Las tizas de la ira. España

En la novela de John Steinbeck The Grapes of Wrath (1939), traducida al español habitualmente como Las uvas de la ira, se narra el éxodo de una familia que sucumbe ante los agujeros de la Gran Depresión norteamericana, en busca de un aliento vital que los proteja de las injusticias sociales y económicas que aquejaban su región por aquellas épocas.

La obra habla de un modelo que parece quebrar la esperanza pero que acaba con un aliento de llamada al colectivismo, en una especie de final abierto que invita a reflexionar ante la fractura de los equilibrios que siempre arroja como víctimas a los desposeídos, a los privados de la tierra prometida.

En ese viaje de búsqueda de la identidad y de una autoridad moral que por momentos parece diluirse en medio de una crisis del humanismo también se encuentran las comunidades educativas, que han observado atónitas desde muchos puntos de la geografía española resultados electorales como los recientes de la Comunidad de Madrid. Docentes, familias, muchos sectores universitarios y escuelas de lugares diversos del territorio nacional han asistido al triunfo de un modelo antagónico de libertad. Un paradigma sin ningún tipo de moldes que oprime a los colectivos más débiles para consolidar determinadas posiciones en la sociedad de clases y cerrar filas en torno a privilegios que nunca debieron existir.La familia Joad de Las uvas de la ira tiene ahora, en la educación -en todos sus niveles y parcelas-, muchos nombres y apellidos; no son invisibles, por mucho que algunos se empeñen en que sí lo sean. Todos sobrevivirán a los varapalos de esta era incierta, arremolinados mientras les quede una gota de sangre en torno a una forma de dignidad emancipadora. Asisten atónitos, mientras, a la decadencia permanente de la razón, a la renuncia del gran relato posmoderno frente al zapeo centelleante de lo fugaz, de lo efímero, en pleno triunfo de la manipulación mediática como ramificación de la mercadotecnia más voraz que somos capaces de imaginar y que fagocita los ideales de nuestro tiempo.

De la ira contenida de una narrativa alumbradora, con sus consecuencias en las libertades y derechos fundamentales defendidos a través de la educación, hablaba el filósofo Jean-François Lyotard en su ensayo La condición postmoderna. En el marco de lo que él llamó “los juegos del lenguaje”, en uno de sus capítulos, encontramos una forma de entendimiento sobre cómo la lesiva idea de libertad ha dado el triunfo a un molde de discurso verbal que abandona al pensamiento meditado hasta trasladarlo a la esfera de la ausencia eterna. Y es así como, a través de un artilugio meticulosamente armado a través del sensacionalismo, un jugada lingüística con un análisis pragmático que dará mucho que hablar ha sido pasto para derrumbar el necesario relato de emancipación, del que este pensador francés habla también a lo largo de su obra.

Y ello nos conduce a lo que también llamó Lyotard el principio de performatividad, que, en sus palabras, “tiene por consecuencia global la subordinación de las instituciones de enseñanza superior a los poderes.” En ese campo, la universidad, en su viaje permanente por la sabiduría y la investigación para la mejora social, pierde sentido, y se encamina en medio de la desazón, como la familia desorientada de la novela de Steinbeck, hacia la falta de un horizonte claro, en el desgarro de una fragilidad en la que, a pesar de todo, se sostiene.
Y en este tiempo fragmentado, roto por la fugacidad, las tizas de la ira contenida escriben a retazos la historia de una educación que lucha, a pesar de todo, contra la colonización de la ignorancia; una educación vulnerada por el discurso de la segregación, de la marginación y del enmudecimiento forzado de las voces oprimidas. Esas voces van a seguir luchando, en su silencio quebrado, por una nueva época de plenitud de derechos y de justicia social que no parece llegar nunca pero que será siempre el territorio para seguir manteniéndonos en el camino, el único posible, por el que peregrina la esperanza para nuestros descendientes.
Porque, como dice uno de los personajes de Las uvas de la ira en un momento de la novela, “no se necesita valor para hacer una cosa cuando es lo único que puedes hacer.”

Acerca de Albano de Alonso 2 Articles
Licenciado en Filología Hispánica y en Periodismo por la Universidad de La Laguna. Máster Universitario Euro-Latinoamericano en Educación Intercultural por la UNED. Ejerzo como profesor de Lengua Castellana y Literatura desde 2006 y dirijo en la actualidad el IES San Benito (Canarias, España). En 2018 emprendí junto a mis estudiantes de Secundaria el proyecto interdisciplinar e intercultural El Español como Puente, reconocido con la Cruz al Mérito Civil un año después.

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