La escuela como organización social debe responder

El concepto de institución es ambiguo y polisémico, por tanto, se presta a confusión. En este trabajo entenderemos por institución a un nivel de la realidad social que define cuanto está establecido. Tanto Lidia Fernández como Leonardo Schvarstein consideran en sus definiciones elementos como valores, creencias, leyes y pautas de comportamiento que marcan un estilo de intercambio social. Para Schvarstein es muy importante el concepto de organización, concibiendo a las mismas como mediatizadoras en la relación entre las instituciones y los sujetos.
Las instituciones son abstracciones y las organizaciones son el sustento material de las mismas. Desde este concepto podemos sostener que las organizaciones están atravesadas por numerosas instituciones. Las instituciones se singularizan en la forma de una unidad organizacional concreta que llamamos “establecimientos institucionales”. Estos elaboran sistemas destinados formalmente a la socialización de sus miembros. Sin embargo, existen otros aspectos de la socialización que se dan a un nivel de inconciencia o de una conciencia apenas oscura que inciden en la personalidad de igual modo que los anteriores.
Dado que hemos partido de que una institución es un nivel de la realidad social que define cuanto está establecido, debemos definir qué es lo establecido. Lo establecido es el conjunto de normas y valores dominantes así como el sistema de roles que constituye el sostén de todo orden social. A esto denominamos “lo instituido”. “Lo instituyente”, por lo contrario, es la fuerza antagónica que intenta negar lo instituido. El cambio social se produce como resultado de una lucha dialéctica entre lo instituido y lo instituyente. La fuerza instituyente que triunfa se instituye y, en ese mismo momento por el simple efecto de su afirmación y consolidación, se transforma en lo instituido y convoca a su instituyente.
Lidia Fernández nos dice que: “para el caso de “la escuela” el término institución alude a un tipo de establecimiento a través del cual se procura concretar la función social de educar”.La escuela está legitimada por la necesidad que tiene de transmitir los valores instituidos por los grupos sociales dominantes, asegurando su continuidad más allá de la vida biológica de los individuos.
Como argumenta tan claramente Lidia Fernández, la especialización en un establecimiento determinó:
*La creación de un ambiente artificial en el que se aislaron total o parcialmente las personas implicadas en este proceso;
*La definición de una serie de roles sociales en los que se delegó parte importante de las acciones, antes a cargo de los adultos en general;
*La postulación de metas, requerimientos y exigencias;
*La asignación de un espacio, un tiempo, un equipo de recursos para emplear en el desarrollo de la acción.
En la escuela se produce el aprendizaje de un recorte de saberes, “el currículo oficial”, y asimismo de otras representaciones que tienen que ver con el “currículo oculto”. Cada establecimiento hace una versión única de los modelos institucionales, lo que constituye su propia cultura institucional. La cultura institucional resulta del intercambio de los individuos entre sí, la adhesión a los valores institucionales, los sentimientos de pertenencia que poseen los individuos como derivados de su participación en la vida institucional. Toda cultura halla su sustento en un “imaginario institucional”. “El imaginario es el conjunto de imágenes y representaciones (generalmente inconscientes) que producidas por cada sujeto y por cada grupo social, se interponen entre el productor y los otros sujetos tiñendo sus relaciones, sean éstas interpersonales, sociales o vínculos con el conocimiento” (G. Frigerio, M. Poggi, G. Tiramonti, Cara y Ceca L a cultura institucional, Pág. 37.) El imaginario influye e impregna la relación que cada sujeto tiene con la institución, con los otros y con su propio trabajo, y ayuda a formar una cultura determinada.

Continuará

Adriana Passalia
Acerca de Adriana Passalia 10 Articles
Adriana Passalia es Profesora en Filosofía y Pedagogía por el Instituto Superior de Profesorado Sagrado Corazón, Licenciada en Calidad de la Gestión de la Educación, por la Universidad del Salvador, Especialista en Metodología de la Investigación Científica por la Universidad Nacional de Lanús. Y, en la actualidad, Maestranda en Metodología de la Investigación Científica, por la misma universidad.

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