1. Usted está de acuerdo con la educación como servicio esencial? ¿La esencialidad es contención?
Es un tema complejo. La educación es, sin dudas, un derecho esencial. Ahora bien, garantizar ese derecho exige encontrar un equilibrio entre el derecho de los estudiantes a aprender y el derecho de los trabajadores a reclamar.
Reducir el debate únicamente a la palabra «esencialidad» simplifica demasiado un problema mucho más amplio.
Absolutamente. Y se incrementó con el nuevo régimen académico en PBA. En esto veo disparidad según cada escuela: en algunas se llena la planilla, de la planilla de la planillita, por ejemplo, detallando los contenidos no logrados por cada estudiante y que así vaya completando su trayectoria. Otras escuelas no hacen rellenar ningún formulario, salvo lo indispensable como entrega de informes al final del cuatrimestre. Pero más allá de si la burocracia es mucha o poca, lo importante es que los alumnos no logran aprendizajes significativos y esto sí es muy grave: cuando la rigidez normativa se queda en eso sin poner en foco lo que realmente está pasando con los adolescentes en las aulas.
2. ¿Por qué los padres y alumnos deciden no ir a la escuela aumentando así el ausentismo programado?
Hay una percepción equivocada de que faltar a clase no tiene consecuencias importantes. Esta situación se puede comprobar en los padres que se llevan de vacaciones a sus hijos durante el período de cursada o cuando los retiran antes de una evaluaciónen; y también en los alumnos que faltan porque sí, sin un motivo justificado y frente al pedido de justificación dicen: “no vine porque llovía”, “o hacía frío”, “porque no daba”, etc, etc. El ausentismo escolar no nació con la pandemia, pero la pandemia marcó un antes y un después. A partir de 2022 comenzaron a aparecer datos muy preocupantes que muestran un crecimiento sostenido de las inasistencias en todo el país. No creo que pueda atribuirse a una única causa ni a una única política educativa. Es un fenómeno complejo, donde confluyen cambios culturales, dificultades sociales y económicas, las secuelas del aislamiento y también la necesidad de volver a construir en los adolescentes la idea de que asistir a la escuela todos los días tiene un valor insustituible.
Para terminar, considero que el principal responsable del elevado ausentismo son los ministerios de educación provinciales, que a costa de garantizar la permanencia de los estudiantes en el sistema, flexibilizan cantidad de faltas y no fijan una consecuencia real, palapable y concreta frente a las inasistencias. Así padres y ministros miran para otro lado frente a la obligatoriedad del secundario que prescribe la Ley Nacional de Educación. De lo contrario ¿cómo justifican a un alumno que falta entre 80 y 100 días a la escuela? ¿Hay una obligatoriedad real o es un “como si”? Yo tengo una frase que gráfica lo que está pasando hoy en la escuela, no solo con las inasistencias sino con todo lo que tenga que ver con actuar responsablemente o asumir las consecuencias: “El ministerio de educación les agranda todos los días un poco más el arco a los chicos a ver si hacen algún gol, pero no se dan cuenta de que los estudiantes ya ni patean al arco”. Lamentablemente instalaron el “siga, siga, que no pasa nada” y ese mensaje ya prendió de manera muy arraigada en los alumnos. No sé si en algún momento se podrá dar un giro rotundo.
3.¿Por qué los padres y alumnos deciden no ir a la escuela aumentando así el ausentismo programado?
Esta pregunta está respondida, en parte, en la respuesta anterior. Agrego que si hubiera sanciones económicas o legales reales para los padres que facilitan el ausentismo de sus hijos, se podría revertir este grave problema.
