Celebrar la segunda oportunidad, valorar todas las trayectorias El 27 de noviembre de 1973, durante la Presidencia de Juan Domingo Perón, se creó la Dirección Provincial de Educación de Adultos de la provincia de Buenos Aires, a través del Decreto N° 4626/73.
Esa decisión política marcó un antes y un después: las escuelas de adultos, que hasta ese momento dependían de las escuelas primarias, comenzaron a tener autonomía propia, integrándose a la Subsecretaría de Educación del Ministerio de Educación provincial. Fue un paso fundamental para reconocer el valor y la especificidad de esta modalidad educativa.
Reconocer a la Educación de Adultos fue, y sigue siendo, reconocer a los sectores populares, sus saberes, sus historias, sus identidades culturales y sus derechos. Fue poner en palabras y en acción la convicción de que nunca es tarde para aprender.
La educación de jóvenes, adultos y adultos mayores se sostiene sobre un principio profundamente humano: la educación a lo largo de toda la vida. No importa la edad, el recorrido previo o las interrupciones; cada persona puede y debe tener la oportunidad de aprender, crecer y construir nuevos proyectos.
A nivel internacional, este compromiso tomó fuerza después de la Segunda Guerra Mundial, con el impulso de la UNESCO, y se consolidó en América Latina en las décadas de 1970 y 1980 con la Educación Popular, inspirada en pensadores como Paulo Freire, que entendían a la educación como una herramienta de liberación, conciencia y transformación social.
En Argentina, la Ley Nacional de Educación N° 26.206 reafirma ese espíritu en su Capítulo IX, al señalar que la Educación Permanente de Jóvenes y Adultos debe garantizar la alfabetización, el cumplimiento de la escolaridad obligatoria y las oportunidades de aprendizaje durante toda la vida (Art. 46).
En este camino, la mirada de Malcolm Knowles, pionero de la Andragogía, nos invita a pensar la enseñanza de personas adultas desde tres principios esenciales: participación, horizontalidad y flexibilidad.
Participación, porque aprender junto a otros y otras potencia las ganas, la autoestima y la pertenencia.
Horizontalidad, porque en el aula no hay jerarquías de valor: hay experiencias que se comparten y se enriquecen mutuamente.
Flexibilidad, porque los ritmos, los tiempos y las realidades de cada estudiante deben ser respetados y acompañados con empatía y comprensión.
Cada año celebramos mucho más que una fecha institucional. Celebramos las historias de vida que se escriben en cada escuela de adultos, los sueños que vuelven a ponerse en marcha, los desafíos que se enfrentan con valentía y la alegría de quienes descubren que siempre hay una segunda oportunidad.
Celebramos también a los y las docentes, verdaderos artesanos de la esperanza, que acompañan con paciencia, creatividad y compromiso, sosteniendo cada trayectoria y creyendo en cada persona.
Y sobre todo, celebramos a nuestros y nuestras estudiantes: mujeres, varones, jóvenes, personas mayores, trabajadores, madres, migrantes, personas con discapacidad, todas y todos quienes eligen seguir aprendiendo, demostrando que la educación es un acto de dignidad, de inclusión y de amor por la vida.
La Educación de Jóvenes, Adultos y Adultos Mayores es, y será siempre, un espacio de encuentro, diversidad y transformación.
Porque cada aula abierta, cada cuaderno escrito, cada palabra compartida, nos recuerda que nunca es tarde para empezar de nuevo.
Hermoso articulo!.
El valor de una nueva oportunidad…la importancia de aprender toda la vida.
Gracias Candelaria por tu opinión.
Gracias por leerme. Me halaga tu comentario. La nota está escrita con todo mi amor por la Modalidad.