La antigüedad grecolatina en debate

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Ahora bien, estas cuestiones destacan que los centros palaciales pudieron haber tenido funciones religiosas pero que no eran tan importantes como los santuarios de altura. A la vez, en el período Neopalacial hay un interés significativo por parte de los grupos de elite existentes en la isla de Creta de controlar estos espacios sagrados. Es posible notar que los santuarios de altura en actividad decaen en número. Se estima que, de aproximadamente cincuenta en el período Protopalacial (véase Peatfield, 1983, 274), sólo es posible encontrar seis o siete en el período Neopalacial y que su supervivencia se encuentra relacionada con su vínculo con jerarquías regionales (véase Faro, 2008, 124-127 y véase Adams, 2004) y con las elites palaciales (véase Faro, 2008, 6 y Dietrich, 1969, 260). Es importante agregar que además de los “palacios” podemos encontrar otras estructuras monumentales conocidas como “villas” que también están relacionadas con estos santuarios. La existencia de estas edificaciones nos conduce a considerar que la realidad política de Creta no estaba concentrada uniformemente en los “palacios” y que existían diversas jerarquías (heterarquía) que competían por el control de espacios sagrados.
(Re)interpretando los “palacios” y la religión minoica Si tomamos las fuentes clásicas en su conjunto, veremos que hay una percepción homogénea respecto de la cultura minoica. En primer lugar, toda la isla de Creta estaba bajo el gobierno de Minos que al ser hijo de Zeus contaba con ciertos atributos exclusivos. Conjuntamente, Minos se entrevistaba periódicamente con su padre en la cima de una montaña. Desde el punto de vista de la arqueología, las fuentes clásicas sirvieron como un marco interpretativo a la hora de analizar la evidencia material. Si Minos había sido un monarca poderoso, debía vivir en un palacio tal como lo expresaba la tradición. Por otro lado, el palacio debía ocupar el centro de la sociedad minoica concentrando funciones religiosas, políticas y económicas.
Pero a medida que las investigaciones avanzaban se fue descubriendo una realidad más compleja que la que señalaban los primeros investigadores en base a la fuentes. Los restantes “palacios” en Creta sugerían la existencia de otros monarcas que podían ser independientes de Knossos. A la vez, no es posible detectar ninguna imagen iconográfica que señale la existencia de un monarca de manera clara y precisa. Respecto a la cuestión religiosa, si bien no se han encontrado estructuras monumentales identificables como templos, sí existen santuarios de altura cuya existencia es anterior a los “palacios” e incluso, le sobreviven. Del mismo modo, la iconografía señala que los espacios de culto eran variados y estaban en relación con la naturaleza. Del mismo modo —aunque no lo hemos destacado en este trabajo— existen otras estructuras conocidas como “villas” la cuales parecen haber tenido funciones similares a la de los “palacios” pero en menor escala.
En suma, la realidad social y cultural de la isla de Creta durante la Edad de Bronce parece ser mucho más compleja que la imagen elaborada por las fuentes clásicas y por los primeros investigadores. En este sentido, resulta claro que los escritores helénicos interpretaron su pasado bajo una percepción cultura propia a lo cual debemos agregar las modificaciones propias de la transmisión oral. Por otro lado, Evans y los primeros investigadores influenciados por la tradición y por los descubrimientos micénicos y orientales buscaron equiparar culturas disímiles. Esta situación generó que la evidencia arqueológica sea forzada a encajar en estos esquemas interpretativos.
Aún hoy abundan las interpretaciones en dónde se repiten estas imágenes estáticas de la sociedad minoica y sobre todo de la religión minoica. No es posible afirmar que los “palacios” hayan tenido el poder que se les atribuye. Tampoco es posible sostener que el rey haya tenido una función religiosa como la que se expresa de Minos; incluso, no es posible sustentar que haya existido un monarca. Una situación similar sucede respecto al tan mencionado
mito de la talasocracia minoica, el cual no es un debate concluido.
Finalmente, no es nuestra intención defender que las fuentes clásicas no tengan importancia para los estudios minoicos; siempre y cuando seamos conscientes de que deben ser analizadas teniendo en cuenta sus particularidades culturales. Del mismo modo, es importante criticar las interpretaciones arqueológicas que se hicieron siguiendo la tradición, dado que muchas de estas percepciones se mantienen en la actualidad. Dado que la cultura minoica es una rara avis dentro del mundo de la arqueología es buen ejercicio metodológico cuestionar las concepciones apriorísticas que intentan definir a esta sociedad de manera monolítica.


Bibliografía
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Autenrieth, G. (1891), A Homeric Dictionary for Schools and Colleges, New York, Harper and Brothers.
Betancourt, P. P. (2010) [2008], “Minoan Trade”, en Shelmerdine, C.W. (ed.), The Cambridge Companion to the Aegean Bronze Age, Nueva York, Cambridge University Press, pp. 209229.
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Cottrell, L. (1958), El Toro de Minos, Ciudad de México, Fondo de Cultura Económica.
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