En esta ponencia se analizarán los propósitos generales y los primeros avances de una investigación que forma parte de un proyecto UBACyT, que se desarrolla bajo mi dirección. Su objetivo consiste en analizar el proceso de construcción de una nueva legitimidad política en tiempos del «peronismo clásico” (1943-1955), en el marco de la discusión sobre las prácticas políticas y las características del espacio público en Buenos Aires durante el período.
En esta ponencia exploraré una de las hipótesis centrales de mi investigación, que sostiene que la nueva legitimidad del régimen político peronista parece haber sido el resultado de una tensión entre un sistema de legitimación característico del consenso liberal pre-existente, asentado sobre la combinación entre representación política (ejercida a través de! sufragio- y consenso de la opinión pública, y un nuevo marco ideológico, inspirado en el basamento de algunos regímenes «populistas» y autoritarios de la época, fundamentalmente en lo referido a las prácticas plebiscitarias y la movilización vertical, organizada y manipulada de las masas obreras, que no desechó, sino que incluyó a su pesar, en un plano subordinado, al ejercicio del sufragio.
En esta ponencia se analizan los propósitos generales y los primeros avances de una investigación que forma parte de un proyecte UBACyT, que se desarrolla bajo mi dirección. Su objetivo consiste en analizar el proceso de construcción de una nueva legitimidad política en tiempos del «peronismo clásico» (1943-1955), en el marco de la discusión sobre las prácticas políticas y las características del espacio público en Buenos Aires durante el período.
Si bien la investigación se encuentra en sus primeros pasos, considero de gran utilidad someter a discusión las hipótesis que la guían.
El punto de partida
1. La reinstalación de la oemocracia en la Argentina, a inicios de la década de 1980, estuvo acompañada de una profunda renovación de los estudios históricos, expresada en una modificación de los enfoques, temáticas y problemas vinculados con la matriz económico-social predominante hasta ese momento. Uno de sus indicadores más característicos de ese proceso ha sido la revalorización de la historia política, que atrajo de manera creciente la atención de los historiadores. En efecto, aún cuando el ínteres en la estera de la política nunca había estado ausente, los ensayos presentados debían afrontar reiteradas objeciones a su “cientificidad» y su carácter événemenlielle, en virtud de los criterios de validación predominantes, provistos por la Escuela de los Anales y la historiografía marxista.
Los años ’80 permiten constatar una serie de rupturas:
• Por una parte, los nuevos aportes consiguieron equiparar -cuanto menos- ei prestigio académico de los estudios políticos respecto de los enfoques sociales y económicos, en virtud de la incorporación de los aportes del profundo proceso de renovación emprendido por la historiografía occidental (Le Goff, J., Nora, 1978; Barros, C. (ed.), 1995), a expensas de la crisis de la utopía de marxista de la Revolución (Spinelli, 1997).
• Esos cambios permitieron superar los enfoques políticos precedentes, limitados a los conflictos y negociaciones al nivel de las élites, y legitimar un nuevo paradigma, esencialmente narrativo, que transita con comodidad por una difusa frontera entre la nistoria de las ideas y las prácticas políticas.
• Asimismo, la creciente profesionalización de la disciplina histórica, puso fin al tradicional debate entre liberales y revisionistas (Quatrocchi. D.. 1995) y favoreció el diálogo con otras disciplinas sociales, como la sociología, la ciencia política, el análisis discursivo y los estudios culturales, enriqueciendo su propio universo teórico gracias a la incorporación de valiosos aportes.
Esta nueva vinculación entre la historia y ciencias sociales no resultó casual. Ciertamente, los primeros avances en la revalorización de lo político se corroboraron en el marco de esas disciplinas. Fuertemente influidas por el trágico proceso que acababa de concluir, la sociología y la ciencia política intentaron explicar el problema central de la inestabilidad política en la Argentina, retomando el estudio de la secuencia Autoritarismo-Democracia. De este modo, la primera parte de la década de 1980 estuvo caracterizada, fundamentalmente, por los análisis -e n su mayoría, no estrictamente históricos- sobre los actores colectivos que se consideraban como polos de ese conflicto -las FF.AA., los partidos políticos, la iglesia, las corporaciones económicas y los sindicatos-, y los estudios comparados con comparados con los procesos políticos de otros países latinoamericanos, en especial con el Brasil.(Halperin Donghi, 1986) Estos análisis propusieron diversos modelos políticos que trataron de diseccionar la dinámica del poder, concediendo autonomía a lo político. Por ese motivo, no emprendieron un tratamiento empírico más riguroso, ni tampoco análisis de casos más puntuales. En cambio, proveyeron de un marco interpretativo indispensable para los estudios históricos, que no tardarían en proliferar.
