La gruta del Ávila. Venezuela

Ha sido un reto para mí presentar este libro. No pertenezco al mundo de las letras, soy amante y admiradora de las imágenes. Encuentro en ellas el poder de contemplar y seducir no solo los sentidos sino el corazón. Quizá esto, fue en un primer momento la conexión con los textos enviados por whatsapp durante la pandemia por Luis Gilberto Caraballo, quien compartía sus avances con entusiasmo. Todos me despertaban muchas emociones. Probablemente,
llegaron a mí en un momento especial, en la distancia y desde nuestras nuevas rutinas, me acercaron al Ávila 2 -ya no como otra caraqueña enamorada de aquella montaña- la cual han admirado poetas y pintores venezolanos, quienes rendidos a sus pies han creado y soñado. Encontré más que eso. Me resultó una invitación a un viaje interior, a mi existencia humana.
La gruta del Ávila contiene una riqueza textual. Cuando la lees quedas prendado (a) conla narrativa, la belleza de la poesía y la prosa poética. Todas conforman una creación singular. Para quienes nos gusta el cine resulta un exquisito guion literario. Logras imaginar las escenas y las tomas. Al menos a mí me sucedió.
Descubres desde la primera parte que se trata de un viaje inédito. Prendado por aquel deseo de explorar más allá de lo visto desde un ventanal. Caraballo así lo confiesa: “Había sentido siempre el influjo de penetrar alguna vez las entrañas de su misterioso y sobrio semblante”. Resulta una clave enunciativa. El autor se sumerge y se vale para ello de la figura de su propia voz quien lo invita. Sin miedo inicia un recorrido, entre diálogos con otros autores y
manteniendo su sed de lo inasible, aspecto característico de su narrativa.
Antes de cada encuentro las epígrafes de autores: Vicente Gerbasi, Octavio Paz, García Lorca, Alejandra Pizarnik, Roberto Juarroz, Fernando Pessoa, Pablo Neruda, Rafael Cadenas, Jorge Luis Borges, José Antonio Ramos Sucre …se presentan como una antesala y sirven de hilo conductor para cada relato. El autor-narrador responde a esas palabras a través de su viaje interior (personajes, otros yo). No es egoísta, también nos invita. Es imposible negarse. Te entregas a la aventura de reconocer tu propia humanidad.
Imposible pensar La gruta del Ávila en otro lugar. El narrador nos regala un poco de la sazón latinoamericana, sin olvidar sus raíces. Son frecuentes las imágenes del araguaney (el árbol nacional de Venezuela) o del samán (también ubicado cerca del Ávila), la referencia al Valle de Caracas, el Orinoco (río sudamericano cuyo voz remite a lengua warao), La Guaira, Los Roques y el Salto Ángel. En medio de la belleza natural, no olvida a Machu Picchu, ni a los
objetos-signos conocidos en América, por ejemplo: la hamaca.

Primera Parte
En la primera parte, encuentras exquisitos diálogos. Aparecen algunos temas existenciales asumidos desde la interioridad del autor. Comienza Caraballo por él mismo y así teje a través del yo (personaje) la paradoja de: 1. “Hay cabos …que serán devueltos a sus ojos” y 2.“se ama en olvido y las manos inasibles hacen de sus hilos estragos”. Pero no conforme con esta inquietud de sí mismo se plantea aquello de “retornamos en nosotros”. La sombra lleva al lector a pensar en sus propios infiernos y fortunas. No a la manera de una tragedia griega, pero sí desde la imagen del otro como yo, en el desdoblamiento de la imagen (hombre-pintor): “sostuve las derrotas, el regocijo y el amor, aunque te perdieras vencido en los dibujos”.Sin temor a la búsqueda, continúa conversando con la muerte, quien es un recuerdo del dolor y al mismo tiempo luz, es el anhelo a un retorno. No le teme, se enfrenta a lo inminente en
aquellos escenarios de ficción y realidad en otro orden “que permite unir, hilar la marea del sueño”.
La unidad se manifiesta reiteradamente en los encuentros con la metamorfosis del yo.La reflexión de la imagen no es magnificada. Verse a sí mismo sin miedos ni reservas en las dialógicas, permite la emergencia del deseo por saber más de sí, “sé que en el espejo hay otro, y creo cuando soñamos nos unimos, bañados en un solo río” El espejo que nos ofrece Caraballo invita a pensar la otredad como diálogo de la mismidad.
Sumergido en la sed de búsqueda, afirma a través de la voz del personaje (Yo), que a la oquedad “no la identifica, pero sí cuando intento escribir”. Otra nueva clave interpretativa, más cercana al mundo del poeta y así la formula de manera explícita: “Me quedé con la sensación de la búsqueda permanente, como el poema que retorna sobre sí mismo…se espeja, se disuelve y se reintegra”. Sigue cada vez más un acercamiento al proceso de escritura “La
intemperie me sorprendía en mis vuelos de poeta”. La poesía emerge como el objeto que hilvana los diálogos existenciales (sombra, olvido, muerte y tiempo), diálogos del sujeto creador (sueño, oquedad e intemperie) y las voces del yo de referentes externos (lluvia, viento, noche, mar).
Vemos en esos referentes externos una constante interrogación, el intento por descubrir aquel objeto y aprehenderlo, al modo de un sujeto cognoscente. Pregunta a la lluvia “¿Qué habrá ahí adentro? Sé de olvidos, y demonios, fantasmas no escuchan”. Escucha con atención al viento en su afán de omnipresencia y luego lo inquiere ¿Qué traes…?

Segunda parte
Trece figuras humanas (once hombres y dos mujeres) aparecen en la segunda parte. Vicente Huidobro, Gabriel Garcia Márquez, Octavio Paz, Vicente Gerbasi, Ramos Sucre, André Berton, Arthur Rimabud, Federico García Lorca, Walt Whitman, Jorge Luis Borges, Luis Cernuda, Olga Orozco y Alejandra Pizarnik. La representación de cada uno y cada una emerge a partir de la relación poética del autor, dando forma a un pasado sentido/vivido, einterpretado
a la luz de la relación formativa con la escritura poética. Es una huella recreada a partir de retratos donde confluye una suerte de híbrido entre los imaginarios individuales y colectivos que develan una imagen donde está presente el poeta.
Las trece figuras humanas concentran la premisa: “Mi nombre es mi nombre, cuando lo recuerdan las memorias”. Es el poder de activación de la imagen a partir de la memoria y viceversa. Memoria e imagen están cargadas de afectos. Las tensiones entre presencia-ausencia aparecen constantemente en cada uno de los relatos.

1 Texto correspondiente a mi intervención el día 17 de noviembre de 2021. Evento organizado por Letras Salvajes. Puede ver https://www.facebook.com/revistaletrassalvajes/videos/192633039700798/?app=fbl&_rdr

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Acerca de Claritza Peña Zerpa 4 Articles
Doctora en Cs de la Educación. Actualmente soy profesora de las cátedras de Métodos I y II, Pedagogía, en Venezuela. Comparada en la Universidad Católica Andrés Bello (Caracas-Venezuela). Directora de Formación de la Fundación FAMICINE.

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