La Evaluación en la Educación Superior

El tema de la Evaluación, es uno de los que más preocupan a quienes nos dedicamos a la docencia, estemos en el cargo en que estemos. En mi caso particular, ha trascendido las fronteras de la institución escolar, para transformarse en mi objeto de estudio.
Ahora bien, antes que nada, y para evitar cualquier confusión, quiero partir de algunas ideas fuerza que me han marcado, fijando mi posición frente a la evaluación (producto de mis lecturas, de mis recorridos, de mi hacer).
Según el Documento elaborado por Dirección General de Cultura y Educación-Subsecretaría de Educación en 2020: “Pensar en la evaluación no puede deslindarse de la necesidad de pensar en la planificación y en la enseñanza…(…)
Evaluar no es calificar, sino que son dos momentos de un proceso amplio, complejo y diverso que requiere del saber pedagógico”.
Este documento propone diferenciar:
Acreditación: La acreditación (parcial o final) de aprendizajes es el reconocimiento de un nivel de logro deseable alcanzado por los y las estudiantes, en una instancia curricular y en un tiempo determinado Promoción: Es el acto mediante el cual se toman decisiones vinculadas con el pasaje de los alumnos de un a etapa de escolaridad a otra, a partir de los criterios definidos institucionalmente. La promoción está vinculada con la acreditación de los
distintos espacios curriculares y con la asistencia. Refiere a las condiciones de acreditación y evaluación de las unidades curriculares; el régimen de calificación, el de equivalencias y correlatividades.
Calificación: Es una instancia vinculada al proceso de evaluación, la cual se realiza en virtud de un juicio valorativo a partir del cual se pretende establecer el nivel de correspondencia entre los resultados esperados y los obtenidos sobre el aspecto que se esté evaluando.
El documento pone énfasis en la necesidad de comprender que si bien la calificación expresa los niveles de logro con respecto a la resolución de las
propuestas de trabajo que reciben los estudiantes de parte de sus docentes, los juicios que se realicen deben ser más integrales y completos.
Y aquí se abre un debate sobre la evaluación cualitativa, tema que se puso en el tapete con la decisión que se había tomado en Río Negro, referido a complementar la nota numérica con informes que les acerquen un registro de sus trayectorias educativas.
Si bien es un tema controvertido, y que requiere un análisis profundo, y no sólo institucionalmente, quiero expresar que adhiero a pensar en una evaluación más integral de nuestros estudiantes, no contenidista, y que permita evaluar
competencias, (si queremos egresados competentes). Paradigma actual sobre el que descansa la Educación Superior (considerando todas sus modalidades) según la Ley 24521.
Graciela Cappeletti, en sus ponencias y en libros de su autoría, desarrolla sobre el problema de la calificación y la acreditación. Expresa que la primera, es la expresión de una valoración del desempeño de un alumno.
Debemos hablar de prácticas situadas para poder realizar evaluaciones situadas. Y aquí cobra fuerza la evaluación formativa. Implementar este tipo de evaluación en el aula, requiere de ciertas condiciones que promuevan una cultura del aprendizaje colaborativo, de la reflexión, de la autonomía, del respeto por el otro, de la seguridad
y la confianza, del protagonismo. Este tipo de evaluación requiere transformar el paradigma tradicional, e involucra
cambios, desde la forma en que organiza el aula hasta las oportunidades que se generan; provee al docente de información para ajustar la enseñanza, transformándose en un proceso de aprendizaje continuo y reflexivo de su propia práctica.
En este caso, la evaluación no sólo le sirve al docente, por lo que a partir de ella, puede revisar sus prácticas. No puedo entender como he escuchado a profesores que se presentan ante sus estudiantes manifestando, por ejemplo: “Conmigo tienen que estudiar, el año pasado, de un grupo de 25 alumnos, sólo aprobaron 5 mi materia.” Expresiones como ésta me han atravesado como docente y como madre, inclusive.
Recientemente un profesor de la UBA, dio a conocer, que los 27 estudiantes de su catedra, habían desaprobado la instancia de examen parcial, luego del retorno a la presencialidad.
Como señala Camilloni (1998), (…) “el proceso de evaluar atraviesa los procesos de enseñanza y de aprendizaje de manera tal, que si se analizara y modificara en profundidad la idea de evaluar se modificarían sustancialmente los procesos de intervención de los docentes. Desde esta línea, se desprende que la evaluación del alumno implica a la vez la propia evaluación de la práctica docente, como una instancia necesaria para encontrar aquellos elementos que han favorecido u obstaculizado la construcción de los conocimientos, teniendo presente que este análisis es el posibilitará mejorarlas prácticas y consecuentemente brindar mayores oportunidades para que el aprendizaje tenga lugar.” Es un proceso y como tal, no es producto de un momento. Sin embargo es necesario que, como docente, y más de Nivel Superior, se conozca y se profundice sobre los tipos de Evaluación, las estrategias e instrumentos, así como las “devoluciones” que se hace al alumno como una instancia más en el proceso de aprendizaje, y por tanto, la información ofrecida por el docente en ese momento ha de posibilitar que el alumno pueda reelaborarla a fin de que logre construir esos conocimientos que no había logrado anteriormente. Aquí agrego “devoluciones
constructivas” a las que hace referencia la Dra. Marta Tenutto en varios de sus materiales y que me sirven como marco teórico permanente.