4. Jorge como docente de aula: ¿Cómo se puede mejorar el control diario de la asistencia?
Los que estamos en la “trinchera” o “con los pies en el aula” sabíamos que cuando en el 2024 nos presentaron el contenido de esta “deforma” sería un ROTUNDO FRACASO por eliminar la cultura del esfuerzo y la responsabilidad académica, entre otros, en los estudiantes bonaerenses, a quienes se los empoderó como adultos desconociendo que son justamente adolescentes que necesitan reglas claras y no el mensaje de “ todo vale”. Así tenemos casos de recursantes que se niegan a dejar a sus compañeros para ir a otro salón a recursar o alumnos desaprobados que no intensifican “total la puedo intensificar después” y así vamos relajando las actitudes y viendo cómo la laxitud es el común denominador en las aulas bonaerenses. Todo esto generado por la incapacidad de Sileoni, además de su populismo pedagógico y su demagogia y la terquedad de Terigi que nos llama “defensores del dificilismo” a quienes nos opusimos y no acpetamos a este “Frankenstein”. El régimen promueve continuidad de trayectorias, pero traslada al aula y al docente una capa burocrático-administrativa y de intensificación que no viene acompañada —en la letra normativa de tiempos, cargos o módulos equivalentes. Sin rediseño operativo (horas, equipos y sistemas), el resultado previsible es más administración y menos enseñanza, justo al revés del objetivo declarado.
Cuando se llevó adelante la otra gran “deforma” del Tercer Ciclo y el Polimodal, se eliminaron las mesas de examen reemplazándolas por lo que se dio en llamar “compensatorios”, que es lo mismo pero con distinto nombre este engendro llamado intensificación (que solo sirve para intensificar la pérdida de tiempo). El efecto fue el mismo que lo que ocurre en la actualidad: los alumnos se relajaban sintiendo que si no aprobaban las materias en los 15 días de diciembre, lo podían hacer en febrero/marzo, con la diferencia de que en ese momento había repitencia, lo que originó un verdadero problema por la cantidad de repitentes. La solución fue volver a las mesas de examen y lo digo con conocimiento de causa porque en ese momento era director de un establecimiento educativo. Jamás pensé que iba a ver un despropósito tan grande en educación como lo fueron esos largos años hasta que se derogó la Ley Federal de Educación, pero veo que ahora, con este régimen académico vamos, casi, por el mismo camino con un común denominador: en aquel momento era Duhalde el gobernador y ahora es Kicillof, dos peronistas que defienden en sus discursos la educación como motor para el ascenso social de tantos jóvenes, pero que en la praxis hicieron y hacen todo lo posible por dinamitar la calidad educativa, conviertiéndola en “caridad educativa” que yo llamo lisa y llanamente “estafa”.
5. ¿Según su parecer el nuevo régimen académico en PBA ha fracasado? ¿Qué cambios sugiere para optimizar la educación?
Voy a ir desde lo más utópico a lo más realizable.
- En primer lugar, le devolvería el rango de ministerio a lo que hoy es la Secretaría de Educación. El mismo sería un ministerio independiente del gobierno de turno y cuyos funcionarios ocuparían los cargos con una antigüedad comprobada en el aula de no menos de 15 años.
- En segundo lugar, transferiría todos los servicios educativos que hoy están en manos de las provincias, a ese ministerio nacional, como era antes de la sanción de la Ley de transferencia en 1991. Lamentablemente esto no va a pasar porque para el actual gobierno y para todos los antecesores, la educación es un gasto: lo vemos anualmente con los recortes que se hacen en el área educativa durante la aprobación del presupuesto nacional.
Saldría de la hiperregulación que imponen los ministerios, por la que es imposible cambiar una coma de sus resoluciones, para pasar a la autonomía institucional tan mentada pero tan ninguneada: que cada escuela conforme a las verdaderas demandas de su comunidad educativa fije pautas de cursada, evaluación, promoción y acreditación de sus alumnos reales y no del imaginario que se dibujan los ministros y sus asesores en sus torres de marfil. - En lo inmediato para el nivel secundario de la provincia de Buenos Aires: Eliminaría los períodos de intensificación y los reemplazaría por recuperatorios que el docente lleve a la práctica durante la cursada de cada cuatrimestre, cuando él lo considere oportuno.