2. La cuestión de la legitimidad política, las formas de participación y el «peronismo clásico”
A medida que avanzaba la década de los ’80, y la democracia se iba consolidando, otras cuestiones comenzaron a volverse relevantes. Los nuevos dilemas giraban en torno a las posibilidades y características de la Democracia, y rápidamente fueron abordados por la nueva historiografía política, que intentó elaborar respuestas a partir de una minuciosa y original reconstrucción de nuestro pasado. Los estudios históricos elaboraron nuevas interpretaciones
de algunos temas tradicionales, como por ejemplo en el caso de los partidos políticos tradicionales y el sistema de partidos en la primera mitad del Siglo XX -Acuña, M., (1984); Gallo, R„ (1983) Teach, C., (1991); Vidal, G., (1994); Béjar, D „ (1986); Malamud, C., (1996); Devoto, F. y Ferrari, M„ (1994), Pastoriza, E. y Melon Pirro, J., (1996)-; mientras que desde una perspectiva sociológica también abundaron trabajos de similares características, -Ansaldi, W „ (1993 y 1995); Pucciarelli, A. (1993 y 1995). En otros casos se retomó el estimulante desafío del ensayo histórico. (Halperin Donghi, T. 1994a y 1994b; Romero, L.A., 1993).
Como resultado de! proceso de renovación de la Historia política, los enfoques institucionales fueron reemplazados por otras lecturas mucho más inclusivas. En tal sentido, los estudios sobre los orígenes el sistema político moderno, a mediados del siglo XIX, detectaron la existencia de diversas formas de participación que permitieron vincular a la sociedad civil y el poder político de manera permanente. La comprobación de la importancia de esos canales en el proceso de mediación política en la segunda mitad del Siglo XIX se tradujo en el estudio, como actores políticos, de nuevos sujetos históricos, como las asociaciones (González Bernaldo, P., 1993) y la prensa (Lettieri, A., 1999 y 2000; Sabato, H„ 1997, Cibotti, E „ 1995; entre otros). Estos análisis permitieron, asimismo, elaborar nuevas interpretaciones sobre la construcción de la ciudadanía (Sabato, H., 1997; Gutiérrez, L., Romero, L.A., 1995) y las características del consenso y la legitimidad republicana en nuestro país (Botana, N., 1977 y 1991; Lettieri, A., 1994, 1997a y 1997b)
Llamativamente, los estudios históricos sobre el espacio público en el Siglo XX, no han abundado. Sí, en cambio, desde la sociología o la arquitectura como el realizado por Ballent, A.
En cambio, es posible advertir un creciente interés en el estudio de uno de sus canales más característicos, la prensa, en su carácter de sujeto histórico-político, con reconocida injerencia en la formación de la opinión pública (Spinelli, M., 1995; Sidicaro, R., 1993; Saitta, S., 1992; Cattaruzza, A., 1991; Rapallo, M„ 1990). Tal como se desarrollara en el acápite del Estado actual del conocimiento, en los últimos años se ha abordado con mayor énfasis el período (1943-1955) denominado “peronismo clásico».
Las investigaciones de ese período, particularmente los análisis discursivos y los estudios político culturales han reconocido la voluntad del peronismo de crear una nueva legitimidad política, sobre la base de un consenso más o menos abarcativo. Asimismo, han revalorizado la importancia del discurso, y la producción de representaciones y liturgias en la producción deesa nueva legitimidad, analizando con cierta minuciosidad la «puesta en escena» de los rituales más
característicos del régimen peronista. Signiticativamente, los trabajos no intentaron abordar un estudio más general de las características espacio público durante el periodo. De este modo, aún cuando las tiestas y celebraciones (analizadas con cierta minuciosidad) ocuparon un lugar central en la producción de una nuevo consenso, ha quedado pendiente el análisis de oUos canales y mecanismos de mediación aplicados a la creación de una nueva “comunidad de destino», que parecen haber desempeñado un papel fundamental en la estrategia peronista: tal es el caso, especialmente, del cine-noticieros y materiales de propaganda-, la radio o la prensa, cuya discurso experimentó cambios sustanciales. Mucho menos se han interrogado los autores respecto de la importancia acordada a esas manifestaciones dentro del sistema de legitimación del régimen político en construcción.
Para ciertas interpretaciones, hablar de espacio público en tiempos del peronismo signified un verdadero contrasentido, en tanto las garantías para las libertades civiles fueron recortadas sustancialmente a medida que el régimen maduraba, y encontraba mayores oposiciones y cuestionam¡entos (Romero, 1993) Sin embargo, aún cuando no resulte posible desconocer la importancia de esas restricciones, el peronismo parece haber estado muy lejos de conformar un espacio de propaganda totalitaria, como en el caso de los tradicionales modelos europeos contemporáneos, (nazismo, stalinismo, etc.) Salvo algunas excepciones, los partidos políticos no estuvieron prohibidos, y si bien en ocasiones se impuso la censura y la expropiación de los medios opositores, esto no fue la regla sino la excepción. En tal sentido, los últimos años del régimen estuvieron signados por una disputa sin cuartel entre un gobierno debilitado, que extremaba sus recursos para consolidar su control sobre los medios de difusión, y una oposición activa que había conseguido desarrollar canales alternativos, de singular eficacia, como en el caso de los panfletos, cuyas tiradas masivas y su gran circulación habrían sido impensable! en un espacio de propaganda totalitaria.
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