El pedagogo emancipado

En uno de sus libros titulado Saber y educación, el profesor de Filosofía Jorge Larrosa propone un giro copernicano para comprender la Alegoría de la Caverna, célebre mito de Platón, desde otra perspectiva. Recordemos que el relato original trata sobre prisioneros encerrados en la oscuridad de una caverna, sujetos de pies y manos, delante de una pared en donde se proyectan imágenes como consecuencia de un fuego que ilumina por detrás de ellos y permite vislumbrar el accionar de titiriteros jugando con las sombras. Ese mundo de las apariencias se rompe cuando uno de los cautivos logra zafarse de las cadenas y girar su mirada. Allí descubre el engaño y entonces tiene el camino allanado para salir, escapar y salvarse.

Larrosa decide instalar un dilema. ¿Qué debe hacer ese sujeto audaz que por sí mismo encuentra la vía para dejar la oscuridad: salvarse solo o liberar al resto? Si decide lo primero, su accionar será egoísta. Si opta por lo segundo, de algún modo también, porque esos compañeros de ostracismo cambiarán una dominación por otra: dejarán de ser esclavos del engaño para someterse a quien les proponga la salida.

En cualquiera de los casos, quien lograra liberarse de una dominación también se enfrenta a sus demonios. Se pone en juego el accionar ético, la dimensión política y el contexto histórico. Estos aportes de Larrosa permitirían ingresar al pensamiento del pedagogo brasileño Paulo Freire (1921-1997), quien en obras como La educación como práctica de la libertad (1965) o Pedagogía del oprimido (1970), enseña que una genuina instancia para salvar a los sectores vulnerables de la sociedad consistiría en generar las condiciones para que cada cual aprenda a lograrlo de manera autónoma; en otras palabras: ni zafarse solo valiéndose del oportunismo, ni ser ese héroe salvador que sin él dejaría huérfano a los desesperados.

De todas las denominaciones con que se ha nombrado a Paulo Freire, ninguna es más precisa y significativa que la de pedagogo. Decirle educador sería reducir su rol; caracterizarlo como filósofo tal vez sea circunscribir a la teoría su mirada abarcadora, que también llevó a la acción; adjudicarle la tarea de escritor no haría justicia a toda una obra cumbre al servicio de un sistema que trasciende a las palabras; y evocarlo como abogado es desconocer que no basta con el específico saber de las leyes para cultivar la vocación. En cambio, pedagogo implica todo lo anterior y más también: es teoría y praxis, eje de transformación y dimensión política, aspecto revolucionario que quiebra con la normas quietas del status quo.

A 100 años de su nacimiento, Freire es el recordatorio de que en la escuela como institución, heredera del imperialismo europeo y en expansión del siglo XIX, debe ser puesta en duda para dar lugar a experiencias más autóctonas, situadas, que tengan que ver con el entorno de quienes conciben a la educación como una instancia de integración, igualdad y desarrollo.

Su prolífica obra, nutrida en mensajes, vivencias y metodologías, nace de los postergados países de América Latina, que aprendieron a hablar según la imposición de una lengua que no era la propia.

Entre sus hitos, se destacan su siempre cercana presencia a los sectores populares, consagrada con esos 45 días en que logró alfabetizar a adultos que trabajaban en pueblos rurales.

Ser perseguido político, especialmente de las dictaduras, le hizo ver el exilio como una oportunidad. Durante los años 70 vivió en Chile, fue reconocido en Estados Unidos de Norteamérica y estuvo radicado en Ginebra, Suiza. Por ese tiempo, también, se dedicó a visitar pueblos de África para acompañar las luchas independentistas del continente.

Su labor, reconocida internacionalmente, es la referencia ineludible de las personas que se forman en pedagogías para ser docentes o desempeños afines en instituciones formales y no formales.

Si se cuestiona la educación tradicional, “bancaria”, capaz de depositar el conocimiento en los destinatarios como si estos no supieran nada del mundo, se debe a su influencia.

Con Freire se comprende mucho más que, por ejemplo, nadie es un envase a llenar sino un fósforo a encender.

Acerca de Adrián López Hernaiz 18 Articles
Docente y divulgador de Filosofía egresado en la UNLP. Estudiante de Posgrado en Ciencias Sociales por la misma institución; su tema a investigar se vincula con La Noche de los Lápices. Con Ediciones Masmédula (editorial independiente de La Plata) publicó dos libros: En 2014 escribió una obra de relatos llamada LAS PALABRAS QUE NOS TRAJO EL VIENTO (organizada en tomos: “Primavera”, “Verano”, “Otoño”, “Invierno”). Para 2016 presentó ALGO QUE SEPAMOS TODOS (textos de filosofía en dos volúmenes: “De la caverna al sol”, con contenido más humanístico; “De la lupa al telescopio”, orientado a las ciencias). Esta producción ha sido difundida en ámbitos académicos de México y Uruguay; circula por escuelas, institutos de formación docente y una materia de didáctica de una universidad nacional del país. Actualmente, el autor trabaja en un libro basado en entrevistas a gente del arte, la ciencia, la cultura; así como también a activistas de derechos humanos y demás referentes que contribuyen a un mundo mejor. Su exposición está prevista para fines de 2020. Se desempeña como docente en escuelas primarias y secundarias; también en nivel universitario. Participa de Jornadas y Congresos a nivel nacional e internacional. Es columnista del programa radial “El Buscador”, que se emite por La Redonda (FM 100.3) de la ciudad de La Plata. También, colabora con textos para la revista digital educativa “El Arcón de Clio” y el portal de noticias “Miravox.info”.
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