- Si el alumno no aprueba un cuatrimestre, tiene la posibilidad de hacerlo en diciembre. De no lograrlo, rinde toda la materia ante tribunal en febrero/marzo.
- Si no aprueba ningún cuatrimestre y no está aplazado, rinde examen ante tribunal en diciembre. En caso de estar aplazado, rinde directamente en febrero/marzo.
En el caso de que un alumno se exceda en el límite de inasistencias, repite el curso al año siguiente.
Si un alumno desaprueba más de la mitad de las materias del año cursado, repite el curso. De lo contrario pasa de año con la condición de que no puede pasar a la secundaria superior si adeuda materias del ciclo básico. Y tampoco puede pasar a sexto si adeuda espacios de 4° y 5° años. - Las materias previas se rendirán en abril y en octubre de modo tal que no haya superposición con las actividades de diciembre y febrero/marzo.
Se garantizarán tutorías extraclase que sirvan de orientación para los alumnos desaprobados. - Los alumnos de 6° año acreditarán las materias con un examen final integrador ante comisión evaluadora.
- Sé que con estas medidas me van a acusar de retrógrado, de volver a una práctica que excluyó a muchos del sistema, etc, etc. Yo desafío a esos “especialistas de escritorio” a que confrontemos y que defiendan su teoría de que inclusión sin calidad educativa NO ES EXCLUSIÓN. Que refuten con los datos que muestran las evaluaciones nacionales e internacionales por qué si sus propuestas inclusivas son tan superadoras, los resultados obtenidos son tan paupérrimos.
- Y para finalizar agrego que mejorar la educación no consiste en elegir entre inclusión o calidad, entre acompañamiento o exigencia, entre derechos o responsabilidades. Los mejores sistemas educativos del mundo demuestran que esos objetivos pueden convivir. Una escuela verdaderamente inclusiva es aquella que logra que todos los estudiantes aprendan. Permanecer en la escuela es importante, pero aprender es el verdadero sentido de estar en ella.
Después de cuatro décadas de trabajo en las aulas sigo convencido de que la educación cambia vidas. Pero para que eso ocurra necesitamos volver a confiar en el conocimiento, en el trabajo cotidiano del docente y en la convicción de que enseñar y aprender siguen siendo el corazón de la escuela.
Gracias Jorge.
Perfil de Jorge Angelini. Profesor en Castellano, Literatura y Latín, egresado del INSP “Joaquín V. González”. Diplomado en Gramática Castellana por la Universidad del Salvador. Especialista en Educación: lectura y escritura por FLACSO. Maestro Superior en Inglés por la Cultural Inglesa de Buenos Aires. Ejerció la docencia ininterrumpida y alternadamente durante cuarenta años en los niveles primario, secundario, terciario, universitario y educación de adultos. Fue director en colegios secundarios. Actualmente se desempeña como profesor en colegios secundarios en Prácticas del Lenguaje y Literatura y también en institutos de formación docente en las cátedras de Taller de Lectura, Escritura y Oralidad, Taller de Literatura Infantil, Didáctica de la Enseñanza de las Prácticas del Lenguaje y la Literatura II, Lingüística y Gramática III y IV y Campo Formativo en la Práctica Profesional III. Participó del programa organizado por el Ministerio de Educación de la Nación “Entre la escuela media y los estudios superiores”. Publicó el libro “¿Hacemos verdaderas prácticas del lenguaje en nuestras clases de secundaria?”. Publicó en la revista Novedades Educativas: Semántica “mundialista”: Cómo las metáforas fusionan religión, épica y deporte en el lenguaje periodístico. Publicó en coautoría “La literatura comparada en la Educación Secundaria”. Participó del proyecto coordinado por María del Carmen Horno Chéliz “Situaciones de aprendizaje creadas con materiales del#TwitterparaLingüistas” de la Universidad de Zaragoza. (2024-2025)
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