Aires para participar de la ceremonia de asunción de Alfonsín, Bush recibió por parte del Departamento de Estado un Memorándum que analizaba cuál sería la orientación de la política exterior comandada por el canciller Caputo:
“…la visión de Alfonsín de los asuntos internacionales es cercana a la de los socialistas y socialdemócratas de Europa occidental. El ‘imperialismo’ (nosotros), en su opinión, es una gran amenaza para los intereses políticos y económicos argentinos y latinoamericanos. […] Dada esta mentalidad, debemos esperar: Relaciones más estrechas con los partidos y gobiernos socialistas y socialdemócratas de Europa occidental; un fuerte sesgo pro democrático y pro derechos humanos en foros internacionales; una clara preferencia por los gobiernos controlados por civiles en América Latina; y una fuerte reacción retórica a cualquier intervención estadounidense percibida en el hemisferio, particularmente en América Central” (citado en Yofre, 2020).
El Departamento de Estado también evaluaba posibles puntos de convergencia:
“Podemos esperar un grado quizás sorprendente de continuidad con respecto a: 1) la búsqueda de mejores relaciones con los Estados Unidos; 2) los argentinos buscarán que los Estados Unidos ayuden con el refinanciamiento de la deuda externa; 3) participación activa de la Argentina como socio moderado en el movimiento no alineado; 4) mantenimiento de políticas existentes en disputas territoriales sobre el Canal Beagle (Chile) y las negociaciones de so. El 11 de diciembre de 1983, en conferencia de prensa, Bush contestó al periodista José de Ser, de Canal 9, sobre el contenido de la reunión que había tenido la noche anterior con Alfonsín. El contenido de la misma puede verse en https://www.youtube.com/watch?v=ymnjcDbeJrU.
So beranía sobre las Islas Malvinas con el Reino Unido; 4) la búsqueda de ventajas comerciales con el bloque soviético mientras se mantiene libre de contaminación política. Alfonsín sufre de pocas ilusiones sobre los soviéticos. Él es, por ejemplo, tan crítico de su papel en América Central como lo es del papel de los Estados Unidos” (Citado en Yofre, 2020).
El 5 de diciembre, en un documento que llevaba la firma del Secretario de Estado George P. Shultz, se planteaban temas de seguridad que deberían tratarse en la reunión entre Alfonsín y Bush: “la cuestión bilateral más grave e inmediata es la implicación del reciente anuncio de Argentina de que ha dominado el proceso de enriquecimiento de uranio, lo que le da el potencial de desarrollar armas nucleares. Si bien está orgulloso de este logro, el gobierno radical puede estar más inclinado a controlar el programa nuclear. Debemos alentar al gobierno argentino a aceptar salvaguardas, preferiblemente pero no exclusivamente, mediante la adhesión al Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP) o al Tratado de Tlatelolco” (Citado en Yofre, 2020).
Schultz proponía a Bush una serie de temas y objetivos a abordar en su encuentro con Alfonsín: “1. Transmitir nuestro apoyo a la democracia argentina y nuestro apoyo para la mejora de los derechos humanos. 2. Destacar la importancia de salvaguardar las instalacio- nes nucleares argentinas. 3. Fomentar negociaciones pacíficas para resolver las disputas del Canal de Beagle y las Malvinas. 4. Indique nuestra esperanza de que Argentina tenga éxito
en sus negociaciones con el FMI y los bancos comerciales, señalando nuestra voluntad, siempre que sea posible, de ser útiles.” (Citado en Yofre, 2020).
Alfonsín recibió a Bush en la residencia presidencial de Olivos durante aproximadamente 50 minutos, a partir de las 20.30hs del 10 de diciembre de 1983. Lo acompañaban el canciller Caputo, el embajador Hugo J. Gobbi y el Secretario de Asuntos Especiales del Palacio San Martín y el Secretario General de la Presidencia, Germán López. Del lado de Bush participaron el embajador Frank Ortiz, el Subsecretario de Asuntos Latinoamericanos, Anthony Motley, y el almirante Daniel Murphy, quien era jefe de gabinete del vicepresidente.
El ayuda memoria del encuentro, realizado por el Departamento de Estado, contiene las líneas centrales de lo que habría de ser la relación que Alfonsín intentaría llevar adelante con la Casa Blanca. Según este documento, transcripto por Yofre (2020), así se produjo la reunión. Bush inició el diálogo señalando:
“Ahora los Estados Unidos y Argentina podrían convertirse en socios iguales en la búsqueda de la paz y la prosperidad mundiales” y que creía que había “un gran potencial para las acciones conjuntas entre las dos grandes naciones”. Alfonsín respondió que “estaba muy contento de escuchar esto” y consideró que las relaciones deberían ser posibles “entre socios maduros”. El mandatario argentino aclaró que “las dos naciones tienen muchos intereses comunes y que también había intereses diferentes y contradictorios que no especificó. Dijo que deberíamos esforzarnos para que los puntos de vista diferentes se conviertan en intereses comunes y los puntos de vista contradictorios simplemente se conviertan en puntos de vista diferentes. Dijo que las relaciones bilaterales sufrieron debido a la guerra de Malvinas, pero este mismo problema podría convertirse en una posible vía para mejorar nuestra.