Como docentes debemos, al momento de pensar en la evaluación:
1. Formular consignas claras y concisas.
2. Favorecer la colaboración formativa
3. Considerar evaluaciones con formatos diferentes al examen: portfolio, bitácora de aprendizajes, rutinas de pensamiento, trabajos integradores.
4. Priorizar la profundidad y no la cantidad de contenidos
5. Dar retroalimentación con frecuencia, realizando un seguimiento personalizado.
6. Evaluar “procesos” de aprendizaje y no el resultado final en una instancia puntual
7. Compartir y anticipar los objetivos de evaluación. El estudiante debe conocer de antemano, cómo será evaluado, explicitando criterios.
8. Implementar instancias de reflexión en donde los alumnos puedan dar cuenta de los propios procesos de aprendizaje.
9. Nunca utilizar al evaluar actividades diferentes a las trabajadas. En este caso, se repiten las situaciones problemáticas o requiere un procedimiento similar a
los trabajados en la clase.
La evaluación debe permitir transparentar, compartir y /o crear criterios; promover el desarrollo de habilidades metacognitivas, promover prácticas de autoevaluación y de retroalimentación entre pares, diversificar los instrumentos y promover evaluaciones auténticas.
Al reflexionar sobre un cambio de paradigma en la concepción de evaluación, es necesario resaltar que no es posible pensarlo de manera individual, un cambio de paradigma requiere pensar a la Educación como política pública y, de la mano, considerarla una herramienta de movilidad social. En ese marco, no podemos seguir pensando que evaluar a nuestros estudiantes es ponerle una nota al final de una unidad, de una materia o de un ciclo lectivo. La idea cuantificadora de la evaluación.
Si queremos egresados del Nivel Superior capaces de insertarse en el mercado laboral, debemos pensar en una concepción de evaluación que sea una instancia de enseñanza y de aprendizaje para el desarrollo de las competencias y las habilidades que requiere el Siglo XXI. Debemos pensarla como una oportunidad. No podemos seguir evaluando sólo contenidos, y perder de vista el carácter integral e integrador de la evaluación.

Acerca de Marcela Abete 1 Article
Necochea, provincia de Buenos Aires, Argentina. Licenciada en Educacion. Diplomada en Políticas Públicas con enfoque de Derecho. Actualmente cursando la Maestria en Gestión y Gobierno de la Educación. Diplomada Superior en Enseñanza en Entornos Virtuales Académica IIBEC Paulo Freire de México. Asesora educativa. Capacitadora Ex Inspectora  de Enseñanza en la Dirección de Educación de Adultos y Formacion Profesional de la Provincia de Buenos Aires Maestra Normal Superior. Profesora Especializada en Educación de Jóvenes y Adultos con Postitulo de actualización académica para docentes de Educación de Jóvenes, Adultos y Adultos Mayores. Bibliotecaria Escolar. Archivista. Coordinadora Académica y profesora en Nivel Superior

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