Tiempos de incertidumbre. Una oportunidad para transformar las escuelas. Chile

Tal como señala Edgar Morin en su libro de los siete saberes necesarios para la educación del futuro (1999, p.43) “el futuro se llama incertidumbre”. Siempre lo es, sin embargo, hoy más que nunca esa es la sensación que tienen la mayoría de las naciones a raíz de la Pandemia por la cual aún estamos atravesando.

Esto incide en todos los ámbitos, y sin duda en el educativo. Momento en el cual se está poniendo a prueba la toma de decisiones no sólo por parte del gobierno, sino que de todos a quienes lideran las organizaciones educativas, y que deben enfrentar la incertidumbre de no tener las respuestas a las divergentes solicitudes que se plantean desde los diferentes estamentos y sociedades. Sin embargo, y volviendo a citar al destacado Edgar Morin (1999, p.44) “no hay evolución que no sea desorganizadora/reorganizadora en su proceso de transformación o de metamorfosis”, por lo tanto aquello que se espera ahora, es que tras este período de crisis se genere un cambio en la forma en que se ha llevado a cabo la educación, y sea el momento de tomar decisiones relevantes, en dónde se cuestione, por ejemplo, aquellos países que tienen gran cantidad de alumnos por sala de clase que imposibilitan la distancia social que requiere el sistema en estos momentos, el replantearse el uso de los espacios ¿es necesario que el aprendizaje se de entre cuatro paredes y todos los alumnos mirando hacia el profesor?, las extensas jornadas ¿son parte del aprendizaje, o bien hemos accedido a brindar los espacios escolares para que los padres puedan trabajar por largas horas?. También hemos de replantear aquello que se enseña en la escuela ¿cómo abordar con los niños los cambios sociales y del medio ambiente? ¿Qué postura como institución se tendrá, seguiremos viendo contenido preestablecido o haremos un alto para hablar de ciudadanía, derechos y deberes? ¿observaremos las nuevas necesidades para modificar las mallas curriculares? ¿son los estudiantes de hoy los mismos de hace unos años? ¿por qué continuamos enseñando lo mismo y del mismo modo? Es sin duda entonces, un tiempo provechoso para cuestionar, y enfrentar el desafío de liderar no
sólo una institución, sino que las decisiones que repercuten en el desarrollo y bienestar de seres humanos.

Una realidad es como las escuelas han hecho frente desde la dirección de los distintos establecimientos frente a la contingencia sanitaria y social, debiendo no sólo velar por la continuidad del aprendizaje, sino que enfocarse a cada persona que forma parte de la organización, quienes han presentado distintas dificultades, desde el no contar con los
implementos necesarios para una educación a distancia, hasta lidiar con enfermedades poco conocidas como el “burn out”.

También es pertinente desde el punto de vista de cómo se configura o visualiza un Proyecto Educativo Institucional, pues este debiera considerar la posibilidad de modificarse en el tiempo, según las circunstancias que se están viviendo. Es decir, la mirada desde la incertidumbre nos permite comprender la Teoría del Cambio (Retolaza, 2010), cómo las instituciones educativas se miran a sí mismas y se autoevalúan correspondiendo a las necesidades que emergen del contexto ¿De qué nos sirve proyectar soluciones que no sean adaptativas? ¿Para qué plantear protocolos
que no den espacio a la apertura? ¿Para qué insistir en estrategias obsoletas si los estudiantes no son los mismos de hace años atrás? ¿Se está educando para los tiempos complejos o estamos pretendiendo pronosticar aquello que no conocemos? ¿Estamos dispuestos como equipo directivo a modificar nuestros objetivos, plazos, estrategias? ¿Qué cambiará en el Proyecto Educativo Institucional luego de la crisis?.

El Proyecto educativo debe considerar un estudiante en proceso de transformación, en un mundo en proceso de transformación, con una educación en
transformación.

En conclusión, no sólo debemos enseñar a los estudiantes a tomar decisiones estratégicas para que evalúen los posibles efectos de su actuar y para que tengan la rapidez para reaccionar a lo acontecido, sino que como Institución Educativa y Equipo directivo debemos ser los primeros en atender a estos cambios e incertidumbres.

Referencias Bibliográficas:
Morin, E. (2000). Los siete saberes necesarios para la educación del futuro. UNESCO.
Retolaza, I. (2010). Teoría de cambio. Un enfoque de pensamiento-acción para navegar en la complejidad de los procesos de cambio social. PNUD e Instituto Humanista de Cooperación al Desarrollo (HIVOS).

Acerca de Carla Vargas 4 Articles
Carla Vargas, Educadora de párvulos de la Pontificia Universidad Católica de Chile (PUC), con 12 años de experiencia en aula en Chile y en el extranjero. Magíster en Educación con mención en idioma inglés por la Universidad Central y actual estudiante de Magíster en Dirección y liderazgo educativo PUC. Certificada en Disciplina positiva y Masaje infantil. Fundadora de la agrupación Educadoras en red, que promueve la colaboración y las comunidades de aprendizaje entre profesionales del área infantil.

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