Más adelante, el presidente argentino aclaró que “las democracias del mundo deben estar unidas pero el tema de Malvinas los divide. Es importante comenzar a implementar la resolución de la ONU sobre las Malvinas”, a la vez que propuso que “las conversaciones entre el Reino Unido y Argentina deberían comenzar, incluso con agendas diferentes, pero era importante comenzar las conversaciones”. Luego fue más específico: “Debe haber un final para la zona de exclusión y, a toda costa, la conversión de las Islas en una fortaleza militar debe detenerse antes de que el Atlántico Sur se convierta en el Atlántico Norte” y que la Argentina “espera que los Estados Unidos coopere para evitar tal situación”. La respuesta de Bush fue que creía que “el Reino Unido quiere avanzar en la reconstrucción de sus relaciones con Argentina. La decisión de los Estados Unidos de certificar ante el Congreso las mejoras de Argentina en la observancia de los derechos humanos no fue fácil de aceptar por los británicos. Estados Unidos ha demostrado su apoyo a Argentina” y que su país “puede ayudar a mejorar las relaciones entre dos amigos. (…) Cuando el Vicepresidente aludió a algunas manifestaciones de hostilidad contra los Estados Unidos entre aquellos que se encontraban en las grandes multitudes en el centro de la ciudad, el presidente argentino dijo que los estadounidenses no deberían ser ingenuos. Si bien es cierto que existe un sentimiento adverso en Argentina desde la guerra de Malvinas, esa no fue la razón de los casos aislados de hostilidad que el vicepresidente pudo haber observado. Hay grupos en América
Latina que levantan pancartas que no son pancartas nacionales, sino que son las del conflicto Este/Oeste. América Latina es un campo de batalla para la propaganda ideológica. De ninguna manera, quienes lo demostraron representan la gran mayoría de los argentinos.
Son solo un pequeño grupo que en Argentina se llaman ‘ultras`. Tienen su propia agenda, que no es la agenda de Argentina”.
Bush invitó a Alfonsín a hacer una visita a los Estados Unidos a finales de 1984. Le preguntó al presidente Alfonsín si le gustaría dialogar con el presidente Reagan y Alfonsín respondió que sería un gran placer conocer al jefe de la Casa Blanca y visitar los Estados Unidos. La visita de carácter oficial, como se dijo, se concretó en marzo de 1985, aunque
antes, en septiembre de 1984, el mandatario argentino viajó a Estados Unidos para asistir a la Asamblea General de Naciones Unidas.
Bush planteó que había áreas específicas en las que Estados Unidos esperaba que pudiera cooperar y apoyar. Señaló que el subsecretario del Tesoro, Robert T. Mc Namara, era miembro de su delegación y se estaba reuniendo con el nuevo equipo económico argentino.
“Estados Unidos trataría de ser lo más útil posible para ayudar a Argentina a resolver sus grandes problemas financieros”. “El presidente Alfonsín respondió que una disminución de la magnitud del problema de la deuda es absolutamente vital para él. Dijo que existe el peligro de que su administración no pueda cumplir las expectativas que despertó. Dijo que era esencial terminar con las limitaciones al desarrollo de Argentina impuestas por los enormes requisitos del servicio de la deuda. Dijo que Argentina siempre paga sus deudas. La forma en que Argentina paga su deuda es exportando. Era vital encontrar mercados para las exportaciones de Argentina y organizar una refinanciación equitativa de la deuda, pero no debería haber ninguna duda de que Argentina pagará. El vicepresidente repitió que Estados Unidos trataría de ayudar y que el mercado de los Estados Unidos debería estar abierto a
Alfonsín y Reagan: diferencias políticas y necesidades económicas
DOSSIER: La Politica Exterior Argentina en 40 años de democracia
todos”. También destacó que Estados Unidos sería un buen socio comercial para la Argen-
tina, lo que le valió el agradecimiento de Alfonsín, quien insistió en que creía que era muy
importante que hubiera una reducción en las tasas de interés, para poder afrontar los com-
promisos externos.
El siguiente tema que abordaron fue el de la cuestión nuclear, de especial interés para la administración Reagan. Bush alertó que Estados Unidos había escuchado preocupantes declaraciones de algunos funcionarios argentinos y señaló que los dos países “podrían ser más comunicativos para garantizar que haya un flujo constante de cooperación científica y tecnológica” con el objetivo de evitar la proliferación nuclear. Advirtió que, en tanto Alfonsín pudiera cumplir con las salvaguardias nucleares internacionales, esa mejoraría mucho todas las áreas en las que fuera posible avanzar en la cooperación bilateral. Si bien el vicepresidente estadounidense aclaró que la política nuclear era un asunto del gobierno argentino, advirtió enfáticamente que las decisiones de Alfonsín tendrían un impacto considerable en el grado de cooperación posible entre ambos países. La respuesta de Alfonsín fue que “quería que el vicepresidente supiera de su decisión irrevocable y absoluta de que Argentina no construirá una bomba atómica. Dijo que Argentina haría acuerdos con sus vecinos que tranquilizarían a la opinión pública mundial”.
Bush aseguró a Alfonsín que Reagan estaba comprometido en la reducción de los armamentos, incluso en avanzar en acuerdos con la Unión Soviética en este aspecto, lo cual recibió el beneplácito del presidente argentino. Como se ve, ya en esta primera reunión de alto nivel de ambos gobiernos se plantearon los puntos de acuerdo y los ejes que cada uno de los gobiernos impulsarían en el diálogo bilateral que continuaría durante los dos encuentros presidenciales de 1984 y 1985.
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